- Gabriel García Márquez

sábado, 19 de enero de 2013

Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia..


La verdad es que poco y nada sé de ella, pero no me la puedo sacar de la cabeza. Me sé su nombre y recuerdo su imagen, recuerdo su risa cantarina y la ropa que usaba. Era hermosa, me daba por pensar que era un pájaro, una golondrina.

Venía del Cajón del Maipo, del Canelo, llevaba la cabeza rapada y un dreadlock tejido de muchos colores. Cuando todos caminábamos en grupo ella se iba más adelante cantando y moviendo los brazos de un lado al otro. Tenía voz suave, labios pequeños que llevaba siempre rojos y mejillas o muy rosadas o adornadas con colorete. Era como una muñeca. Una vez la pillé sentada sola fuera de la Estación Mapocho escuchando a Kevin Johansen, y nos fumamos un cigarro. Su nombre era Camila, y era hermosa como nadie. Tenía los ojos oscuros, ni grandes ni minúsculos, y mantenía siempre la mirada fija, yo no pude parar de mirarla desde el primer momento.. Su sonrisa de dientes pequeños me hacía pensar que era una niña borracha de un trago dulce llamado libertad.

El primer día del taller de narrativa policial contó que ella estaba ahí porque donde ella vivía había mucha violencia intrafamiliar y ella llegó buscando herramientas para ver si en algo podía ayudar dando a conocer su realidad. El taller ayer se acabó, ella no se pasó al bar Chancho Seis donde todos fuimos a finalizar la semana, se fue temprano. Tenía que devolverse al Cajón, entonces se despidió con la mano del grupo y partió con su mochila de viajera agarrada en la espalda, y de ahí no la vi más.

Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quien salvar
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
Eres el ruido del mar en verano
Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración..

Catalina.-

2 comentarios:

  1. No me había leido este. ¿Y porqué nunca le hablaste? ¿Miedo? ¿Vergüenza? Cruzar esos charcos entrega una adrenalina fenomenal.

    Y por mi pequeño príncipe de ocho años, necesita orientación junto a su reina que a veces pierde el control. Esa soy yo.

    Te dejo nuevamente mis saludos.

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  2. Fue ayer, no estuvo tan mal.

    Vaya, cambiaste el color negro, por un azul.

    Se nos gastaran los saludos, pero ya que, te los dejo nuevamente. Hace calor.

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