Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Julio Cortázar
Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y entonces no hay en la vida nada mejor que escribir..
- Gabriel García Márquez
domingo, 22 de diciembre de 2013
viernes, 20 de diciembre de 2013
lunes, 16 de diciembre de 2013
Irreparable, nada es irreparable
Irreparable, nada es irreparable - Vicente Huidobro
La muerte que no admite que la sigan, la inauguración de la tormenta, la primera sonrisa del viento, todo lo que angustia como la eternidad, todo lo que se rompe en el infinito, la frase huyamos juntos colgando del abismo y rompiendo los puentes tras de sí.
Eso es todo, esto es todo.
Y luego una mirada partida en dos y un hombre entre la vida y la muerte, porque nadie comprende, deja caer el tiempo por sus largos cabellos, sus cabellos tejidos de melancolía y de recuerdos.
Sus ojos hermosos amargos como el espacio dicen: Nada me importa, nada deseo, todo lo he visto, todo lo he vivido.
Horror.
Viejos astros de las admiraciones, plantas de los encantos que salían de su boca y perfumaban los destinos, espirales de vértigo de sus besos pesados de naufragios...y gritar de repente desde la última cumbre: ADIÓS.
Y entonces alejarse envuelto en una capa de huracanes. Huir del pensamiento, dejar atrás la agitación limitada de los hombres y esconderse en la guarida de los pájaros del silencio, allí donde sólo reinan los mil reflejos de la soledad.
Huir de sí mismo y de las trampas que nos tienden nuestras propias alas, saltar al vacío del más avanzado promontorio de las quimeras.
Huir. Desenredarse de sus arterias y huir de sí mismo, huir de sus huesos.
En el postrer aliento queda una palabra por nacer enterrada ya en sus ilusiones, dejando apenas una estela de suspiros, y en la última lágrima hay un ángel que se ahoga sin ni siquiera pedir socorro.
No he sido avaro de mi vida, ni fui avaro de mis naves de lumbres. No he regateado las descargas de mi corazón, ni la electricidad de mis pupilas.
Comprendido habría sido muy otro. Pero no pudo ser, acaso no debió ser.
Mi avión aterrizó siempre sobre los arrecifes donde aguardaban las manos temblorosas tendidas a la angustia y puedo decir, magnífico de orgullo, que muchas veces bajé cargado de ilusiones de Pascua y vacié mis sacos de luz en las faldas de los niños encanecidos de desaliento.
Ahora soy un fantasma de invierno parado en la puerta de los siglos y puedo volverme y gritar antes de pasar el umbral: Ninguno de vosotros ha tenido una vida más bella, ni un cielo más hinchado de estrellas, ni tantas auroras de entusiasmo vertidas por los dioses. Ningún labio conoció más palabras divinas de fiebre, ningún oído escuchó tales temblores de delirio.
Ahora soy un fantasma de nieve, un sembrador de escarcha. Pero volveré trayendo en la frente el sudor de las nubes. Prosternaos vosotros los que no habéis pisado jamás el horizonte.
Ahora soy el fantasma que huye vestido de grandeza y de dolor.
¿Pero mañana?
El mañana es mío. Será mío otra vez como el destino inapelable de la luz, como el terciopelo de los besos que miden la eternidad.
Y un día habrá un pañuelo entre dos estrellas y será el adiós definitivo.
Entonces dirán: Llevaba en sus ojos la piedra filosofal, y muchos viajeros reconocerán otra vez las huellas pesadas bajo el fardo de los tesoros astrales.
Y volverá a dar vueltas el anillo del caos...cumple, cumple tus destinos y los impulsos de las leyes de atracción. Sigue la voluntad celeste y deja alejarse las mariposas y los barcos como los canastos de luz hacia los faros del desastre.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Vicente Huidobro
EL HOMBRE TRISTE
"Un poco de muerte
tiembla en los rincones"
NOCHE
Sobre la nieve se oye resbalar la noche
La canción caía de los árboles
Y tras la niebla daban voces
De una mirada encendí mi cigarro
Cada vez que abro los labios
Inundo de nubes el vacío
En el puerto
Las mástiles están llenos de nidos
Y el viento
gime entre las alas de los pájaros
LAS OLAS MECEN EL NAVÍO MUERTO
Yo en la orilla silbando
Miro la estrella que humea entre mis dedos
NIÑO
"Un niño sin alas { Y el balandro resbala
Mira en la ventana Y bajo la sombra de los mástiles
Los peces temen trizar el agua
Se el olvidó el nombre de la madre"
Casa
"En el jardín ignorado
alguien pasea
Y un ángel equivocado
Se ha dormido sobre el humo de la chimenea
Para seguir el camino
Hay que recomenzar
QUIÉN ESCONDIÓ LAS LLAVES
Había tantas cosas que no pude encontrar"
HIJO
"Una canción
asciende sobre el humo
Y tú
Hijo
hermoso como un dios desnudo
Los arroyos que van lejos
Todo lo han visto los arroyos huérfanos
Un día tendrás recuerdos"
HORIZONTE
"Eras tan hermosa
que aprendí a cantar"
"Un poco de muerte
tiembla en los rincones"
NOCHE
Sobre la nieve se oye resbalar la noche
La canción caía de los árboles
Y tras la niebla daban voces
De una mirada encendí mi cigarro
Cada vez que abro los labios
Inundo de nubes el vacío
En el puerto
Las mástiles están llenos de nidos
Y el viento
gime entre las alas de los pájaros
LAS OLAS MECEN EL NAVÍO MUERTO
Yo en la orilla silbando
Miro la estrella que humea entre mis dedos
NIÑO
"Un niño sin alas { Y el balandro resbala
Mira en la ventana Y bajo la sombra de los mástiles
Los peces temen trizar el agua
Se el olvidó el nombre de la madre"
Casa
"En el jardín ignorado
alguien pasea
Y un ángel equivocado
Se ha dormido sobre el humo de la chimenea
Para seguir el camino
Hay que recomenzar
QUIÉN ESCONDIÓ LAS LLAVES
Había tantas cosas que no pude encontrar"
HIJO
"Una canción
asciende sobre el humo
Y tú
Hijo
hermoso como un dios desnudo
Los arroyos que van lejos
Todo lo han visto los arroyos huérfanos
Un día tendrás recuerdos"
HORIZONTE
"Eras tan hermosa
que aprendí a cantar"
lunes, 25 de noviembre de 2013
Alfonsina y el mar
"Ya no quiero sentir más por ti" garabateó él en el cuaderno medio desarmado que le dejó la que volaba, y con el lápiz grafito que se había encontrado entre Caleta apolillado y Carrizalillo dejó que las palabras se escaparan por sus manos como el río de sangre que recorría por sus venas. Se puso entonces de pie para intentar seguir caminando, caminando y caminando.
Estaba solo, ya no le quedaba más que caminar. Solo, despampanantemente solo entre la tierra y el mar que se asomaba a la lejanía. Entre kilómetros de esos caminos que conocía de memoria. Solo entre las burradas. Nadie más que él, con su morral rebozante de hojas de coca secas para pasar el hambre y el tiempo, entre la mirada tranquila de los burros salvajes que andan en los caminos desiertos del norte. Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche.
Y con ese cuaderno desarmado lleno de poemas de Huidobro que esa que volaba le dejó antes de irse.
Porque no siempre estuvo solo. Antes estuvo ella, lo estuvo ese par de semanas con gustito a gloria en que estuvo el circo en que ella vivía en Punta de Choros, donde, por fortuna o la mayor de sus desgracias, él estaba de paso. Ahí no estuvo solo, pues la tuvo, libre y fugaz, entre el aire desbordado de ese julio inusualmente frío en ese pueblo. La tuvo a su lado entre las rocas y la soledad de la playa que en vez de arena tiene una alfombra de conchitas de todas las formas, obligándolo a encontrarle la mejor caracola marina para que ella se lo prendiera en un collar. La tuvo frente a él en la pista cada noche en que el circo hacía sus funciones y él lograba colarse por obra y gracia de ella, la que volaba, volaba cada noche sobre la tela colgada a varios metros del piso, haciendo vueltas y piruetas que a él lo dejaban sin aliento. Esa era ella, la que volaba. La que tenía unos largos cabellos dorados y labios finos.
Y más que eso, tenía sus emociones, hasta la fibra más sensible de su corazón, hecha de poesía.
Y eso, lo dejó a él, que nunca había sido educado para enamorarse, sino que para recorrer los caminos que separan los pueblos más apartados del borde costero de esas tierras con cartas y paquetes, totalmente anonadado.
Alfonsina volvió su mundo de cabeza.
Por las tardes la iba a buscar a su casa rodante y la invitaba a caminar por la playa. A ella le fascinaba el olor a hojas de coca que a él le salía por los labios, y por eso es que decidió besarlo la primera vez. Le gustaba también que él le hablara con tanta admiración, como un niño pequeño al que su profesor predilecto le pregunta algo de lo que si sabe bien. Por eso Alfonsina le enredaba a sus palabras sus versos favoritos cada vez que hablaban, aunque él no se diera cuenta. Y un día decidió mostrarle su cuaderno lleno de la poesía que viajaba con ella a donde fuese su circo. Pero él en realidad poco y nada sabía de poesía.
El sol le arrebataba cualquier intento de descansar. A él el sol lo hacía funcionar, porque así creció toda su vida. Entre el sol y los caminos que ahora recorría solo con el cuaderno de poesía debajo de un brazo. Se echó un puñado de hojas de coca para seguir masticando, hasta que se le durmió la lengua y sintió el sabor amargo de la coca bajando por su garganta. A Alfonsina la llevaba tatuada en el anverso de su frente, con su risa explosiva y la tristeza que a veces se apoderaba de sus ojos pardos. Pateó una copiapoa seca. El mar, como si no fuera monstruoso, reflejaba el azul del cielo.
A Alfonsina le gustaba que él la mimara, que cada vez que hubiese una función, él llegase al termino de ésta a su casa rodante con un ramo de cualquier flor silvestre, para dársela como a las actrices en sus camarines luego de las grandes funciones de teatro londinenses que una vez vio en una película. Se sentía cómoda cuando lo veía aparecer con su estilo desgarbado, pero siempre limpio, humildemente por la puerta, y ella lo invitaba a pasar y lo miraba a sus ojos casi negros. A veces le acariciaba la cara, se sentía atraída por su piel morena, a veces lo invitaba a su cama y se besaban hasta el amanecer, y él pasaba la nariz por el cuello de ella, siempre tibio y oloroso a flores. Luego llegaba el amanecer, y Alfonsina sacaba su cuaderno y leía poemas en voz alta, hasta que él se dormía, y luego se acurrucaba en sus brazos. Así fueron sus semanas de estadía en Punta de Choros.
A él nunca nadie le había enseñado de mujeres, solía verlas con indiferencia, hasta que ella revolucionó hasta el más sólido de sus anhelos solitarios. Él recorría caminos con cargas de cosas, dejaba que el sol le curtiera la piel y que el viento le refrescara las sienes. Había tenido un amigo, si, en Carrizal bajo donde creció, un amigo de la escuela, que una vez terminado Octavo básico dejó de ver tan seguido porque empezó a ayudarle con las labores pesqueras a su padre. Y a él le tocó recorrer caminos. No era como Alfonsina, no, que estudió todo lo que debía estudiar y se hizo parte de ese circo que recorría el norte. Ella buscaba, cada vez más, buscaba.
Eso mismo le dijo la madrugada que se apareció en camisa de dormir en la puerta de la pensión en donde él se estaba quedando. Le dijo que iría a buscar poemas nuevos, y le dejó entonces la que volaba su cuaderno de poesías encargado, porque ella, le prometió, iba a volver. Se besaron y luego ella se perdió entre la niebla que envolvía las casas dormidas.
Se hizo a una orilla del camino y dejó caer su cuerpo al piso, al lado tenía un cactus, pensó en estrellar su cara contra él. Abrió el cuaderno en la primera página que apareciese, y el título le contó que el poema era una obra póstuma de Vicente Huidobro, el poema repetía a la muerte, una y otra vez, una y otra vez.
Al mediodía de aquella madrugada de sabores ambiguos el pueblo perdió la cordura por la primera vez que se ahogaba una persona en las aguas de su playa. Aunque la verdad es que hasta el final, nunca nadie pudo entender si esa joven de cabello largo se había ahogado o simplemente dormía sobre el manto azul. Tanto así, que cuando el hombre más fuerte del pueblo la sacó y la envolvió en una toalla, la llevaron a una cama y la dejaron un rato por si despertaba. Ahí fue cuando él llego, alertado por los rumores que corrían de un lado a otro, y solo él entendió.
Lo entendió porque le pasó la nariz por el cuello y ya no estaba tibio ni tenía olor a flores. Lo entendió porque sus labios estaban entreabiertos, como si su vida se hubiese escapado junto a versos nuevos, lo entendió porque esa que reposaba, húmeda e inmaculada sobre la cama, ya no era Alfonsina.
Escupió la pasta verde que llevaba en la boca y se echó otro puñado más. Sacó el lápiz que se había atravesado en su vida. Alfonsina no aterrizaría su vuelo mientras él la pudiese escribir.
"Alfonsina ya no está" Escribió al final del poema que por coincidencia le había salido.
Estaba solo, ya no le quedaba más que caminar. Solo, despampanantemente solo entre la tierra y el mar que se asomaba a la lejanía. Entre kilómetros de esos caminos que conocía de memoria. Solo entre las burradas. Nadie más que él, con su morral rebozante de hojas de coca secas para pasar el hambre y el tiempo, entre la mirada tranquila de los burros salvajes que andan en los caminos desiertos del norte. Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche.
Y con ese cuaderno desarmado lleno de poemas de Huidobro que esa que volaba le dejó antes de irse.
Porque no siempre estuvo solo. Antes estuvo ella, lo estuvo ese par de semanas con gustito a gloria en que estuvo el circo en que ella vivía en Punta de Choros, donde, por fortuna o la mayor de sus desgracias, él estaba de paso. Ahí no estuvo solo, pues la tuvo, libre y fugaz, entre el aire desbordado de ese julio inusualmente frío en ese pueblo. La tuvo a su lado entre las rocas y la soledad de la playa que en vez de arena tiene una alfombra de conchitas de todas las formas, obligándolo a encontrarle la mejor caracola marina para que ella se lo prendiera en un collar. La tuvo frente a él en la pista cada noche en que el circo hacía sus funciones y él lograba colarse por obra y gracia de ella, la que volaba, volaba cada noche sobre la tela colgada a varios metros del piso, haciendo vueltas y piruetas que a él lo dejaban sin aliento. Esa era ella, la que volaba. La que tenía unos largos cabellos dorados y labios finos.
Y más que eso, tenía sus emociones, hasta la fibra más sensible de su corazón, hecha de poesía.
Y eso, lo dejó a él, que nunca había sido educado para enamorarse, sino que para recorrer los caminos que separan los pueblos más apartados del borde costero de esas tierras con cartas y paquetes, totalmente anonadado.
Alfonsina volvió su mundo de cabeza.
Por las tardes la iba a buscar a su casa rodante y la invitaba a caminar por la playa. A ella le fascinaba el olor a hojas de coca que a él le salía por los labios, y por eso es que decidió besarlo la primera vez. Le gustaba también que él le hablara con tanta admiración, como un niño pequeño al que su profesor predilecto le pregunta algo de lo que si sabe bien. Por eso Alfonsina le enredaba a sus palabras sus versos favoritos cada vez que hablaban, aunque él no se diera cuenta. Y un día decidió mostrarle su cuaderno lleno de la poesía que viajaba con ella a donde fuese su circo. Pero él en realidad poco y nada sabía de poesía.
El sol le arrebataba cualquier intento de descansar. A él el sol lo hacía funcionar, porque así creció toda su vida. Entre el sol y los caminos que ahora recorría solo con el cuaderno de poesía debajo de un brazo. Se echó un puñado de hojas de coca para seguir masticando, hasta que se le durmió la lengua y sintió el sabor amargo de la coca bajando por su garganta. A Alfonsina la llevaba tatuada en el anverso de su frente, con su risa explosiva y la tristeza que a veces se apoderaba de sus ojos pardos. Pateó una copiapoa seca. El mar, como si no fuera monstruoso, reflejaba el azul del cielo.
A Alfonsina le gustaba que él la mimara, que cada vez que hubiese una función, él llegase al termino de ésta a su casa rodante con un ramo de cualquier flor silvestre, para dársela como a las actrices en sus camarines luego de las grandes funciones de teatro londinenses que una vez vio en una película. Se sentía cómoda cuando lo veía aparecer con su estilo desgarbado, pero siempre limpio, humildemente por la puerta, y ella lo invitaba a pasar y lo miraba a sus ojos casi negros. A veces le acariciaba la cara, se sentía atraída por su piel morena, a veces lo invitaba a su cama y se besaban hasta el amanecer, y él pasaba la nariz por el cuello de ella, siempre tibio y oloroso a flores. Luego llegaba el amanecer, y Alfonsina sacaba su cuaderno y leía poemas en voz alta, hasta que él se dormía, y luego se acurrucaba en sus brazos. Así fueron sus semanas de estadía en Punta de Choros.
A él nunca nadie le había enseñado de mujeres, solía verlas con indiferencia, hasta que ella revolucionó hasta el más sólido de sus anhelos solitarios. Él recorría caminos con cargas de cosas, dejaba que el sol le curtiera la piel y que el viento le refrescara las sienes. Había tenido un amigo, si, en Carrizal bajo donde creció, un amigo de la escuela, que una vez terminado Octavo básico dejó de ver tan seguido porque empezó a ayudarle con las labores pesqueras a su padre. Y a él le tocó recorrer caminos. No era como Alfonsina, no, que estudió todo lo que debía estudiar y se hizo parte de ese circo que recorría el norte. Ella buscaba, cada vez más, buscaba.
Eso mismo le dijo la madrugada que se apareció en camisa de dormir en la puerta de la pensión en donde él se estaba quedando. Le dijo que iría a buscar poemas nuevos, y le dejó entonces la que volaba su cuaderno de poesías encargado, porque ella, le prometió, iba a volver. Se besaron y luego ella se perdió entre la niebla que envolvía las casas dormidas.
Se hizo a una orilla del camino y dejó caer su cuerpo al piso, al lado tenía un cactus, pensó en estrellar su cara contra él. Abrió el cuaderno en la primera página que apareciese, y el título le contó que el poema era una obra póstuma de Vicente Huidobro, el poema repetía a la muerte, una y otra vez, una y otra vez.
Al mediodía de aquella madrugada de sabores ambiguos el pueblo perdió la cordura por la primera vez que se ahogaba una persona en las aguas de su playa. Aunque la verdad es que hasta el final, nunca nadie pudo entender si esa joven de cabello largo se había ahogado o simplemente dormía sobre el manto azul. Tanto así, que cuando el hombre más fuerte del pueblo la sacó y la envolvió en una toalla, la llevaron a una cama y la dejaron un rato por si despertaba. Ahí fue cuando él llego, alertado por los rumores que corrían de un lado a otro, y solo él entendió.
Lo entendió porque le pasó la nariz por el cuello y ya no estaba tibio ni tenía olor a flores. Lo entendió porque sus labios estaban entreabiertos, como si su vida se hubiese escapado junto a versos nuevos, lo entendió porque esa que reposaba, húmeda e inmaculada sobre la cama, ya no era Alfonsina.
Escupió la pasta verde que llevaba en la boca y se echó otro puñado más. Sacó el lápiz que se había atravesado en su vida. Alfonsina no aterrizaría su vuelo mientras él la pudiese escribir.
"Alfonsina ya no está" Escribió al final del poema que por coincidencia le había salido.
domingo, 17 de noviembre de 2013
El escriba otra vez
(Saúl Ibargoyen)
Yo soy otra vez sí el escriba de pie
Con un corazón que empieza a herrumbrarse
Por decisión de los dioses inalcanzables.
Escribo así y aquí para simplemente tozudamente
Respirar en la memoria de algunos otros
Pues en este pincel o cálamo o lápiz están
Las crónicas las tachaduras los gestos los silencios
Las soledades los trazos las dudas los cánticos
De todos los escribas de pie que ya han sido
De todos los que son de los que quizá
Resuelvan su intención de nacer.
Escribo sólo palabras porque ya no importan
Ni éstas ni ningunas palabras pues hubo hay habrá
Otros escribas de fáciles grafías
De versos que riman con el verbo poder
Con el verbo usura
Con el verbo complacencia
Con el verbo complicidad
Con el verbo sí señor
Con el verbo engaño
Con el verbo estatua
Con el verbo comodidad
Con el verbo cobardía
Con el verbo mediático
Con el verbo mercado
Con el verbo corrupción.
Mi pluma viva o estilete o péndola o cincel
Aún siente el temblor de los misiles que calcinaron
Las entrañas de Kosovo y de Bagdad.
Y la tableta de barro o la hoja de seda o el fino papiro
O el suave pergamino o la fúlgida pantalla o el vulgar
papel
Quieren expulsar la costrosa sangre de los doscientos mil
Prisioneros que ordenó decapitar Qin Shi
Y los miles y miles degollados por Pedro el Grande
Por el gran Alejandro y por Ricardo Corazón de León:
Quieren borrar el sudor de las naciones
que extinguió la ira de Yaveh
Y la orina de las niñas disueltas por el napalm
Y la saliva de los desaparecidos en las playas del Sur
Y el aliento de los poetas enterrados vivos
En los desiertos de Alá
Y el hedor de los veinte millones de kilos
De tripas que Ruanda trituró
Y el rumor de las nunca enfriadas cenizas de Hiroshima
Y el flujo de la indita vulnerada en la milpa
Y el excremento de los veinte mil esclavos que Roma
Encajó en su cruz
Y que no eran hijos de Dios:
Quieren quitar la piel de los negros incendiándose
En los altares del Ku Kux Klan
Y el ardor de los pechos que el cuchillo de pura
obsidiana partió
Y los pulmones endurecidos por el veneno de Treblinka
Y las venas cocinadas por un perfecto tóxico artificial.
Estas meras palabras de un escriba sencillamente no
podrán
Dar su voz y su hálito a la tantísima humanidad
sacrificada
Quemada gaseada desmenuzada ahorcada castrada violada
vejada
Vaciada quebrantada expoliada fusilada guillotinada
burlada
Asesinada arrasada olvidada
En Granada en Tlatelolco en Madrid en Cincinati en
Canudos
En Guernika en Palmares en Santiago de Chile en Moscú
En Tenochtitlan en Guatemala en París en Buchenwald
En el Río de la Plata en Angola en Chechenia en El
Salvador
En Etiopía en Kabul en Armenia en Panamá en Atenco en
Acteal:
¿Sólo ahí? ¿solamente ahí?
Yo el escriba con mi yo me levanto
Al costo de este menguado cuerpo y digo
Que ya no quiero respirar
Adentro de las palabras
Porque en cada migaja de cada una de estas tierras
De cada una de estas aguas
Hay restos de úteros de novias humilladas
Hilachas de pellejo infantil
Fragmentos de prepucios y de lenguas
Uñas mutiladas y ojos coagulándose
Nervios atomizados que el verdugo arrancó.
Y yo el escriba otra vez con sus yoes a cuestas
Nada estoy diciendo de las banderas mordidas por la
sombra
De las cucharas con su cruda hambruna
De los platos con su sucia sed
De las tortillas corroídas y los panes enfermos
De las cruces marchitas y los templos malolientes
De las monedas virtuales y los cheques
Y las tarjetas de plástico
Multiplicándose y pudriéndose.
Porque nada quiero decir:
Siempre es difícil hablar como cantando
domingo, 3 de noviembre de 2013
Historias de cronopios y de famas
"Tengo que disimular, y so pretexto de que estoy redactando un informe, llenar algunas hojitas de papel rosa o verde con las palabras que me gustan, con sus juegos y sus brincos y sus rabiosas querellas."
"Y todo se irá al diablo y será un jueves de un mes impar de un año bisiesto"
"Y todo se irá al diablo y será un jueves de un mes impar de un año bisiesto"
viernes, 18 de octubre de 2013
Hago perfumes
Botellas transparentes de vidrio, alineadas en cuadrícula y con tapones de distintos tamaños para que no escapara la magia de adentro.¿Adentro? líquidos como pociones desconocidas, la mayoría transparentes, algunos amarillos como té descolorido, otros verde claro.
El día estaba nublado y con un vientito suave de esos que traen ganas de sentir. Le pregunté a aquel alquimista de todas las fragancias si tenía un olor dulce, entonces abrió una botellita y sentí como llegó a mi el olor, atractivo y desconocido, de un perfume caro.
Aunque a mi me saldría 5 mil.
Sacó una tira de papel que mojó en la poción y me la pasó por el dorso de la mano, olí y sentí la fragancia subir por mi nariz. Luego me mostró otra y otra, y los olores se mezclaron en mi nariz sin permitirme poder distinguirlos claramente. Yo disfrutaba los olores con ojos cerrados y pensaba cuál sería el perfume que podría escoger por primera vez en mi vida.
Si no me equivoco nunca había reparado en esa tiendita de sucedáneos de perfumes, pero descubrirla fue una sensación única e irrepetible, o tal vez sí, cuando se me acabe el Midnight Fantasy de 5 mil y decida ir esta vez por un Carolina Herrera o un 212.
Catalina
(Sintiendo)
domingo, 13 de octubre de 2013
Anoche se cumplió un año
No es que contase los días, es que de pronto reparé en ello.
Si tuviera, R., que contarte sobre lo que ha sido de mi vida hasta hoy en que se cumple un año desde que te escribiste en mi piel como una brasa caliente, y que se cumplen como 7 meses desde que te aparté de mi vida así de intransigente como suelo ser cuando pierdo la cabeza y necesito encontrarla, te diría que ha sido un sube y baja por momentos, y por momentos una llanura sin relieve alguno, de actividades que me eché encima con tal de no pensar tanto tanto en ti. Aunque aún no ha nacido el día en que no piense en ti desde que te conocí hace unos años ¡Qué tontera esta memoria! ¿Podrías creerlo? me imagino lo normal que debe seguir el curso de tu vida, a excepción de los problemas que supe que ha tenido tu familia desde hace como un mes, pero bueno, esto no se trata de escribirte, se trata de escribir... me.
Los primeros meses sin ti fue como una rehabilitación de una droga de esas que te toman la cabeza y no la sueltan y no la sueltan. Caí en una pena de amor poética y melancólica, le escribí mucho a mi soledad de ti ¿Sabes? y de pronto vientitos de lágrimas me acariciaban las mejillas y te amaba y te odiaba cada vez más. Decidí por esos entonces de marzo sacarte de adentro a fuerza de cargarme responsabilidades y tareas innecesarias - considerando la presión de tener que dar la PSU, para lo que queda ¿Cuánto? ¿Menos de dos meses? - y postulé una lista con mis amigos para ser del Centro de alumnos de mi colegio... Si, esa victoria lleva tu nombre tatuado en el anverso de mi frente. Entré a debate, aunque esta vez no me fue tan bien como el año pasado y terminé por salirme, en parte quizás, porque así en ese estado no fui muy capaz de tolerar las frustraciones. Y tenía el preuniversitario, que me hizo (y sigue haciendo) perderme horas escuchando batallas del pasado y datos sobre la aritmética tan desconocida para mi. Así se me ha ido el año, con un fantasma de tu nombre pegado a la espalda y entre los viajes en metro y la F12. De pronto me encontraba pensando en ti y extrañándote como los mil diablos, y de pronto me encontraba queriendo volver a echar vuelo. Pero de algo estuve siempre convencida, y es que no te volvería a buscar ni permitiría que tu lo hicieras. Así me obligué a quitarme la pena de amor.
Me sirvió mucho la compañía de mis más cercanos amigos, aunque ellos ni sabían las batallas que se libraban en mi interior, y la compañía de una compañera de vida que mi padre se encontró en el camino. Así fue como fui encontrándole de a poquito el gusto a volver a salir, a volver a vivir.
Tengo para contarte, y quizás sea la mayor tragedia que ha pasado por mis 18 años de historia, que 2 meses atrás más o menos, a mi Jacinta le encontraron una enfermedad ingrata en el corazón, y que la muerte de a poco me la fue quitando. Y a pesar de que hice, créeme, todo y absolutamente todo lo que estuvo a mi alcance para perdurar su compañía sin que sufriera, me la quitó esa putaza que es la muerte hace seis días. El 7 de octubre. Y con ella se me fue una parte grande de mi historia a las profundidades de la tierra. Tuve que ser yo quién decidió que le inyectaran la sobredosis de anestesia y me dejó mal de la cabeza toda la situación. Tengo para contarte, R., que ahora si que me quedé sola y eso me hizo recordarte tan de pronto. Sé dentro de todo, y quizás tu me dirías lo mismo si llegases a leer esto alguna vez, que así ya no sufre, sé que se fue a buscar nuevos cielos desde los que enviarme brisas de poesía y que realmente su intención nunca fue dejar mi corazón hecho trocitos irreconciliables. Es que a veces el cuerpo es tan contrario al alma, y por ese motivo es que el lado debajo de mi brazo, que era desde donde la Jacinta me iba a acompañar a irme a vivir al sur y a vivir el resto de nuestras vidas juntas, quedo vacío y ya imposible de volver a llenarse. Es que así es el amor, es irreemplazable.
Me temo que el resto, R., no ha tenido un auge muy significativo. Nadie me ha vuelto a gustar después de ti, nadie me ha vuelto a enamorar, aunque créeme lo he intentado, dejaste una huella imborrable en la historia de mis historias de amor sin amor. Por otra parte, te podría contar quizás que fuiste mi primero, pero no el último ni mucho menos el único... Creo que eso te lo debo agradecer, pues gracias a esa noche tibia de luna llena me hiciste conocer una faceta de nosotros los humanos que no siempre se descubre con la persona correcta. Podría contarte locuras, como que me tiré a tu primo hace unas semanas, y descubrí en su cuerpo más taurino y maduro un placer que no pensé podría experimentar, que días después conocí a un chiquillo que algo me llama la atención y que hemos estado en conversaciones, que no me considera mona, pero que tampoco sé que tan buenas expectativas podría generarme - me quedé, debo confesarte, con harto miedo de volver a sufrir después de ti - y que anoche fui a escuchar poesía a un bar cerca del Parque Bustamante, y conocí a una poetisa colombiana bellísima, como pájaro, que me quedó dando vueltas en la cabeza.
Ese ha sido quizás, un buen resumen de lo que ha sido mi vida sin ti. No sé si digno, no sé si entretenido, pero es como me las he arreglado desde que te hice partir y no opusiste resistencia. Te dejaría un beso como despedida, pero lo último que quisiera es volver a enamorarme de ti ahora que recién encuentro la luz al final del camino. Así que no te dejo un beso de despedida, ni tampoco un abrazo que eso es de amigos y creo que la amistad que teníamos los dos quedó relegada al lecho marino hace 7 meses más menos.
No sé que te dejo en realidad, lo mejor que te puedo dejar son estas palabras.
C.
viernes, 11 de octubre de 2013
Jacinta
Yo tenía una compañera de esas como personas entrañables.
Respondía al nombre de Jacinta. Con ella salía a caminar tardes enteras por las
calles cerca de mi casa y nos conversábamos la vida tranquilamente año tras año
de su vida y la mía, a veces la invitaba a dormir a mi pieza y eran sus ojitos
tiernos lo primero que veía por la mañana. Entonces me sentía muy feliz, sentía
que tenía a alguien y me di cuenta de cómo ella fue capaz de domesticarme.
La Jacinta partió en busca de nuevos cielos desde los que
mandarme poesía en gotitas de lágrimas desde las nubes, eso hace unos días, y a
mí no me cabe duda de que los animales si sienten y aman y confían y presienten
la proximidad de la muerte cuando llega en forma de catrina inmaculada.
Ahora – de las pocas veces que salgo al patio desde que
perdí los motivos para hacerlo – siento una puñalada en el pecho cuando veo que
ya no está en su casita y que el platito de comida ya no está lleno, pues
simplemente ya no está. No está ya tampoco mi Jacinta con su alegría ni sus
ganas de salir a pasear, ni sus ojos luminosos ni su colita que nunca dejaba de
moverse en cuanto me divisaba a la distancia. Ahora, aquí recluida como me
quedé en la tierra hostil como se volvió sin ella, espero que el universo en su
conjunto sea mucho más acogedor de lo que fue la enfermedad ingrata que la
aquejó los últimos meses. Y espero con mi alma, que me recuerde donde sea que
ande moviendo la colita, porque yo a mi perrita no la puedo olvidar. Y la amo
más allá (mucho más allá) de la muerte.
Catalina
(Me obligo a resignarme)
martes, 8 de octubre de 2013
Poema 15 (En la voz de Víctor Jara)
Me gustas cuando callas porque estás como ausente
y me oyes desde lejos y mi voz no te toca,
parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Me gustas cuando callas y estas como distante
y estas como quejándote, mariposa en arrullo,
y me oyes desde lejos y mi voz no te alcanza
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo,
te pareces a la noche callada y constelada
tu silencio, otra estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
distante y dolorosa como si hubieras muerto,
una palabra entonces una sonrisa bastan
y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
y me oyes desde lejos y mi voz no te toca,
parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Me gustas cuando callas y estas como distante
y estas como quejándote, mariposa en arrullo,
y me oyes desde lejos y mi voz no te alcanza
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo,
te pareces a la noche callada y constelada
tu silencio, otra estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
distante y dolorosa como si hubieras muerto,
una palabra entonces una sonrisa bastan
y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Pablo Neruda
lunes, 7 de octubre de 2013
Jacinta (Lunes 7 de octubre de 2013)
Te escurres entre un charco de brujos eclipsados
Se reducirá sin ti mi corazón a trocitos irreconciliables
Será un sinsentido discutirle la vida a la muerte irrevocable
Partirás una mañana en la que todas mis esperanzas callen.
Yo iba a gritarle a la vida su debilidad
Y a la muerte, que llega inaugurando de miseria caminos
Que conmigo no iba a cumplirse cualquier inexorable destino
Que mi alma y tus ojos nacieron libres pajarillos.
Llegará el día innecesario que nunca debía
Llegará entre soles y finales sobrantes
Se llevará entonces lo que más yo amo en este mundo, Jacinta
Se llevará tu alegría, autoritaria, en breves instantes.
Llegó la muerte como catrina inmaculada, Jacinta
A sentar en mi pecho un dolor sin precedentes
Hizo de mi calma una ilusión de antes
Y de mis ojos una triste agonía sangrante.
Vino en forma de sobredosis de amargura
A helar tu cuerpo, y junto a él la espesura
De nuestras tardes de conversaciones y caminos,
De juegos, de ruido.
Puedo decir que de ti aprendí más que en años de adiestramiento
Aprendí del cariño sin interés, de la alegría por la existencia
Y gradezco la lealtad y la compañía
Tu amor, tu confianza y la sincera alegría.
Mi niña, cuando se apagaron tus ojos te deseé buenas noches
Que tuvieses un buen viaje, te acurrucara la luna
Te peinaran las estrellas y te entibiara el cuerpo el sol
Yo me quedé aquí porque aún no aprendo a volar.
Me gustaría saber que el universo y su conjunto
Es mejor y más amable que esa enfermedad ingrata
Yo te amo más allá de la muerte
Y sabiendo que por ti hice
cuanto estuvo al alcance de mi accionar.
Pero es un sinsentido discutirle tu vida, Jacinta, a la muerte
irrevocable.
Catalina
(hecha bolsa)
martes, 1 de octubre de 2013
Entrevista a Marcos Camacho
O Globo: ¿Usted es del PRIMER COMANDO DE LA
CAPITAL (PCC)?
Marcola: Más que
eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca
me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la
miseria. El diagnóstico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas
villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía… ¿Qué
hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para
nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las
montañas o en la música romántica sobre “la belleza de esas montañas al amanecer”,
esas cosas…
Ahora estamos ricos
con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo.
Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social.
O Globo: Pero la
solución sería…
Marcola: ¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de “solución” ya es un error.
¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una “tiranía esclarecida” que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. Y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal de país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta “conference calls” entre presidiarios…)
Y todo eso costaría
billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la
estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución.
O Globo: ¿Usted no
tiene miedo de morir?
Marcola: Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva “especie”, ya somos otros bichos, diferentes a ustedes.
La muerte para ustedes es
un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para
nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común.
¿Ustedes intelectuales no
hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces ¡llegamos
nosotros! ¡Ja, ja, ja…! Yo leo mucho; leí 3.000 libros y leo a Dante, pero mis
soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país.
No hay más proletarios, o
infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada
en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las
cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya
surgió un nuevo lenguaje. Es eso. Es otra lengua.
Está delante de una
especie de post miseria.
La post miseria genera
una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares,
Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes.
O Globo: ¿Qué cambió
en las periferias?
Marcola: Mangos. Nosotros ahora tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio… Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, ¿entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y “colocado en el microondas”.
Ustedes son el estado
quebrado, dominado por incompetentes.
Nosotros tenemos métodos
ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en
terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte.
Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre
38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la
manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron
en “super stars” del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros
somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor.
Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y
productos vienen de afuera, somos “globales”. Nosotros no nos olvidamos de
ustedes, son nuestros “clientes”. Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de
la violencia que provocamos
O Globo: ¿Pero, qué
debemos hacer?
Marcola: Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí. ¡Agarren a “los barones del polvo” (cocaína)! Hay diputados, senadores, empresarios, hay ex presidentes en el medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata?
No tienen dinero ni para
comida de los reclutas Estoy leyendo “Sobre la guerra”, de Klausewitz. No hay
perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los
rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque. Si embroman, van a salir unos
Stinger. Para acabar con nosotros… solamente con una bomba atómica en las
villas miseria. ¿Ya pensó? ¿Ipanema radiactiva?
O Globo: Pero… ¿No
habrá una solución?
Marcola: Ustedes
sólo pueden llegar a algún suceso si desisten de defender la “normalidad”. No
hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia
incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el
centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen
salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame,
hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la
extensión del problema.
Como escribió el divino
Dante:
“Pierdan todas las
esperanzas. Estamos todos en el infierno”.
De O Globo
jueves, 19 de septiembre de 2013
Poema póstumo
La muerte que alguien espera
La muerte que alguien aleja
La muerte que va por el camino
La muerte que viene taciturna
La muerte que enciende las bujías
La muerte que se sienta en la montaña
La muerte que abre la ventana
La muerte que apaga los faroles
La muerte que aprieta la garganta
La muerte que cierra los riñones
La muerte que rompe la cabeza
La muerte que muerde las entrañas
La muerte que no sabe si debe cantar
La muerte que alguien entreabre
La muerte alguien hace sonreír
La muerte que alguien hace llorar
La muerte que no puede vivir sin nosotros
La muerte que viene al galope del caballo
La muerte que llueve en grandes estampidos
Vicente Huidobro
La muerte que alguien aleja
La muerte que va por el camino
La muerte que viene taciturna
La muerte que enciende las bujías
La muerte que se sienta en la montaña
La muerte que abre la ventana
La muerte que apaga los faroles
La muerte que aprieta la garganta
La muerte que cierra los riñones
La muerte que rompe la cabeza
La muerte que muerde las entrañas
La muerte que no sabe si debe cantar
La muerte que alguien entreabre
La muerte alguien hace sonreír
La muerte que alguien hace llorar
La muerte que no puede vivir sin nosotros
La muerte que viene al galope del caballo
La muerte que llueve en grandes estampidos
Vicente Huidobro
Éramos los elegidos del sol
Éramos los elegidos del sol
Y no nos dimos cuenta
Fuimos los elegidos de la más alta estrella
Y no supimos responder a su regalo
Angustia de impotencia
El agua nos amaba
La tierra nos amaba
Las selvas eran nuestras
El éxtasis era nuestro espacio propio
Tu mirada era el universo frente a frente
Tu belleza era el sonido del amanecer
La primavera amada por los árboles
Ahora somos una tristeza contagiosa
Una muerte antes de tiempo
El alma que no sabe en qué sitio se encuentra
El invierno en los huesos sin un relámpago
Y todo esto porque tú no supiste lo que es la eternidad
Ni comprendiste el alma de mi alma en su barco de tinieblas
En su trono de águila herida de infinito
Vicente Huidobro
Y no nos dimos cuenta
Fuimos los elegidos de la más alta estrella
Y no supimos responder a su regalo
Angustia de impotencia
El agua nos amaba
La tierra nos amaba
Las selvas eran nuestras
El éxtasis era nuestro espacio propio
Tu mirada era el universo frente a frente
Tu belleza era el sonido del amanecer
La primavera amada por los árboles
Ahora somos una tristeza contagiosa
Una muerte antes de tiempo
El alma que no sabe en qué sitio se encuentra
El invierno en los huesos sin un relámpago
Y todo esto porque tú no supiste lo que es la eternidad
Ni comprendiste el alma de mi alma en su barco de tinieblas
En su trono de águila herida de infinito
Vicente Huidobro
2º
- Mmm cosita rica, me tenis caliente de hace cualquier tiempo..
Los cuerpos ardiendo, tu espalda ancha y tus brazos fuertes que van modelando mi ritmo. Yo te sigo. Te sigo porque tengo una cantidad impresionante de pisco jugando en mis venas y solo pienso en que te deseo, en que te siento. Te siento, te siento. Grande y duro, grueso.
¿Lazos políticos de familia? ¡Y una mierda! nuestros padres duermen juntos en la habitación de al lado y tu me haces gemir y me tapas la boca para que no nos escuchen, me dices, casi me pides que me calle y yo apenas puedo.
La verdad es que no sé en que momento la despedida de las buenas noches terminó conmigo encima tuyo besándote con locura, contigo que no querías que yo siguiera ni que parara y me decías que cómo, si nosotros somos hermanos...
-¿Hermanos? ¡No lo somos! - te respondí entre suspiros y besos en el cuello
Entonces llegó un momento en que te soltaste, comenzaste a recorrerme con tus sentidos - Diez años por sobre los míos - y entre susurros me preguntaste si era mi primera vez. 'No' te dije, recordando por una milésima cosas que no quería, y metí las manos por tu polera, susurrándote cochinadas entre besos, como si fuera una tipa totalmente distinta. Bien cerda y osada, caliente.
No sé, yo recuerdo que estabas aprisionado entre mis piernas y que te besaba, y recuerdo tus brazos rodeándome, y me habría quedado todo el tiempo restante de aquella noche, de este mes, de esta vida, de esa forma.
No tengo recuerdos exactos del momento en que volví a mi pieza, ni de cuando me quedé dormida. Pero por la mañana en cuanto me viste y te fui a dar los buenos días de un beso sonoro en la mejilla tu comenzaste a reír solo.
- ¿Recuerdas lo que pasó anoche?
Fue lo primero que te dije en cuanto volvimos a estar tu y yo. Me dijiste que si, pero que no ibas a hacer comentarios. Reíste. Te dije que tampoco los haría.
Luego me montaste en tu moto y me fuiste a dejar donde te pedí que lo hicieras.
Narcisa
(Narcisa, Narcisa, Narcisa...)
Narcisa
(Narcisa, Narcisa, Narcisa...)
lunes, 16 de septiembre de 2013
Ausencia de dios
Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo sobreviviéndote.
Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.
Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.
Ahora qué miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que dios se muere, se resbala,
saber que dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.
Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.
Mario Benedetti
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo sobreviviéndote.
Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.
Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.
Ahora qué miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que dios se muere, se resbala,
saber que dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.
Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.
Mario Benedetti
lunes, 9 de septiembre de 2013
Poema XVIII
Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.
Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.
O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.
Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mas hacia donde no llegan.
Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.
Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.
Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.
Pablo Neruda
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.
Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.
O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.
Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mas hacia donde no llegan.
Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.
Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.
Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.
Pablo Neruda
domingo, 16 de junio de 2013
Recuerdo de infancia
Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:
Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.
Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.
Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.
Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.
Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.
Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.
Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».
La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».
Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».
Y ella dice: «No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».
Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».
La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.
Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».
Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.
La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.
------------------------------------o----------------------------------
No tengo ganas de explicar nada
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:
Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.
Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.
Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.
Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.
Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.
Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.
Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».
La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».
Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».
Y ella dice: «No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».
Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».
La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.
Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».
Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.
La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.
------------------------------------o----------------------------------
No tengo ganas de explicar nada
domingo, 9 de junio de 2013
Sin más que decir
Por lo pronto tengo que reconocer que me traje desde allá lejos un fantasma que llevo pegado a mi sombra, que este blog lo dejé botado porque la vida se me ha ido rápido estos meses entre mis obligaciones y mi soledad, los cigarros y la música de mi mp3, que hace poco vacié de todos los recuerdos que me dejaste hace tanto tiempo. Es como un avance, quizás, me obligo a olvidarte.
Me obligo a levantarme por la mañana y a arreglarme, aunque ya no me dan ni ganas, ni de combinar la ropa, ni de pintarme rojos los labios, ni de que los aros le hagan juego a lo que sea.
No sé ya como llamarle a este estado, de a poco me voy convenciendo de que la gente no vale la pena, no vale nada, y aún así la quiero y no puedo dejar de confiar en ella. Así como te confié mi alma y salí con ella partida en tantos trocitos que aún no puedo rearmarla. No sé, yo no quiero sonar a una melancólica de mierda, por eso deje de subirle las 5 entradas mensuales a este blog que el año pasado me había impuesto como un dogma central de mi estadía en internet, pero es que en realidad tampoco quiero que las entradas reflejen mi decadencia humana. Soy una decadente.
Me quedan 9 días para cumplir 18. A ese hecho le había puesto una gran carga de expectativas, y ahora me encuentro con ninguna sensación al respecto.
No quiero que el tiempo pase ni que deje de pasar.
No quiero seguir respirando ni dejar de respirar.
No seguir recordándote, pero tampoco te quiero olvidar.
Y por lo pronto... por lo pronto tengo que reconocer que soy una estúpida y voy a morir.
Adiós.
miércoles, 3 de abril de 2013
R: (Carta a la soledad)
Estas noches son las más jodidas de todas, supongo que lo imaginas, las del desvelo, las de la soledad, las cuando esta todo oscuro y lo único que retumba por toda la casa son los segundos que pasan uno a uno en cada reloj.
Uno en la cocina.
Uno en el living comedor.
Uno (naranjo de números blancos) en mi pieza.
Y suena el repiqueteo melancólico de las teclas mientras garabateo estas palabras cargadas de tristeza.
Supongo que entiendes a lo que voy, a los segundos, al tiempo. A la vida que se va minuto a minuto. Ha pasado un buen tiempo desde que cortamos todos los afluentes por los que se deslizaban nuestras conversaciones (casi siempre nocturnas). El teléfono, el internet, lo que sea. Dejamos de hablar y esa es la idea central que resume estas líneas. Que dejamos de hablar hace 3 semanas y algo mi bien estimado, y aún no nace el día en que no te recuerde. Y que en estas noches en particular (puto desvelo) a mi puta cabeza le encanta traer de vuelta imágenes nocturnas enaltecidas de luz de luna de ti jugando a quitarme la ropa, jugando a tocarme, jugando a quererme. Imágenes de los dos jugando a llenarnos un poco el uno con el otro.
A veces siento que el pecho se me aprieta y dejo de respirar. Entonces me alegro un poco de sentirme más viva con el dolor, y siento el anhelo más ferviente de morir de una vez, de algo rápido, de algo violento.
Ponme una pistola en la cabeza y pinta la pared con mi cerebro.
Noches así me da por recordar tus besos por todas partes, tus manos que siempre te dije que me fascinaban por tus dedos largos, me da por recordar estas noches las marcas que dejaste en mi cuello. El animal rígido entre tus piernas y la decisión de cada uno de tus movimientos, tu piel blanca y tibia. Y claro, estas noches de desvelo que solía gastarme hablando contigo, me da por recordarnos a nosotros dos jugando a hacer el amor con todo el tiempo del mundo.
La verdad es que yo ahora dejo que la vida se me vaya entre estudiar y fumarme el tiempo que me queda sola, para no pensar tanto, para escapar un rato de tus ojos pardo verdosos y de tu risa explosiva. Si estuvieras cerca me retarías, ya lo sé, porque no crees sano fumar tres cigarros seguidos, ni siquiera dos, menos si son Marlboro, pero a mi ya me da igual si no lo crees sano, porque no estas cerca y vives en otra ciudad, y sobre todo porque dejaste que me fuera.
Yo ya sé mi bien apreciado que nunca más volveré a empaparme de tu cuerpo ebúrneo, yo lo sé, porque yo no volveré a viajar más para verte, nunca más. Pero solo quiero que sepas que sigues y seguirás siendo tú y solo tú, el único capaz de retumbar en mi cabeza cuando me abandono a pensar en lo que más deseo. Te quiero y te extraño. Tu lo sabes, lo sabes bien.
Tuya...
C.
Uno en la cocina.
Uno en el living comedor.
Uno (naranjo de números blancos) en mi pieza.
Y suena el repiqueteo melancólico de las teclas mientras garabateo estas palabras cargadas de tristeza.
Supongo que entiendes a lo que voy, a los segundos, al tiempo. A la vida que se va minuto a minuto. Ha pasado un buen tiempo desde que cortamos todos los afluentes por los que se deslizaban nuestras conversaciones (casi siempre nocturnas). El teléfono, el internet, lo que sea. Dejamos de hablar y esa es la idea central que resume estas líneas. Que dejamos de hablar hace 3 semanas y algo mi bien estimado, y aún no nace el día en que no te recuerde. Y que en estas noches en particular (puto desvelo) a mi puta cabeza le encanta traer de vuelta imágenes nocturnas enaltecidas de luz de luna de ti jugando a quitarme la ropa, jugando a tocarme, jugando a quererme. Imágenes de los dos jugando a llenarnos un poco el uno con el otro.
A veces siento que el pecho se me aprieta y dejo de respirar. Entonces me alegro un poco de sentirme más viva con el dolor, y siento el anhelo más ferviente de morir de una vez, de algo rápido, de algo violento.
Ponme una pistola en la cabeza y pinta la pared con mi cerebro.
Noches así me da por recordar tus besos por todas partes, tus manos que siempre te dije que me fascinaban por tus dedos largos, me da por recordar estas noches las marcas que dejaste en mi cuello. El animal rígido entre tus piernas y la decisión de cada uno de tus movimientos, tu piel blanca y tibia. Y claro, estas noches de desvelo que solía gastarme hablando contigo, me da por recordarnos a nosotros dos jugando a hacer el amor con todo el tiempo del mundo.
La verdad es que yo ahora dejo que la vida se me vaya entre estudiar y fumarme el tiempo que me queda sola, para no pensar tanto, para escapar un rato de tus ojos pardo verdosos y de tu risa explosiva. Si estuvieras cerca me retarías, ya lo sé, porque no crees sano fumar tres cigarros seguidos, ni siquiera dos, menos si son Marlboro, pero a mi ya me da igual si no lo crees sano, porque no estas cerca y vives en otra ciudad, y sobre todo porque dejaste que me fuera.
Yo ya sé mi bien apreciado que nunca más volveré a empaparme de tu cuerpo ebúrneo, yo lo sé, porque yo no volveré a viajar más para verte, nunca más. Pero solo quiero que sepas que sigues y seguirás siendo tú y solo tú, el único capaz de retumbar en mi cabeza cuando me abandono a pensar en lo que más deseo. Te quiero y te extraño. Tu lo sabes, lo sabes bien.
Tuya...
C.
sábado, 23 de marzo de 2013
Lo sé porque Tyler lo sabe.
Sé que todo esto - la pistola, la anarquía y la explosión - es por Marla Singer.
Seis minutos.
Se trata de una especie de triángulo amoroso: yo quiero a Tyler, Tyler quiere a Marla, Marla me quiere a mí.
Yo no quiero a Marla, y Tyler no me quiere aquí, ya no. Se trata de una cuestión de cariño más que de amor, de propiedad más que de posesión.
Sin Marla, Tyler no tendría nada.
Seis minutos.
Se trata de una especie de triángulo amoroso: yo quiero a Tyler, Tyler quiere a Marla, Marla me quiere a mí.
Yo no quiero a Marla, y Tyler no me quiere aquí, ya no. Se trata de una cuestión de cariño más que de amor, de propiedad más que de posesión.
Sin Marla, Tyler no tendría nada.
sábado, 16 de marzo de 2013
Puse mi corazón en tus manos, entonces tu jugaste a lanzarlo al cielo y luego a amasarlo, así fue como siempre lo tuviste tibio.
Yo creo que un día te aburrió, entonces lo apretaste entre tus dos manos hasta reventarlo y luego lo dejaste suavemente en el suelo.
Jamás tuviste intenciones de ponerlo al lado del tuyo, ahora lo entiendo. Ahora solo es una masa sangrante que poco a poco se va secando hasta quedar como un guijarro.
Te quise con mi alma, ¡Te quise con toda mi alma!..
domingo, 17 de febrero de 2013
Sentimentale - Gotan Project
Permiso,
yo soy el tango que llega por las calles del recuerdo
¿Donde nací? ni me acuerdo, en una esquina cualquiera,
una luna arrabalera y un bandoneón son testigos.
Yo soy el tango argentino
cuando guste... cuando guste y donde quiera.
sábado, 16 de febrero de 2013
Confianzas
Se sienta a la mesa y escribe
![]() |
| Ni con miles de versos harás la revolución |
"Con este poema no tomarás el poder" dice,
"Con estos versos no harás la revolución" dice,
"Ni con miles de versos harás la revolución" dice.
Y más: esos versos no han de servirle para
que peones, maestros, hacheros vivan mejor,
coman mejor o él mismo coma, viva mejor
ni para enamorar a una le servirán.
No ganará plata con ellos,
no entrará al cine gratis con ellos,
no le darán ropa por ellos,
no conseguirá tabaco o vino por ellos.
Ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos,
si por ellos fuera la lluvia lo mojará,
no alcanzará perdón o gracia por ellos.
"Con este poema no tomarás el poder" dice,
"Con estos versos no harás la revolución" dice,
"Ni con miles de versos harás la Revolución" dice.
"Ni con miles de versos harás la revolución" dice.
Y más: esos versos no han de servirle para
que peones, maestros, hacheros vivan mejor,
coman mejor o él mismo coma, viva mejor
ni para enamorar a una le servirán.
No ganará plata con ellos,
no entrará al cine gratis con ellos,
no le darán ropa por ellos,
no conseguirá tabaco o vino por ellos.
Ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos,
si por ellos fuera la lluvia lo mojará,
no alcanzará perdón o gracia por ellos.
"Con este poema no tomarás el poder" dice,
"Con estos versos no harás la revolución" dice,
"Ni con miles de versos harás la Revolución" dice.
Se sienta a la mesa y escribe.
Juan Gelman
Juan Gelman
jueves, 14 de febrero de 2013
Cita 6
"Pero no transcurrió mucho tiempo antes de que yo cayera en la cuenta de que algo extraordinario le sucedía a sus noches. Se le oía moverse en el cuarto con una atormentada y enloquecedora insistencia, igual que si en esas noches lo recibiera en el cuarto el fantasma del hombre que había sido hasta entonces, y ambos, el hombre pasado y el hombre presente, se empeñaran en una sorda batalla en la cual el pasado defendía su rabiosa soledad, su invulnerable aplomo, sus personalismos intransigentes; y el presente, su terrible e inmodificable voluntad de liberarse de su propio hombre anterior. Yo lo oía dar vueltas en el cuarto hasta la madrugada, hasta cuando su propia fatiga agotaba la fuerza de su adversario invisible"
.: La hojarasca (Gabriel García Márquez)
Thiare.. te lo dejo aquí porque este tipo me recordó muchisimo a ti, saludos.
.: La hojarasca (Gabriel García Márquez)
Thiare.. te lo dejo aquí porque este tipo me recordó muchisimo a ti, saludos.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Magnolia
Tengo una araña de rincón arriba de mi ventana.
Al principio me desagradaba, no es que les tema ni mucho menos, pero a mi no me van para nada. Cada noche intentaba matarla, pero ella se escondía tras del marco y de ahí no volvía a salir si no hasta la noche siguiente. Bueno, le dije entonces, si quieres te quedas.. pero la cama es mía.
Entonces ella no me dijo nada, pero supe que entendió porque noche tras noche la vuelvo a encontrar arriba del marco de la ventana y durante el día se esconde para descansar.
Bueno, de esto hace ya unas semanas, la araña sigue ahí como de costumbre y terminé domesticándola. Ella se llama Magnolia y es mi araña de rincón.
sábado, 26 de enero de 2013
sábado, 19 de enero de 2013
Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia..
La verdad es que poco y nada sé de ella, pero no me la puedo sacar de la cabeza. Me sé su nombre y recuerdo su imagen, recuerdo su risa cantarina y la ropa que usaba. Era hermosa, me daba por pensar que era un pájaro, una golondrina.
Venía del Cajón del Maipo, del Canelo, llevaba la cabeza rapada y un dreadlock tejido de muchos colores. Cuando todos caminábamos en grupo ella se iba más adelante cantando y moviendo los brazos de un lado al otro. Tenía voz suave, labios pequeños que llevaba siempre rojos y mejillas o muy rosadas o adornadas con colorete. Era como una muñeca. Una vez la pillé sentada sola fuera de la Estación Mapocho escuchando a Kevin Johansen, y nos fumamos un cigarro. Su nombre era Camila, y era hermosa como nadie. Tenía los ojos oscuros, ni grandes ni minúsculos, y mantenía siempre la mirada fija, yo no pude parar de mirarla desde el primer momento.. Su sonrisa de dientes pequeños me hacía pensar que era una niña borracha de un trago dulce llamado libertad.
El primer día del taller de narrativa policial contó que ella estaba ahí porque donde ella vivía había mucha violencia intrafamiliar y ella llegó buscando herramientas para ver si en algo podía ayudar dando a conocer su realidad. El taller ayer se acabó, ella no se pasó al bar Chancho Seis donde todos fuimos a finalizar la semana, se fue temprano. Tenía que devolverse al Cajón, entonces se despidió con la mano del grupo y partió con su mochila de viajera agarrada en la espalda, y de ahí no la vi más.
Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quien salvar
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
Eres el ruido del mar en verano
Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración..
Catalina.-
lunes, 14 de enero de 2013
Chumingo Piernas Largas
Me quedó mirando con sus ojitos achinados en un puestito de artesanías de Chiloé. Entonces lo invité a vivir conmigo y se vino re tranquilo adentro de una bolsa llena de cosas para regalar..Ahora se queda en mi pieza cuando yo no estoy, cuidando que todo esté en orden y me espera todas las tardes sentado en el borde de la cama. Estoy segura de que por las noches baila por todas partes, porque duermo con él y siempre lo encuentro en el suelo por la mañana. Al Chumingo le gusta bailar dando saltos, de eso estoy segura, por algo tendrá las piernas tan largas. Y como es de lana se vive cayendo y siempre está cansado, por eso los ojitos chinos.
Es re simpático, no habla mucho pero tiene rico olor, tiene olor a lana natural. Y usa un poncho que se puede sacar o poner dependiendo de los ánimos.
Catalina.-
viernes, 11 de enero de 2013
Año nuevo
Mi primer abrazo fue gracioso, con alguien que ni me esperaba y que quiero harto. Es un loco motoquero, que había viajado de Santiago a Los Ángeles para pasarlo allá con nosotros, es buena onda, y cocina de maravilla.
Luego vino la gira, la gira se acabó ayer en realidad. Fue la mejor semana de mi vida. Me sentía dueña del mundo con mis compañeros, mis suricatas. Me descubrí recordándote por primera vez en el día a las 5 o 6 de la tarde. Me descubrí libre con el viento de agua del salto del laja golpeándome en la cara, e independiente mientras me fumaba un cigarro en Bariloche. En Puerto Varas me descubrí a gusto, con amigos, me descubrí querida. Y mientras fui probando otro par de labios fui dándome cuenta que menos te he ido pensando. Puta que cambiante, hace unas semanas no paraba de pensarte. Hoy prefiero cargar con paisajes en mi mochila. En realidad me habría quedado para siempre de gira con mi curso.
No necesito tierra, yo quiero un pájaro.
Catalina.-
(Cargo con un par de paisajes en mi mochila, cargo con vitamina de clorofila, cargo con un rosario que me vigila)
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