Te escurres entre un charco de brujos eclipsados
Se reducirá sin ti mi corazón a trocitos irreconciliables
Será un sinsentido discutirle la vida a la muerte irrevocable
Partirás una mañana en la que todas mis esperanzas callen.
Yo iba a gritarle a la vida su debilidad
Y a la muerte, que llega inaugurando de miseria caminos
Que conmigo no iba a cumplirse cualquier inexorable destino
Que mi alma y tus ojos nacieron libres pajarillos.
Llegará el día innecesario que nunca debía
Llegará entre soles y finales sobrantes
Se llevará entonces lo que más yo amo en este mundo, Jacinta
Se llevará tu alegría, autoritaria, en breves instantes.
Llegó la muerte como catrina inmaculada, Jacinta
A sentar en mi pecho un dolor sin precedentes
Hizo de mi calma una ilusión de antes
Y de mis ojos una triste agonía sangrante.
Vino en forma de sobredosis de amargura
A helar tu cuerpo, y junto a él la espesura
De nuestras tardes de conversaciones y caminos,
De juegos, de ruido.
Puedo decir que de ti aprendí más que en años de adiestramiento
Aprendí del cariño sin interés, de la alegría por la existencia
Y gradezco la lealtad y la compañía
Tu amor, tu confianza y la sincera alegría.
Mi niña, cuando se apagaron tus ojos te deseé buenas noches
Que tuvieses un buen viaje, te acurrucara la luna
Te peinaran las estrellas y te entibiara el cuerpo el sol
Yo me quedé aquí porque aún no aprendo a volar.
Me gustaría saber que el universo y su conjunto
Es mejor y más amable que esa enfermedad ingrata
Yo te amo más allá de la muerte
Y sabiendo que por ti hice
cuanto estuvo al alcance de mi accionar.
Pero es un sinsentido discutirle tu vida, Jacinta, a la muerte
irrevocable.
Catalina
(hecha bolsa)
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