O Globo: ¿Usted es del PRIMER COMANDO DE LA
CAPITAL (PCC)?
Marcola: Más que
eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca
me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la
miseria. El diagnóstico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas
villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía… ¿Qué
hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para
nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las
montañas o en la música romántica sobre “la belleza de esas montañas al amanecer”,
esas cosas…
Ahora estamos ricos
con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo.
Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social.
O Globo: Pero la
solución sería…
Marcola: ¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de “solución” ya es un error.
¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una “tiranía esclarecida” que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. Y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal de país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta “conference calls” entre presidiarios…)
Y todo eso costaría
billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la
estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución.
O Globo: ¿Usted no
tiene miedo de morir?
Marcola: Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva “especie”, ya somos otros bichos, diferentes a ustedes.
La muerte para ustedes es
un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para
nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común.
¿Ustedes intelectuales no
hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces ¡llegamos
nosotros! ¡Ja, ja, ja…! Yo leo mucho; leí 3.000 libros y leo a Dante, pero mis
soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país.
No hay más proletarios, o
infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada
en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las
cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya
surgió un nuevo lenguaje. Es eso. Es otra lengua.
Está delante de una
especie de post miseria.
La post miseria genera
una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares,
Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes.
O Globo: ¿Qué cambió
en las periferias?
Marcola: Mangos. Nosotros ahora tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio… Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, ¿entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y “colocado en el microondas”.
Ustedes son el estado
quebrado, dominado por incompetentes.
Nosotros tenemos métodos
ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en
terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte.
Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre
38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la
manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron
en “super stars” del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros
somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor.
Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y
productos vienen de afuera, somos “globales”. Nosotros no nos olvidamos de
ustedes, son nuestros “clientes”. Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de
la violencia que provocamos
O Globo: ¿Pero, qué
debemos hacer?
Marcola: Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí. ¡Agarren a “los barones del polvo” (cocaína)! Hay diputados, senadores, empresarios, hay ex presidentes en el medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata?
No tienen dinero ni para
comida de los reclutas Estoy leyendo “Sobre la guerra”, de Klausewitz. No hay
perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los
rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque. Si embroman, van a salir unos
Stinger. Para acabar con nosotros… solamente con una bomba atómica en las
villas miseria. ¿Ya pensó? ¿Ipanema radiactiva?
O Globo: Pero… ¿No
habrá una solución?
Marcola: Ustedes
sólo pueden llegar a algún suceso si desisten de defender la “normalidad”. No
hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia
incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el
centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen
salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame,
hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la
extensión del problema.
Como escribió el divino
Dante:
“Pierdan todas las
esperanzas. Estamos todos en el infierno”.
De O Globo
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