Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y entonces no hay en la vida nada mejor que escribir..
- Gabriel García Márquez
domingo, 13 de octubre de 2013
Anoche se cumplió un año
No es que contase los días, es que de pronto reparé en ello.
Si tuviera, R., que contarte sobre lo que ha sido de mi vida hasta hoy en que se cumple un año desde que te escribiste en mi piel como una brasa caliente, y que se cumplen como 7 meses desde que te aparté de mi vida así de intransigente como suelo ser cuando pierdo la cabeza y necesito encontrarla, te diría que ha sido un sube y baja por momentos, y por momentos una llanura sin relieve alguno, de actividades que me eché encima con tal de no pensar tanto tanto en ti. Aunque aún no ha nacido el día en que no piense en ti desde que te conocí hace unos años ¡Qué tontera esta memoria! ¿Podrías creerlo? me imagino lo normal que debe seguir el curso de tu vida, a excepción de los problemas que supe que ha tenido tu familia desde hace como un mes, pero bueno, esto no se trata de escribirte, se trata de escribir... me.
Los primeros meses sin ti fue como una rehabilitación de una droga de esas que te toman la cabeza y no la sueltan y no la sueltan. Caí en una pena de amor poética y melancólica, le escribí mucho a mi soledad de ti ¿Sabes? y de pronto vientitos de lágrimas me acariciaban las mejillas y te amaba y te odiaba cada vez más. Decidí por esos entonces de marzo sacarte de adentro a fuerza de cargarme responsabilidades y tareas innecesarias - considerando la presión de tener que dar la PSU, para lo que queda ¿Cuánto? ¿Menos de dos meses? - y postulé una lista con mis amigos para ser del Centro de alumnos de mi colegio... Si, esa victoria lleva tu nombre tatuado en el anverso de mi frente. Entré a debate, aunque esta vez no me fue tan bien como el año pasado y terminé por salirme, en parte quizás, porque así en ese estado no fui muy capaz de tolerar las frustraciones. Y tenía el preuniversitario, que me hizo (y sigue haciendo) perderme horas escuchando batallas del pasado y datos sobre la aritmética tan desconocida para mi. Así se me ha ido el año, con un fantasma de tu nombre pegado a la espalda y entre los viajes en metro y la F12. De pronto me encontraba pensando en ti y extrañándote como los mil diablos, y de pronto me encontraba queriendo volver a echar vuelo. Pero de algo estuve siempre convencida, y es que no te volvería a buscar ni permitiría que tu lo hicieras. Así me obligué a quitarme la pena de amor.
Me sirvió mucho la compañía de mis más cercanos amigos, aunque ellos ni sabían las batallas que se libraban en mi interior, y la compañía de una compañera de vida que mi padre se encontró en el camino. Así fue como fui encontrándole de a poquito el gusto a volver a salir, a volver a vivir.
Tengo para contarte, y quizás sea la mayor tragedia que ha pasado por mis 18 años de historia, que 2 meses atrás más o menos, a mi Jacinta le encontraron una enfermedad ingrata en el corazón, y que la muerte de a poco me la fue quitando. Y a pesar de que hice, créeme, todo y absolutamente todo lo que estuvo a mi alcance para perdurar su compañía sin que sufriera, me la quitó esa putaza que es la muerte hace seis días. El 7 de octubre. Y con ella se me fue una parte grande de mi historia a las profundidades de la tierra. Tuve que ser yo quién decidió que le inyectaran la sobredosis de anestesia y me dejó mal de la cabeza toda la situación. Tengo para contarte, R., que ahora si que me quedé sola y eso me hizo recordarte tan de pronto. Sé dentro de todo, y quizás tu me dirías lo mismo si llegases a leer esto alguna vez, que así ya no sufre, sé que se fue a buscar nuevos cielos desde los que enviarme brisas de poesía y que realmente su intención nunca fue dejar mi corazón hecho trocitos irreconciliables. Es que a veces el cuerpo es tan contrario al alma, y por ese motivo es que el lado debajo de mi brazo, que era desde donde la Jacinta me iba a acompañar a irme a vivir al sur y a vivir el resto de nuestras vidas juntas, quedo vacío y ya imposible de volver a llenarse. Es que así es el amor, es irreemplazable.
Me temo que el resto, R., no ha tenido un auge muy significativo. Nadie me ha vuelto a gustar después de ti, nadie me ha vuelto a enamorar, aunque créeme lo he intentado, dejaste una huella imborrable en la historia de mis historias de amor sin amor. Por otra parte, te podría contar quizás que fuiste mi primero, pero no el último ni mucho menos el único... Creo que eso te lo debo agradecer, pues gracias a esa noche tibia de luna llena me hiciste conocer una faceta de nosotros los humanos que no siempre se descubre con la persona correcta. Podría contarte locuras, como que me tiré a tu primo hace unas semanas, y descubrí en su cuerpo más taurino y maduro un placer que no pensé podría experimentar, que días después conocí a un chiquillo que algo me llama la atención y que hemos estado en conversaciones, que no me considera mona, pero que tampoco sé que tan buenas expectativas podría generarme - me quedé, debo confesarte, con harto miedo de volver a sufrir después de ti - y que anoche fui a escuchar poesía a un bar cerca del Parque Bustamante, y conocí a una poetisa colombiana bellísima, como pájaro, que me quedó dando vueltas en la cabeza.
Ese ha sido quizás, un buen resumen de lo que ha sido mi vida sin ti. No sé si digno, no sé si entretenido, pero es como me las he arreglado desde que te hice partir y no opusiste resistencia. Te dejaría un beso como despedida, pero lo último que quisiera es volver a enamorarme de ti ahora que recién encuentro la luz al final del camino. Así que no te dejo un beso de despedida, ni tampoco un abrazo que eso es de amigos y creo que la amistad que teníamos los dos quedó relegada al lecho marino hace 7 meses más menos.
No sé que te dejo en realidad, lo mejor que te puedo dejar son estas palabras.
C.
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