- Gabriel García Márquez

domingo, 25 de diciembre de 2011

Llegamos a mi pieza, desordenada ( c o m o s i e m p r e ) como tu la conociste desde la primera vez, y te acaricié el pelo oscuro y tu piel como atardecer dorado que recorrí con mis labios extasiado, con el libido que se me escapaba por los poros, me miras y sonríes con malicia ( c o n p l a c e r ) y mi boca que se pierde en tu cuello ( h i r v i e n d o c o m o e l s o l ) se escapa de mi control

Acerco tu cuerpo ( e l a n s i a d o ) hacía el mío, la habitación está oscura aunque es de día, nos ilumina la luz cremosa que traspasa las cortinas amarillas y se escurre a través del contorno de tus curvas acarameladas, y yo te observo con el dolor de mi partida en los ojos. No sé más, solo que me perdí entre el tibio que tu cuerpo me irradiaba, ( e n t r e l a s u a v i d a d d e t u s p e c h o s ) Y de de tus labios rojos, color manzana ( e n v e n e n a d a ) húmedos con que envenenaste los míos, que me perdí entre ellos, y dejé de existir entre tu piel morena ( f r a g a n t e a l e ñ a ), que no me podré sacar más de la cabeza..

No sé, yo recuerdo verte bailar, y recuerdo tu cuerpo moviéndose entre las luces parpadeantes ( c o m o s i f u e r a s l a ú n i c a e n e l m u n d o ) Y que tus manos tomaron las mías y me hicieron abrazarte para que me moviera junto a ti.

Ven y déjalo salir, ( a n t e s d e q u e h u y a s d e m i ), Antes de que te pierdas entre la música ..

martes, 29 de noviembre de 2011

Aquella noche de viernes mientras todos se abrazaban llorando el ciclo que cerraban, yo te miré sin saber que hacer, hermosa mía, que estabas sola con la expresión ensimismada que siempre me cautivó. Tu me miraste y nos sonreímos. La noche te hacía ver más blanca y el cabello azabache más oscuro aún, como etérea. Así mismo nos disolvimos. Tu con tus compañeros y yo con mis conocidos, niña, y con el mismo miedo de hace un par de años me abstraí de decirte nada, y no me despedí ni yo de ti ni tu de mi.

Quién diría que hace un par de años, mujer, cuando pensaba en aquella noche, me armaba de convicción para decírtelo todo ¿Podrías creerlo? planeaba mirar tus ojos oscuros y confesarte que nunca nadie me había gustado ni me volvería a gustar de la forma en que tu lo hacías, te iba a decir que nadie nunca te amaría como yo lo hice.

Pero aquella funesta noche de viernes te miré encandilada de tu alma, como siempre lo hacía, y nos sonreímos para luego difuminarnos en un mar de caras melancólicas.

Hoy, me miré en el espejo y tu imagen viva se vino a frente a mis ojos, ¿Sabes? y con un escalofrío recorrí tu rostro marmolino con mis labios temblorosos, acaricié tu cabello negro con mis manos ensopadas de miedo y de un beso arrebaté de tus labios finos la sonrisa que llevabas, igual que la de aquel viernes fatal en la noche. Le hice el amor a tus memorias, besé hasta el último segundo de tu ensimismamiento e hice mía cada pulgada de tu recuerdo. Hoy me jodí tu imagen, viva en mi mente ¿Sabes? y cuando terminé me arrastré hacia mi reproductor de música, cual cigarro, y puse el tema que tantas veces soñé que te cantaba al oído, aquel que nada más escucharlo es revivirte, y rompí a llorar. Cada segundo de la canción lloré los centímetros de tu ausencia con un dolor reprimido, gélido y desgarrador, triste, ausente e imperante. Me harás falta ¿Lo sabes? se lo repetiré una y mil veces al viento.

Hoy es un día azul de primavera / Creo que moriré de poesía, /De esa famosa joven melancólica / No recuerdo ni el nombre que tenía. / Sólo sé que pasó por este mundo / Como una paloma fugitiva: / La olvidé sin quererlo, lentamente, / Como todas las cosas de la vida.

Me quedaré esperando que esta vez Nicanor Parra haya vomitado solo verdad.

jueves, 3 de noviembre de 2011

La vida se me fué en ello

La noche se me hacía eterna, no acababa nunca, y los pies ya no me reclamaban; había pasado la barrera en que se dejan de sentir luego de caminar la eternidad.

La herida de bala bajo el abrigo me desangraba silenciosamente, nadie hubiera notado que moría de no ser por el extraño tono descolorido de mi rostro, que nadie se dignó a mirar durante la noche. La vereda era eterna e inundada por un mar de caras distintas, pero nadie miraba a nadie ni siquiera por algún instante fugaz para saber si esa persona se encontraba bien, para enterarse de su color de ojos o de la expresión de su cara al sonreír: Y es que así venían (y seguirán) siendo las cosas en esta sociedad descabellada.

Antes de desvanecerme, te vi en la vereda de enfrente, hermosa mía, con el arma con que me disparaste aún caliente en un bolsillo de tu abrigo. Me sonreíste y yo te devolví la sonrisa, te asegurabas de que muriera ahí en la calle. Yo miré tu rostro detenidamente, lo grabé en mi memoria, es el último que vi y que me llevé a la eternidad.

Me grabé tu cabello negro azabache y tus labios finos, tu piel clara y tus ojos oscuros en los que tantas veces me reflejé. Me grabé tu expresión fría y tu cuerpo, tus manos y tus medias negras.

Entonces caí, el cemento dio fuerte contra mi cara, estaba seco, sentí el gusto metálico de la sangre en la lengua y los ojos se me cerraron de a poco. Se me fue la vida silenciosa, los sonidos se hicieron uno y las luces, borrosas, se fueron apagando poco a poco.

Vi tu rostro nuevamente y por última vez, hermosa, que mirabas quieta aún en la vereda de enfrente y me sonreíste.

La vida se me fué en ello.

martes, 11 de octubre de 2011

Falling down

La noche, ésta violenta y fría, me agarró brutal y se me arranca por los brazos, lenta (porque pareciera que se me están secando) y llena de las sensaciones tan conocidas y tristes que me quedan en la boca cada vez que pasa.

Primero que no tengo apoyo para largarme ¿Qué les hicieron los cerritos de colores? Es como si ya nada me atara aquí, el aire es muy áspero para respirarlo, y es que más encima se larga alguien más.

A mi en realidad me asusta que el filo se acerque cada vez más a mis venas.

sábado, 6 de agosto de 2011

Melisa

Hoy Melisa, libre niña volantín
te podrias transformar en una historia o en un poema
en un cuento, un velero o de cosas un sin fin
en una trama como llamas o mil cosas para mi

Te volviste contra mi un poema de escarmientos
no se qué es lo que tu quieres niña vil
y mis redes no te atrapan entre el mas de pensamietos
que me ahoga, me sofoca, me tortura y cosas mil

O te vuelves un velero que zurca tres mil lagos
y me llevas navegando entre peces como espuma
O esperas a que caiga la noche y te vuelves luna
y te quedas en lo alto y yo te amo con locura

Te volviste de hace mucho en todo lo que oculto
¡Que insulto! no me tienes ni respeto
y malsana te volviste con tus ojos con dolor
pero no fue mi culpa ¡Lo prometo, mi niña multicolor!

Desde entonces no te encuentro ni en el fuego ni en el río
ni en mi mente, ni en las flores, ni mucho menos en el viento
desde entonces cada noche aquí hace mucho frío
y quedé con las manos rotas, sin escribir por largo tiempo

Así dejaste, niña Melisa, toda mi inspiración
en el fondo del océano lejos de todo color
como una llama que se apaga me rompiste el corazón
me dejaste solo polvo, un dibujo y un listón

Hoy Melisa, libre niña volantín
to podrías transformar en una historia en un poema
en un cuento, un velero o de cosas un sin fin
en una trama como llamas o mil cosas para mi

Pero te volviste una carta con remitente de antaño
tan bien sellada que no me dejas ni leer
un pasado con belleza y mil extraños
que en mi vida volveré a reconocer .-

viernes, 22 de julio de 2011

Jueves x la noche

La tarde medio fría hace el ambiente mucho más grato. Pues, de todas formas nadie tiene frío. Las miradas llenas de esa felicidad que trae el vodka y el cigarro se cruzan unas con otras, las palabras brotan y las risas afloran como la primavera lejana.

No te veía de hace tiempo ¿Sabes? Te encuentro más alto y más corpulento.. y me pregunto como te habrás hecho ese corte que rodeaba tu brazo, aunque claro que me imagino como habrá sido su historia. Y esque te conocía relativamente bien, y de no ser por ese abismo en que se hundió nuestro lazo por más o menos dos meses, probablemente nos conoceríamos mucho mejor. Pero una es tarada y no sabe controlarse. Y el uno, tu, dudo que llegues a algun nivel de profundidad en tus divagares. Una es tarada y tu bobo, simple y preciso.

Me pregunto, obviamente, que habrá pasado por tu cabeza en el momento en que abriste la ventana y tanteando con ternura como tratarme luego de haberme hecho perder el equilibrio, comenzaste a hablarme de lo que sea.. Me pregunto por qué soportaste las pesadeces que te dije y el porque de tu pseudo ronroneo cuando ayer corrí mi cara cuando nos despedimos. Igual estabas borracho y yo no estaba muy distinta, a lo mejor fue el vodka, o a lo mejor tus ganas de que volviesemos a tener esa pintoresca y camaleónica amistad que tuvimos

Pero no creo que eso pase, de todas formas, a lo mejor estoy divagando nuevamente solo estupideces sin sentido que mañana querré eliminar.

¿Qué sucedió contigo que me volviste a hablar?

No me respondes, no quieres hacerlo.. y de todas formas yo no quiero que la respuesta salga a la luz. En realidad, lo prefiero dejar como un misterio, igual que el eterno misterio de tus reacciones y de tu actuar.

Filo.

Es lo mejor.

No sé que nos volveremos tu y yo, probablemente no mucho.

La tarde avanza y se convierte en noche tras el eterno agonizar del crepúsculo, yo me tengo que marchar y te quedas, borracho y luego de haber vomitado, durmiendo sobre el pasto de la plaza Brasil.

Te dejo atrás mientras doy vuelta en mi cabeza todas las madrugadas que matamos jugando buscaminas

Da igual, te estan cuidando.. Resentida y todo, no habría dejado que te quedases solo así como estabas ¡¿Dejar que te pasase algo?!, de ninguna manera.

jueves, 7 de julio de 2011

¿Por qué? ¿Por qué se supone que deba seguir aguantando? Me hiere en lo más profundo la antipatía que te emana, me desagrada tu forma de hablar y de caminar ya, el como te quedas callado cuando hablo y no respondes nada, como te tardas en responder mis preguntas para terminar respondiendo con un no a todo...

Y despues como si nada haciendose el buena onda

¿Y que pasa si no me trago todo? Soy la unica que termina saliendo mal de aqui, y no hablo nada y me lo callo todo, si no termino siendo yo la que castigan y la que ignoran más aun. Claro, te incomoda que te pida algo y comienza a dar lo mismo lo que dijo la psicologa hace unas semanas luego de que te llenaste la boca con las cosas que habia hablado antes. ¡Si! ¡Manipulemos las cosas a nuestro antojo!

Total, como yo no siento una mierda, ¿A quien le importa?

A la mierda todo, no quiero seguir aguantando más..

viernes, 1 de julio de 2011

On the nod

Me había inyectado hace un rato ya.

Últimamente me he estado acostumbrando a las drogas, ya ni sentía frío, a pesar de éste invierno bajo cero, cuando las dosis casi letales de heroína jugaban en mi sangre. Era un despego total, una nariz enrojecida que respiraba aire sin degustarlo y una boca tan seca que ni la saliva llegaba. Ya había pasado el Rush de todas formas, no me pesaba caminar ni los brazos se me caían molestosamente.

Totalmente On the nod.

Caminaba tranquilo por la calle, es el mejor estado, cuando se pasa la euforia y dejas de pisar las veredas grises e interminables.

De todas formas, sigo pensando en tus labios.

Los veo por todas partes, en el cartel de ropa interior y en el vagabundo que acababa de pasar a mi lado. Tus labios finos y el olor puro de tu cuerpo, sin perfumes ni Shampoos, sólo tu y tu cuello desnudo, tus dedos largos y tus ojos rasgados ¿Tienes idea de como la heroína me recuerda a ti? A mi me parece que no.

¡A mi me parece que no tienes idea de nada, querida!

martes, 31 de mayo de 2011

El color de los sueños (polo :3)

Así que a esto llamas vida?, a escapar del cielo?

A esconderte del sol porque tus heridas duelen demasiado?

Será eso una salida?, en los mares crepita el fuego

Teñir rojo es mejor?, crees tanto como para cambiar el lado?



Es un despertar, alimentar tu espíritu

Mejor cerrar los ojos, donde todo es lo que creo

Eres tan fuerte para variar?, estás tan seguro?

Acaso tu imaginación puede cambiar el mundo?



Onírica convicción

Aplastada por la realidad

Respira bajo el mar

Es la amargura de la verdad.



Condenado en tus dientes, preso en tus sueños

Acostado en el cielo, contemplando la verde corteza

Cae de frente, vence a tus dueños

Voz, alza el vuelo, el poder de la mente, será una proeza.



Es un despertar, alimentar tu espíritu

Mejor cerrar los ojos, donde todo es lo que creo

Eres tan fuerte para variar?, estás tan seguro?

Acaso tu imaginación puede cambiar el mundo?

lunes, 30 de mayo de 2011

Invierno

Las tardes se hacen cada vez más frías y las noches oscuras más cercanas. Dentro de la inestabilidad propia de tu mente prefieres el frío que te obliga a mantenerte despierto antes que el calor que inhibe el arte de pensar.

Con el frío buscas algo en que mantener tu mente lejana. Desapareces por momentos, y luego llegas violentamente, ahogándote en un mar de pensamientos que se alborotan por cobrar protagonismos. Con el frío pienso en el calor de otros cuerpos. En la traba de mi pelo que dejé perderse entre los pliegues de su chaleco cuando mi cara se escondía en su pecho. Me da por pensar en mis manos congelándose, en mi nariz que escurre enfermedades y mis mejillas que se hielan con el aire. Pienso en hundir mi alma en el amor y al mismo tiempo considero guardar mi corazón en una caja y tirarla al fondo del mar, me da por creer férreamente en cosas que pudieron pasar y no fueron, y en montarme y hacerme parte de realidades inexistentes.

Es el invierno, el que me reconquista, el que entra a cada rincón y le da pinceladas únicas a cada cosa. Hace los momentos más reales y las sonrisas más escasas. Es el invierno el que hace a los abrazos (cuando hay quien los dé) más habituales y reconfortantes.

Eres tú, soy yo. Son todos.

Narcisa.

miércoles, 25 de mayo de 2011

There comes the silence

Viene rápido, llega antes de que lo espere y me amordaza la boca. A veces me saco sus manos frías de la boca y la nariz e intento gritar, a veces busco gritar.

Pero siempre termino mirándolo a los ojos y dejándolo ahogarme, termino abrazándome a su silueta y en su cuerpo abrigándome. Siempre termino durmiendo con el dentro de mi y rodeando todo lo que pueda abarcar, termino caminando de la mano con él en las calles frías y refugiándome en el cuando la gente hace ruido.

Hay momentos en que se va y quiero hablar, quiero gritar y quiero cantar. Pero sigue dentro de mi cabeza inyectando su mirada inexpresiva.

Yo lo sé, y sé que tu lo sabes. El silencio es el mejor grito.

sábado, 21 de mayo de 2011

Fin del mundo

5:57
El mundo gira, lento, como de costumbre. Debería acabarse, ¿No? Se suponía que hoy se acababa. Me siento con el jarro en la mano y bebo un sorbo de cerveza. Bueno, de acabarse el mundo por lo menos me iría de él de forma digna. Miro a mi alrededor, la pieza está vacía y me encuentro en el centro de ésta, frente a la mesa con dos jarros de cerveza más el que me empino.

5:58
Quedan dos minutos. Genial, en una de esas la profesía tiene razón y de veras se acaba el mundo a las 6 de la tarde. Bebo un sorbo más y se me sube a la cabeza, se relaja el ambiente y empiezo a pensar en cosas más importantes que lo que me ha pasado éste último tiempo. Cosas importantes como el fin del mundo.

5:59
Hay ruidos en la cocina, mi mamá prepara la once y llega un olorcito rico al comedor. ¿Alcanzaré a probar lo que prepara antes de que se acabe el mundo? De todas formas no nos hemos despedido. En el fondo yo sé que no se acabará ni hoy ni en el 2012. ¡Si nisiquiera se acabó cuando asumió el presidente hace un año y algo!

6:00
Miro a todos lados, sigue tal cual el espacio. El olor que viene de la cocina me entra por la nariz y me babea la boca. Me empino otro sorbo y la amargura de la cerveza me da un escalofrío. El comedor estaba tibio y la ampolleta iluminaba sin siquiera parpadear. ¡Guau! Tal parece que no se acabará el mundo hoy, pensé a mis adentros

6:01
¡Pone la mesa hija!
Ya mamá
Mmmh.. No, no se acabó. Que descepción

Me terminé el jarro y fui a buscar las cosas a la cocina.

viernes, 20 de mayo de 2011

Si

Si, igual lo reconozco. Siempre termino intentandome refugiar en las demás personas.

O en el trago.

O las letras.

Y siempre termino mirándome al espejo buscando cualquier vestigio de algo que ni yo misma sé.

Reconozco desalientarme con facilidad ante hechos que generalmente imagino.

Igual reconozco tener más momentos temperamentales que estables.

Reconozco que últimamente me siento como la mierda y ni siquiera yo sé la razón.

Reconozco que cada vez cierro más mi corazón a cualquier persona que se le acerque peligrosamente.

Tengo que reconocer que generalmente termino escuchando música para no escuchar lo que me grito desde el fondo de mi ser.

Y reconozco que no funciona.

Reconozco que no sé como terminar todo ésto.

Y que la única vez que de veras casi se acaba.. me asusté.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Las marcas quedan en la piel

Lo primero es la rabia.

Increíble, al punto de sobrepasar los límites tanto de tu cuerpo como de tu mente. La rabia que intento sofocar arrinconada en una esquina olvidada de mi habitación con la luz apagada. Una rabia que quema adentro sin parar, persistente aunque dificilmente sempiterna. Una furia apasionada que te hunde en el suelo, que de pronto crece y te hace llegar a un clímax que desborda en uñas rasgando la piel y a una desesperante etapa posterior.

El llanto.

Que cuando estás sumido en la oscuridad de la habitación no te molestas en quitarte de la cara, un llanto que te empapa la cara y el pecho, que te hincha los ojos e inunda la nariz. Un llanto descontrolado producto de la rabia que te arranca sollozos desolados de la boca.

Y hay que descargarse ¿No?

Así que luego de una gran batalla conmigo misma en la que siempre pierdo me termino arrastrando por la habitación hasta llegar al escondite de mi amiga. Vuelvo a mi lugar y la deslizo por mis brazos. Se siente genial ¿Sabes?

Lo mejor es dejarse desfallecer, sentir que la vida, tibia, se arranca por los brazos. Hasta que te entumes y al ponerte de pie te mareas, ahí hay que acabarlo todo.

Pues en realidad, rabia ya no queda, ni pena ni medio. Solo las marcas son las que quedan, las marcas quedan en la piel.

viernes, 13 de mayo de 2011

Only someone with the mind of a child says he'll grow up

You twisted little girl

Aspiré.

Pero a diferencia de las demás veces, a la ahora de botar el aire, éste salió blanco en humo de cigarro. Apoyé la cabeza en el marco de la ventana, no me la podía. Y Julian Casablancas cantandome Little Girl en los oídos contribuía al extasis.

Showing them what life is all about

Una calada, otra y una más, el humo entraba silencioso matando cada célula, matando cada buena intención y cada resto de mi persona. No era la primera vez, pero ésta vez fue excepcional. ésta vez me puse de pie y terminé acostada en el suelo con los ojos llorando y la nariz escurriendo dolor. No sabía cuanto tiempo transcurría, sólo existí yo. Nadie más, y la unica referencia que tenía era la luz azul relampagueante del computador.

Where did all the time go?

Comenzó a irse poco a poco el efecto, comencé a caer en mi misma, llena nuevamente de inseguridad y cierto miedo, llena de cosas que quisiera borrar y realidades que no quiero afrontar. Me puse de pie y sentí que llegue a despegarme, casi me desestabilicé. Prendí la pantalla. Habían pasado casi diez minutos. Abrí la ventana a todo lo que daba y me dispuse a sentir el frío.

Everywhere it's gone, gone, gone..

viernes, 6 de mayo de 2011

Little girl



Hey now, hey now, go your way now

You tortured little girl
showing them what love is all about
Where did all the time go?
Everywhere it´s gone gone gone.-

De un momento a otro, yo sé, que dejaré de respirar.


Catalina.-

miércoles, 20 de abril de 2011

Llorar

Me hace sentir pequeña y el mundo muy grande a mi alrededor. No me deja respirar, me oprime el pecho y duele. Duele y me hace sentir débil, como si no tuviera nada. Lloro y no hay brazos amigos, las lágrimas caen al teclado y se pegan a los dedos.

Terminan desapareciendo por si solas. Asi mismo terminaré yo.

Catalina

lunes, 18 de abril de 2011

Aunque cambie el titulo

Y ambos sabemos en complicidad eterna que la distancia al sol no cambia pase lo que pase.

viernes, 15 de abril de 2011

Falsa alarma

Las sirenas se apagan aunque el cristal sigue roto rajando las plumas del colchón por dentro de éste.

Sigo sangrando.

miércoles, 13 de abril de 2011

Enough

Suficiente como para hacerme sentir sola en medio de todos los rostros desconocidos y de los conocidos lejanos. Suficiente para sentir de nuevo el vacío que había sanado, suficiente para que me den ganas de llorar.

Una vez más.




Narcisa. Porque en ella me voy a escudar y refugiar. En mi misma.




Y mis brazos sangran.. Si ellos mismos se afiebraron excitados cuando vieron la gillete! Ellos mismos pidieron más cuando ésta se deslizó rasgando los tejidos! Unos retoques más y suficiente, suficiente para calmar el dolor de adentro.

sábado, 2 de abril de 2011

A tajo abierto

Tiendo a sentirme ajena de muchas cosas últimamente y sobre todo a extrañar. El par de pasillos que alguna vez feliz recorrí ahora ya no aguardan caras con sonrisas ni ojos capaces de mirarme, no aguardan brazos conocidos, y nisiquiera una mirada de curiosidad. El entorno que cálido me rodeó alguna vez se me hace grande y agresivo, se me hace hostil y me hace sentir sola. Me da miedo casi, ese miedo que da cuando la pieza está oscura y sofocantemente silenciosa, y te despiertas en medio de la noche sin tener el fósforo que iluminará y hará todo más cálido. Me da un miedo melancólico, deprimente y que me obliga a vomitar párrafos amargos que me humedecen los ojos, no lo sé, es lo que llevo dentro, una indecisión infinita.. una inseguridad que lo domina todo. Un miedo a un par de ojos extraños examinándome y con gesto de reproche desviándose.

Tiendo a extrañar con furia en éstas noches frías. Tiendo a extrañar a aquellos brazos y ojos que alguna vez llenaron los pasillos del colegio y que tanta curiosidad me causaron. Tiendo a extrañar desesperadamente una madre que sea sólo para mi aunque sea por un segundo. Tiendo a extrañar con dolor de tanto llorar a mis amigos, que, atormentados por el monstruo del tiempo, se han ido alejando cada vez más de mi alcance. Éstas noches frías tan molestas quisiera un abrazo fuerte, uno de esos que de hace tiempo no tengo. Uno capaz de secar las lágrimas que dejo caer sin control.

¿Por qué necesito tanto a la gente? Es que soy insegura, supongo, no tengo un gran autoestima y me da miedo la soledad. Me duele tener a la gente que vale la pena para mi tan lejos y terminar abriendome frente a ésta pantalla, es horriblemente doloroso que el sonido constante de las teclas sea el único consuelo al que puedo aspirar. Llego, a veces, al punto de no saber que es real. De ver a la soledad agazapada entre cualquier mueble y dispuesta a saltar para abrir mi cuello, para dejar la sangre fluir hasta dejarme vacía. ¿Qué les ha pasado? ¿Dónde se esconden? No sé donde estan, y tampoco es mucho lo que me puedan llenar, el vacío está dentro de mi pecho oprimiendo mis respiraciones y proyectándome ideas que comienzo a asumir como reales.

Últimamente, que se yo lo que me pasa, me siento incapaz de interesar a alguien o lograr entablar algun lazo, como si algo se hubiese ido y no quisiera regresar. Es algo malo dentro de mi que me puso un velo oscuro en los ojos y aunque intente agregar colores y algo por lo que sentirme más viva termina ganándole a cualquiera sea mi intención. Ya no sé que hacer, por el momento lo mejor será secarme las lágrimas y pensar en cambiar la canción que irrumpe el silencio que tanto me molesta.

Catalina. Porque es ella quien lo escribe desde el fondo de su pecho, no es Narcisa.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Impresiones ambiguas



El día estaba heladísimo, la micro paró y yo, en mi acostumbrado puesto en la esquina de atrás miraba por la ventana al paradero. Quien sabe, hay días en que te encuentras personas soñando despiertas mientras esperan quien los lleve y así mismo algun ser humano desilucionado al ver el número inútil del recorrido de la micro que acababa de pasar o con cara molesta al ver que no les paró justo la que necesitaban. Hay días que ves cosas que te hacen gracia, como una vez ví yo a un joven con el dedo en la nariz y luego mirarme riéndose, y otros en que el paradero no te proyecta esa película entretenida que te esperas ver en el recorrido diario que una está obligada a realizar.

La micro llegó al paradero de la Plaza de Puente y la gente comenzó a subir como de costumbre.

Ahí, vi de pronto, en la vereda, un hombre modestamente vestido y de no gran estatura que empujaba con su mano la cara de un perro negro grande que estaba sentado a su lado, como si fuera de pronto a pegarle. El perro le lanzaba de pronto un mordisco o intentaba agachar la cabeza pero él seguía insistiéndole con la mano en un costado de la cabeza del animal. De pronto el perro elevó una de sus grandes patas y el hombre la recibió, cuales socios estrechándose las manos, para luego el hombre hacerle una reverencia simpática al perro a la que éste respondió poniéndose de pie y con un enérgico movimiento de cola salir andando por la vereda hasta perderse en la calle que venía.

Se me arrancó una sonrisa y juraría haber visto a las personas cercanas a él sonreir tambien.

La micro partió por fin y atrás se quedo el hombrecillo menudo y el perro negro que le estrechaba la mano.

domingo, 20 de febrero de 2011

Lonas desgastadas


El sol les pega fuerte en el rostro. Pleno verano (mediados de Enero) en la novena región, que aunque famosa es por las lluvias, en verano es terriblemente calurosa. El uno la mira a través de los lentes Ray ban y ella le devuelve la mirada, buscándole los ojos pardos escondidos tras las gafas oscuras. El tercero mira al Bio-bio, padre de todos los ríos como le había indicado un pewenche que habían conocido en Los Ángeles, tranquilo en el puente que separa Santa Bárbara de Quilaco.

Llevaban por lo menos unos 2 meses viajando por el sur de Chile. Eran tres: dos y una al principio, dos patiperros de 24 años que se pusieron de acuerdo para recorrer Chile su país desde Arica a Punta Arenas durante todo el tiempo que esto les tomase y ya llevaban 2 meses desde que pisaron Punta Arenas. Eran ya muy amigos; todo lo mucho que se pueden llegar a querer 2 personas a fuerza de ayunos y la vista en conjunto de los paisajes más bellos presentes en el sur de Chile que, gracias a la travesía que habían emprendido, pudieron compartir. Y una, que se la fueron a encontrar en un bar perdido en Castro, una chiquilla de 23 años que también se había propuesto recorrer su bello país de cabo a rabo. Bastaron así sólo un par de conversaciones, un “¿Cómo te llamas?” y un “Entonces andamos en las mismas” para que los tres decidieran unir sus lonas en un destino en común.

Montserrat se llamaba ella. Penquista de nacimiento pero de alma nómada, una mujer no muy distinta a las ilustraciones de las mujeres autóctonas del Sur de Chile, aunque de rasgos más delicados y gestos más finos. Montserrat era una mujer tan bella como libre. Su piel dorada, cuna de tantas aventuras nocturnas y sus grandes ojos oscuros junto con el olor a vainilla que se desprendía de su largo y liberal cabello café oscuro además del olor a Raulí de su piel siempre fueron la combinación perfecta, junto con su carácter cordial y sagaz y su humor astuto y sociable, que le permitieron hacer cuanto quiso. Ahora había partido con un vestido, dos mudas de ropa interior, dos poleras, traje de baño, documentos, sus pantalones cortos y sus jeans. Se echó el saco de dormir a la espalda y calzó sus chapulinas amarillas para partir en un incierto destino que esperaba fuese excelente. Se encontraba entonces, a su segunda semana de viaje, en el bar “La estrella” de Castro tomándose un ron cola frío y cantando “Por un beso de la flaca” que sonaba de fondo en el antro.

Teodoro y Alejandro eran los otros. Teodoro llevaba su ridículo nombre con orgullo. No había escogido llamarse así, claramente, su madre le había nombrado así en honor a su abuelo y a pesar de haber odiado su nombre durante toda su adolescencia ahora le venía a gustar. “Después de todo, tiene diminutivos sensuales” solía decir “Como Ted para las chicas o Teo para los compadres” aunque sus amigos de todas formas preferían llamarlo con la más cantarina de las voces ¡Teoodooorooo!, Y después de todo, tantas bromas y jugarretas forjaron en él un carácter divertido y astuto, que combinado con la valentía innata que había heredado de su padre y la lealtad a las personas que su madre le había inculcado de pequeño lo hacían ser el tipo de amigo que cualquiera quisiera a su lado. Él era un tipo apuesto además: alto y macizo, de brazos fuertes y espalda ancha. De piel lisa color tostado playero y una sonrisa capaz de seducir a quien sea que él se propusiera. El detalle, sin duda, más vistoso en él era el cabello rasta largo que cuidaba desde muchos años y que llevaba siempre amarrado con pañuelos de distintos colores de los que ya había perdido la cuenta de cuantos tenía. Al momento en que decidió empacar para partir no dudó en invitar a su amigo del alma Alejandro, quien, gustoso aceptó y sin más que dos tenidas para cambiarse cada uno y sus propios sacos de dormir partieron desde Curicó a Punta Arenas para recorrer su país como se debe.

Alejandro complementaba a su loco amigo Teodoro. Se conocían desde el colegio y se dispusieron a mochilear sin muchos bienes ni dinero de sobra. El era más serio que Teodoro, había hecho el servicio militar (por obligación) y su carácter cambió totalmente luego de atravesar por última vez la puerta del regimiento, con un temple de acero y un estado físico que decidió conservar junto con el pelo corto y la cara afeitada magistralmente que le obligaban a tener en el servicio. Él, a diferencia de Teodoro que disfrutaba de la eterna soltería, dejaba a su novia en Curicó con la promesa de volver para ser sólo de ella y además le prometió que a su casa llegarían postales cada semana. Y en eso estaban en Castro un día viernes por la noche en un bar con Jarabe de Palo de fondo: él escribiendo algunas palabras de amor en una postal con una imagen de las casas de Palafitos de Chiloé y Teodoro con la cabeza apoyada en una mano mirando a una chiquilla morena que en la barra tarareaba el tema de fondo mientras tomaba quizás que trago.

_ ¡Teoodoooroo! – Canturreó Alejandro con una media sonrisa dibujada en el rostro mientras levantaba la cabeza de lo que escribía
_ ¡¿Qué querís weón de mierda?! – Le respondió Teodoro luego de dar un salto en la silla y salir desde el estado de ensoñación con el que miraba a la morena de la barra tomarse el pelo pausadamente
_ Límpiate las babas tonto weón – terminó un párrafo y con una carcajada comenzó a escribir otro
_ ¿Cómo hacís para que las postales no te salgan todas iguales?
_ Love, love, love – Tarareó Alejandro una canción de Mika que sonaba de pronto de fondo – Anda de viaje – dijo luego de lanzar una mirada rápida al lugar en que miraba su amigo
_ ¿La Cristina? – Preguntó Teodoro pensando en la novia de su amigo
_ La morena de la barra, pringao
_ ¿Podríamos? – Al rasta se le iluminaron los ojos
_ Como quieras – Respondió a cualquier duda Alejandro

Y así fue como incluyeron al viaje a Montserrat luego de que Teodoro captara su atención con un “Oye flaca” con la más profunda de sus voces. Así comenzaron unos días más tarde a cantar los tres distintos temas de Jarabe de Palo de los que podían acordarse mientras mochileaban por la Ruta 5, dejando atrás distintas ciudades y lugares de Chile. Hubo quien los vio un día en Ancud lavando en cualquier parte las pocas prendas que traían consigo y al poco tiempo en Puerto Montt hubo quien escucho a Alejandro llamar a Montserrat con cariño “India” tanto así como hubo quienes vieron al rasta cantarle a la morena “Por un beso de la flaca” al oído mientras ella solo reía y trenzaba su cabello.

“No entiendo ésta weá” Susurró para sí Alejandro apoyado en la baranda del puente mientras miraba a la India tomarse el pelo en una cola alta al tiempo en que Teodoro parecía querer hacerle entender algo “No lo entiendo weón”

A la semana de partir hubo quien los vio en Osorno bailar bajo la lluvia y lanzarse barro como niños para luego irse a bañar sin ropa al primer río que encontrasen sin siquiera saber el nombre de éste. En Valdivia hubo algún cuidador de bodegas que les dio un café caliente y los dejó dormir acurrucados bajo techo las noches de lluvia tanto como hubieron provincianos que los vieron reír echados en el pasto cantando “Bonito”.

Pero sea dónde sea que estuviesen desde el principio de su viaje hasta avanzados los días de recorrido no hubo nadie en el mundo que viera a la India y a Teodoro arrancarse a los roqueríos o a los rincones anónimos de las bodegas que frecuentaban para jugar a hacer el amor la noche entera. Así fue como la India descubrió que le fascinaba la forma en que su nuevo amante le besaba el cuello y Teodoro comenzó a ansiar la forma en que el cuerpo de la flaca se revolvía bajo el suyo cada vez que – casi simultáneamente – llegaban al primer orgasmo.

_ Montse entiende… - Repetía Teodoro sin creérselo él mismo
_ Entiendo – Le cortó ella, y al haberse amarrado el pelo una mezcla de olor a vainilla de su pelo y a raulí de su piel golpearon la nariz del rasta.

Cuando llevaban casi 5 semanas de viaje y sus lonas gastadas habían ido a parar a Temuco, un día cualquiera estando Montserrat y Teodoro sentados en la plaza mirando el imponente monumento a la Araucanía mientras que Alejandro buscaba donde conseguir cigarros, Teodoro se la quedó mirando fijamente. Durante el día eran amigos y por la noche nacían los amantes, condición que ellos mismos se impusieron a pesar de que Alejandro sabía todo lo que pasaba. “¿Qué?” susurró Montserrat devolviéndole la mirada a su acompañante. “No me quieras flaca” le contestó él sin dejar de mirarla “No lo hagas” volvió a decirle con una expresión que ella jamás había visto en su vida. La India, contrariada, miró al frente y guardó silencio “Me parece que ya es demasiado tarde” le respondió luego y cerró la conversación sin darle mayor importancia.

Así continuaron conociendo pueblos pequeños en estadías pequeñas mientras planeaban llegar a Los Ángeles no sin antes pasar por Angol, para luego subir a Santa Bárbara. Pasaron por Lautaro, Victoria, Inspector Fernández y Francisco de Purén entre otros pueblitos más en los que iban haciendo diversos trabajos a quienes fuera para ganarse, un desayuno, un almuerzo o una cena. Quizás una noche en un granero o un baño caliente para luego partir a la 5 Sur y esperar el aventón de algún camionero amigo con ganas de hablar. Y así fue que la ciudad de Los Ángeles un día se les impuso grande e inmensamente poblada frente a sus ojos curiosos.

Alejandro tomó una piedra y la tiró al río. Ésta cayó por el alto puente hasta encontrarse con el agua azulina. Volteó y vio los ojos de la India volverse así como gélidas piedras escudando quizás un corazón herido.

La plaza de Los Ángeles se les antojó una de las más bellas de las que ya habían visitado, y aunque el mercado no parecía tan estructurado como el de Temuco, seguía siendo acogedor y más aún para un trío de estómagos hambrientos a los que un suculento plato de pescado frito se les presenta.

Recorrieron Los Ángeles cuanto quisieron. Por las noches armaban en la rivera del río una carpa que Alejandro había logrado adquirir en una tienda de segunda mano que aunque destartalada y pequeña, los protegía del viento y los insectos que los arrasaban sin compasión siempre que podían, y antes de cerrar el cierre de la carpa dejaban las lonas fétidas reposando afuera. En un costado las verdes de Alejandro, al centro las amarillas de Montserrat y al otro lado las rojas de Teodoro, cuales gondwaneros en honor al reggae. Hubo noches en que destapaban distintas botellas de alcohol que Alejandro conseguía de quizás donde y se quedaban tomando toda la noche hasta no poderse el cuerpo.

Cuando Los Ángeles les aburrió salieron a la carretera y con la ayuda de un cuarentón buena onda que iba a Santa Bárbara a ver a su mamá lograron llegar al famoso pueblito declarado capital de la miel en plena semana de actividades de verano. No era un pueblo muy grande, de esos en que todos se conocen entre todos, en el que fue una novedad que unos mochileros afuerinos llegaran y en donde causó conmoción que planease armar una carpita destartalada en la rivera del Bio-bio para dormir, así que entre todos, con la mayor de las atenciones los acomodaron en dos piezas en el fondo de la parcela de un humilde huaso rico que tenía vacas lecheras por docenas y extensos trigales a la orilla del camino. “Una pieza para los dos muchachos” dispuso la esposa del hombre, “y la otra para la chiquilla”. Y ya acomodados les mandó a llevar una bandeja con 3 humitas para cada uno y una fuente de ensalada de tomate, una Coca-Cola grande y tres vasos para cada uno.

Así los atendieron a donde sea que fueran, durante el día conocían gente en el centro del pueblo, quienes los invitaban a almorzar para conversar sobre los viajes que hacían y recomendarles lugares para visitar durante la incierta estadía que tendrían en el pueblo. Y por las noches iban a la placita ya que siempre encendían las luces y ponían mesas de Ping-pong – deporte en que durante el servicio Alejandro se había hecho un experto – O bien armaban un escenario y con un micrófono y parlantes a todo lo que da hacían karaokes hasta las tantas de la madrugada. Y más tarde aún, cuando ya todo el pueblo dormía, Teodoro se escurría a la pieza de Montserrat para hacer el amor hasta que la luna se perdía en el horizonte.

Un día los sorprendió una lluvia que pareciera que el mundo se fuera a acabar y decidieron quedarse en sus madrigueras, las piezas se llovían por las orillas y no tardó el suelo de cemento en llenarse de agua. Entonces los tres se encaramaron en las camas de Alejandro y Teodoro que estaban al centro de la habitación haciendo una cama de dos plazas, y comenzaron a brindar por lo que sea con un Ron de 2 litros que Alejandro había conseguido haciendo trueques en Temuco. No tardaron, entre risas y verdades, en emborracharse y las horas se les fueron volando sin darse cuenta.

Alejandro se dio vuelta hacía el río y lo contempló en silencio, comenzaba a molestarle ya la situación.

Teodoro dentro de su alcoholizado estado no pensaba ya en incomodar a Alejandro expresándole a Montserrat cuanto quería expresar. Y así fue que posó su mano y como con ternura acariciaba el muslo de ella mientras dormía sobre la cama de él, medio envuelta con una frazada de lana. Alejandro se lo quedó mirando con gracia, sabía muy bien todo lo que hacían casi todas las noches de viaje, solían hablar de aquello y Teodoro le contaba con todo y pormenores cada detalle y esas conversaciones siempre las cerraba refiriéndose a ella como “Nada más que carnes”.

_ No es más que carnes – Repitió Alejandro lo que tantas veces le había dicho su amigo, ahora con una pronunciación que apenas se entendía
_ No lo sé – Contestó Teodoro mientras la miraba dormir
_ Así veo – dijo Alejandro empinándose lo que quedaba de la botella de ron
_ De según como se mire todo depende – Canto Teodoro la canción de Jarabe de Palo

“Pasado mañana partimos a Alto Bio-bio” dijo como pudo el rasta mientras que se acomodaba al lado de la India bajo la frazada de lana “Mañana no nos podremos la caña” susurró para cerrar la conversación. Montserrat dentro de su sueño suspiró y se aferró al pecho tibio de Teodoro mientras susurraba quizás qué. “¿Qué pasa mi flaquita?” Le dijo él al oído, “Bésame” le contesto ella entre sueños sin siquiera abrir los ojos. “Todo lo que quieras mi amor” continuó Teodoro buscando su cuello, ella gimió y escondió luego su cabeza en el pecho de él “Te adoro mi flaquita rica” fue lo último que escuchó Alejandro antes de caer dormido. El rasta la abrazó fuerte y bajo la frazada acarició su espalda hasta dormirse. Ya no sabían si era de día o de noche, sólo estaban conscientes de que llovía a chuzos afuera y que ellos eran los únicos habitantes en el mundo.

Fueron a despertar a las dos de la tarde el otro día con un hacha enterrada en la cabeza y una sed que los mataba, ya no llovía pero la pieza seguía inundada. Esperaron hasta las 5 cada uno acostado en su cama, el día no estaba ni frío ni caluroso y para cuando se levantaron el dolor se calmaba, así que bajaron al río a refrescarse, ninguno recordaba exactamente cuales habían sido las palabras vertidas durante la borrachera, pero si quedaban los fantasmas de un “Te adoro” y de un “Quédate conmigo”, frases que murieron en el olvido. Aquella noche, cuando Teodoro se infiltró en la habitación de Montserrat, donde ella lo esperaba, el juego previo a la cópula no fue lujurioso ni bestialmente carnal, sino que sobre la cama se encontraron por primera vez dos humanos vertiendo sentimientos por cada poro, aquella noche Teodoro le besó el cuello a Montserrat dejándole sabores que ella jamás había experimentado, sabores azules, melancólicos y sempiternos, y cuando sobre ella le hacía el amor no dejaba de mirarle a los ojos como si en cualquier momento fuese a esfumarse cual bella ilusión. Aquella noche, él demoró en llegar al orgasmo más de lo que comúnmente le tomaba, y cada beso que le regalaba a ella le dejaba un sentimiento de necesidad cada vez más insoportable, al punto de haberlo empujado al borde del llanto en más de una ocasión. Aquella noche y por primera vez, Teodoro no volvió a su propia cama luego de haberle hecho el amor a Montserrat, sino que se quedó aferrado a su espalda firmemente para no dejarla escapar así se acabase el mundo o el mar se levantara para llevarse hasta a el último ser humano en la tierra.

Partieron al otro día a pie desde las piezas, con hasta el último de sus bultos, hacia el alto puente que separa Santa Bárbara de Quilaco, planeaban llegar a éste y luego hacer dedo hasta que algún camionera buena persona los llevase hasta Alto Bio-bio, el día estaba caluroso y luego de una gran caminata lograron por fin llegar al comienzo del puente. El trayecto fue extraño, silencioso, como si algo fuera a pasar. “Algo va a pasar” estaba segura la India, y su sospecha se confirmó cuando Teodoro se detuvo frente a ella en el comienzo del puente y Alejandro, en silencio, se alejó a una de las barandas que daban al río en todo su esplendor.

_ Oye flaca – rompió el silencio de pronto Teodoro - ¿Te acuerdas de lo que te dije en la plaza de Temuco?
_ Sí – contestó ella, comenzaba a comprender que nada bueno pasaría.

El sol les pega fuerte en el rostro. Pleno verano (mediados de Enero) en la novena región, que aunque famosa es por las lluvias, en verano es terriblemente calurosa. El uno la mira a través de los lentes Ray ban y ella le devuelve la mirada, buscándole los ojos pardos escondidos tras las gafas oscuras. El tercero mira al Bio-bio, padre de todos los ríos como le había indicado un pewenche que habían conocido en Los Ángeles, tranquilo en el puente que separa Santa Bárbara de Quilaco.

_ Se nos fue de las manos
_ Claro – dijo ella y vino a entender la tristeza de sus ojos la noche anterior – Te estás despidiendo
_ Es que flaca – Continuó sin saber que decir, ella comenzó a tomarse el pelo

“No entiendo ésta weá” Susurró para sí Alejandro apoyado en la baranda del puente mientras miraba a la India tomarse el pelo en una cola alta al tiempo en que Teodoro parecía querer hacerle entender algo “No lo entiendo weón” Repitió para sí mismo. Sabía lo que su amigo hacía pero no estaba de acuerdo con las razones.

_ Montse entiende… - Repetía Teodoro sin creérselo el mismo
_ Entiendo – Le cortó ella, y al haberse amarrado el pelo una mezcla de olor a vainilla de su pelo y a raulí de su piel golpearon la nariz del rasta – No te quieres enamorar
_ Es que – dijo Teodoro quitándose las gafas – Allá en Castro no me quería enamorar de la morena de la barra – las dobló y colgó de la musculosa negra que traía, sus ojos seguían melancólicos – Aquí llegué enamorado de Montserrat
_ Razón y piel difícil mezcla – Entonó ella el tema de Jarabe de Palo “Agua”
_ Más o menos – le contestó él. Le miró los ojos a la India y los descubrió débiles, hizo un ademán de acariciarle una mejilla, pero ella quitó el rostro y desvió la mirada

Alejandro tomó una piedra y la tiró al río. Ésta cayó por el alto puente hasta encontrarse con el agua azulina. Volteó y vio los ojos de la India volverse así como gélidas piedras escudando quizás un corazón herido.

_ Supongo que no habrá mucho más que hablar – Terminó diciendo ella luego de guardar silencio. Teodoro buscó sus ojos y encontró un par de hielos totalmente desconocidos, ella no le rogaría por amor, aunque quizás así su voluntad se habría quebrado – Después de todo Romeo y Julieta no eran de éste planeta
_ Con Jarabe de Palo nos conocimos y ellos cantan nuestro adiós – dijo para sí Teodoro

Alejandro se dio vuelta hacia el río y lo contempló en silencio, comenzaba a molestarle ya la situación.

_ Dame un beso – Terminó diciendo la India
_ Flaca, no

Un beso mandaría a la mierda la voluntad de Teodoro, un beso lo despojaría de su seguridad, lo haría rogar más. Un beso de esa mujer no lo dejaría dormir por milenios y lo obligaría a arrastrase por los mimos etéreos de Montserrat.

_ Sólo uno – le insistió ella mientras una de sus manos jugaba en la mejilla de él

Un beso que sería fatal para su voluntad. “No” susurró él mientras que no podía evitar acercar sus labios a los de ella. “El último” susurró ella mientras que le buscaba la boca a Teodoro. Él intentaba rehuir de las caricias de ella, y aún así depositó las manos en sus caderas, el roce de sus labios en su rostro era la sentencia para cualquier intento o intención. Por fin ella le encontró la boca luego de recorrer en una caricia acaramelada su nariz, y le rodeó la cara con las manos mientras que en una respiración pronunciaba su nombre, se dieron un beso con matices ambiguos y melancólicos, ella depositando el amor que sentía por él en cada movimiento junto con un “No me dejes” y él con el arrepentimiento a flor de piel por permitirle a ella ser la futura causa de sus desvelos y su tristeza. Pero la necesitaba y la necesitaría por mucho tiempo si es que no la tenía. Y comenzó a desesperarse al saber que la iba a perder, así se aferró a su cuerpo como la noche anterior, tan fuertemente que a ella se le arrancó un gemido de los labios. “No me sueltes” le susurró ella mientras se prendía a su cuello, y ambos pintaron el beso que se daban de colores desesperados, de necesidad y urgencia. “No me dejes” Les habrá oído el viento decirse mientras se perpetuaban mutuamente en sus historias de vida con el beso más largo y que más hondo les ha calado. Un “Te amo” habrán soltado al aire y mientras sus respiraciones se calmaban, él apoyó sus manos en los hombros de ella y la India las posó en el pecho de él sintiéndole en el lado izquierdo el corazón latir fuerte y rápido. El beso terminó así como había empezado: despacio y cargado de diversos sentimientos, aunque ésta vez dulces, tranquilos. Montserrat puso una de sus manos en el cuello de Teodoro y él bajó sus labios al cuello de ella para regalarle una última caricia antes de que partiera. Así se miraron fijamente por un buen tiempo y ella terminó por dar media vuelta para ir a buscar su mochila donde Alejandro, que con un cigarro en la boca perdía su vista en el río Bio-bio.

_ Así que hasta aquí llegamos India – dijo Alejandro al oírla llegar, tomó la mochila de ella y se puso en su espalda – Te ayudo
_ Gracias – Le contestó ella mientras, una vez que tenía la mochila puesta, se disponía a buscar un poco de dinero para tomar una de las destartaladas micros que pasaban por ahí para que la llevasen a Los Ángeles. Se dio media vuelta y se quedó mirando a Alejandro con cariño – No sé qué decirte Ale
_ A lo mejor nos volvemos a encontrar por ahí
_ Chile es muy grande
_ Ojala lo hubiéramos podido recorrer entero contigo

Suspiraron

_Cuida que se le sane el corazón – dijo Montserrat mirando a Teodoro limpiar sus gafas
_ ¿Y el tuyo?
_ El tiempo se hará cargo – contestó ella y miró a Alejandro, cada uno dio un paso adelante y se abrazaron con cariño
_ Cuídate India Araucana – Le dijo Alejandro y le besó la frente – Ojala hubiéramos andado con los celulares
_ Pero es mejor así – dijo ella y con cariño el tomó la mano, como solían hacer cuando caminaban por la 5 Sur mientras cantaban Jarabe de Palo
_ Si tú lo dices – Le respondió él y le tomó la otra mano – Como vas, como lo ves… - Cantó él
_ Tu veleta y la mía señalan rumbos distintos
_ Como vas como lo ves…
_ Tu maleta y la mía viajan en vuelos distintos – terminó ella y le sonrió

Alejandro se cuadró así como en el servicio debía hacer y luego con una sonrisa lo hizo la India. Luego se volteó y se cuadró ante Teodoro que, a unos pasos más allá no dejaba de mirarla, él le devolvió el gesto y luego de lanzarse una última mirada mutua ella corrió a un paradero cercano al que se acercaba una micro con rumbo a Los Ángeles, se subió y seguido de pagar el pasaje se sentó en un asiento a la ventana por el lado del puente en que estaban Alejandro y Teodoro. El primero sentado en la baranda del puente despidiéndose con la mano de la micro y Teodoro con las gafas puestas y gesto solemne sin despegar la vista del lugar donde ella estaba. Pudo ver su postura rígida, sus labios serios y casi chocaba con sus ojos pardos cubiertos por los lentes oscuros. Pudo verlo por fuera y hasta en su interior el revoltijo de emociones que debía tener, pero lo que no pudo ver fueron sus mejillas bañadas en lágrimas ni pudo ver ojos tan hinchados como los tenía él.

La micro partió dejando atrás largas semanas de viajes por algunos de los rincones más bellos de Chile, así como noches llenas de placer, días repletos de risas y dejando vacío el hueco del medio de las sucias lonas gondwaneras. Partió dejando atrás a un Alejandro triste y a un Teodoro destrozado. Y a medida avanzó la micro las lágrimas que había reprimido se le escaparon a borbotones a una Montserrat muerta de amor.

La radio del vehículo se encendió, obra del chofer, y de fondo se encontraba una vez más Jarabe de Palo tocando ésta vez “Dos días en la vida”.

domingo, 13 de febrero de 2011

sábado, 12 de febrero de 2011

Antes de que sea demasiado tarde

Mamá se olvida de que una sigue respirando.

Supongo que habrá llegado la hora de tomar los suspiros que me quedan y salir por la puerta trasera.

¿Importa?

Mi padre preguntó: ¿Eres gay?
Yo pregunté ¿Importa?
Dijo no, no realmente
Le dije que si lo era.
Y dijo: ¡Fuera de mi vida!
Creo que si importaba.

Mi jefe preguntó: ¿Eres gay?
Le pregunté ¿Importa?
Dijo no, realmente no.
Le dije: Si lo soy.
Me dijo: ¡Estás despedido!
Creo que si inportaba.

Mi amigo preguntó ¿Eres gay?
Yo pregunté ¿Importa?
Dijo: No, en verdad no.
Dije: si.
Me dijo: No me llames tu amigo.
Creo que si inportaba.

Mi pareja preguntó ¿Me amas?
Le pregunté ¿Importa?
Me dijo: Si.
Le dije: Si, te amo.
Y dijo: Dejame abrazarte.
Por primera ves en mi vida, algo importaba

Dios me preguntó ¿Te quieres?
Yo le pregunté ¿Importa?
El dijo: Si.
Y yo le dije: ¿Como puedo quererme si soy gay?
El dijo: Así es como te hice.
Desde entonces nada volvió a importar.


"Madurez es el arte de vivir en paz con situaciones que no podemos canbiar o tener el valor de cambiarlas cuando las circunstancias así lo exigen".



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Ya, me impactó, debo decirlo, llegar a éste poema en un blog que no sé si estará olvidado, al que llegué en cirscuntancias que me avergüenza profundamente decir. Por eso es, claro, que lo tomo y lo publico. No es mío.. siempre envidiaré al poeta por la facilidad que tiene de escupir estrofas empapadas de la realidad vestida de distintos colores y texturas, supongo que me quedaré hasta el fin de los tiempos vomitando párrafos llenos de sentimientos y pensamientos que voy encontrando en el camino.

Lo subo así tal cuál estaba, con sus faltas de ortografía y su profunda simpleza cautivadora.

jueves, 10 de febrero de 2011

En el metro y esas cosas

Se cruzan ambas miradas, llenas de significados y sentimientos, llenas de cariño y amistad. Ella le insiste quizás qué con la mitad de una sonrisa asomada en los labios color rojo y él se niega con ganas de reir, de todas formas ella sabe que él no aceptará, pero le gusta insistirle y daría mares por hacer ese momento infinito. El metro se eleva y el día nublado y lloviznante se asoma por cada rincón del lugar, ella se cuadra el chaleco fucsia que traía amarrado del bolso y él se acomoda el audífono del celular para seguir escuchando música.

Se sonríen y se sientan en el suelo, ella se rinde, sabe que él no aceptará haga lo que haga. Él comienza a tocar batería en el aire, llamando la atención de más de alguna persona que, ahogada por el olor viciado de los vagones, se encuentra en el mismo lugar y hora que ellos.

Las estaciones pasan sin tregua, ella maldice en sus adentros a los nuevos recorridos de Ruta Verde y Ruta Roja por hacer el viaje más corto y quitarle el precioso tiempo que comparte con su mejor amigo. La tarde fría, aunque cálida, (¿Quién comprende eso?, ni ella lo hace pero se le viene a la cabeza en el momento) transcurre tranquila entre risas y piernas entrelazadas, cosquillas en las rodillas, una cabeza descansando sobre un hombro y canciones nuevas que él le presenta a su compañera con el afán de hacerla partícipe de la música que él tiene inyectada en la mente. Se cruzan una que otra mirada cargada de emociones y pensamientos que las palabras no pueden expresar. La gente en el tren los mira de vez en cuando por las risas que rompen el silencio del lugar, quizás alguno recordará una amistad de juventud como la de ellos, otros sentirán esa solemne alegría que da al ver dos personas con las energías que ellos transmitían y uno que otro apostaba con risa a que de un momento a otro algún celular de cualquiera de los dos sonaría rompiendo el ambiente sempiterno y etéreo que las miradas de ambos habían construido.

Santa Ana, hay que hacer el transbordo ya. Él se pone de pie y le ofrece las manos a ella para pararla, pero ella lo mira con una sonrisa en la cara y sin esfuerzo alguno se pone de pie, se acomoda el bolso y caminan por la puerta del vagón perdiendose entre la masa de gente sudorosa y molesta que frecuenta el metro en el horario punta.

lunes, 10 de enero de 2011

Mujer

Mujer, el cielo esta amueblado por tus ojos.
Se hace mas alto el cielo en tu presencia,
Al irte dejas una estrella en tu sitio,
Mientras te sigue mi canto embrujado.
En donde estas triste noctámbula
Dadora de infinito que pasea por el bosque de los sueños.
Heme aquí perdido entre mares desiertos
Abrigado al recuerdo de tus labios marítimos…
Irías a ser ciega que dios te dio esos ojos
Te pregunto otra vez
Irías a ser muda, que dios te dio esas manos.
Haces dudar al cielo y al infierno
Con instintos de gloria…
Lejos de ti, todo es normal,
Porque eres la profundidad de cada cosa.
Lanzas la agonía como el beso que pasa…
Solo lo que piensa en ti, tiene sabor a eternidad.
He ahí tu estrella que pasa…
Sin embargo te advierto que estamos unidos a la misma estrella…
Estamos unidos a la misma sombra gigante
Agitada como árbol
Seamos ese pedazo de cielo…
Que seria la vida si no hubieras nacido...

Obra · ALTAZOR; Pasajero de su destino
Dirección Horacio Videla
Compañía Teatro Onirus

sábado, 1 de enero de 2011

World in my eyes

Es molesto, cada rincón de mi pieza me trae un recuerdo distinto de su amistad. Las paredes, una adornada con un reloj de pared naranjo que me dió en un cumpleaños lejano y en otra un cuadro de vidrio con una imagen de Placebo, obsequio suyo para una navidad.. La silla frente a mi computador tan intruseado por el y sobre el mismo escritorio una de mis flores favoritas de mi color favorito hechas con una hermosa técnica artesanal también regalados por él.

Desvío la vista, me duele ver tanto rastro suyo por todos lados. En una pequeña mesa descansa en un cuadro negro una foto nuestra un dia de septiembre del 2007. "Aahhgg" Se me arranca, suficiente, la escondo sobre una repisa y me dan ganas de escribir. En la libreta de hojas azules archivadas un monton de cartas suyas y muestras de cariño me apuñalan en el centro del pecho. Cierro molesta la libreta y la vuelvo a su lugar.

Planeo distraerme y me abandono al computador. Comencé a sonar luego de una pequeña busqueda "World in my eyes" de Depeche Mode y le permito a Gahan cautivarme con su voz grave y deslizo mis dedos por el teclado tipeando la dirección de una de las redes sociales más grandes y masivas de ahora último; Facebook.

No sé por qué ni cómo descubrí que terminó por eliminarme de todo lo que me podía eliminar. Así nada más terminó por extirparme. That's all there is dijo de pronto Grahan y yo lo maldije por su intervención.

Sentí algo crujir en mi pecho, fuerte, y una sensación de vacío invadió todo. Una mejor amistad no muere en un día ni en dos semanas ni tres meses. Un mar inquieto de desesperaciones me apenó y me hundió, y comencé a ahogarme en el mismo lugar que Espuma fue a quedar encadenada. Es una tontera el motivo por el que me dejé hundir si hasta yo misma veía venir éste instante. "Para siempre no existe" me repetí y caí en la cuenta de que es una de las únicas verdades en ésta tierra.

De todas formas, de algo me está sirviendo dejar esa faceta tierna que le entrego a los que quiero en la mazmorra más profunda de mi castillo de piedra y salir con una armadura de acero candente y ácido sulfúrico: todo sale de acuerdo al plan.