- Gabriel García Márquez

martes, 29 de noviembre de 2011

Aquella noche de viernes mientras todos se abrazaban llorando el ciclo que cerraban, yo te miré sin saber que hacer, hermosa mía, que estabas sola con la expresión ensimismada que siempre me cautivó. Tu me miraste y nos sonreímos. La noche te hacía ver más blanca y el cabello azabache más oscuro aún, como etérea. Así mismo nos disolvimos. Tu con tus compañeros y yo con mis conocidos, niña, y con el mismo miedo de hace un par de años me abstraí de decirte nada, y no me despedí ni yo de ti ni tu de mi.

Quién diría que hace un par de años, mujer, cuando pensaba en aquella noche, me armaba de convicción para decírtelo todo ¿Podrías creerlo? planeaba mirar tus ojos oscuros y confesarte que nunca nadie me había gustado ni me volvería a gustar de la forma en que tu lo hacías, te iba a decir que nadie nunca te amaría como yo lo hice.

Pero aquella funesta noche de viernes te miré encandilada de tu alma, como siempre lo hacía, y nos sonreímos para luego difuminarnos en un mar de caras melancólicas.

Hoy, me miré en el espejo y tu imagen viva se vino a frente a mis ojos, ¿Sabes? y con un escalofrío recorrí tu rostro marmolino con mis labios temblorosos, acaricié tu cabello negro con mis manos ensopadas de miedo y de un beso arrebaté de tus labios finos la sonrisa que llevabas, igual que la de aquel viernes fatal en la noche. Le hice el amor a tus memorias, besé hasta el último segundo de tu ensimismamiento e hice mía cada pulgada de tu recuerdo. Hoy me jodí tu imagen, viva en mi mente ¿Sabes? y cuando terminé me arrastré hacia mi reproductor de música, cual cigarro, y puse el tema que tantas veces soñé que te cantaba al oído, aquel que nada más escucharlo es revivirte, y rompí a llorar. Cada segundo de la canción lloré los centímetros de tu ausencia con un dolor reprimido, gélido y desgarrador, triste, ausente e imperante. Me harás falta ¿Lo sabes? se lo repetiré una y mil veces al viento.

Hoy es un día azul de primavera / Creo que moriré de poesía, /De esa famosa joven melancólica / No recuerdo ni el nombre que tenía. / Sólo sé que pasó por este mundo / Como una paloma fugitiva: / La olvidé sin quererlo, lentamente, / Como todas las cosas de la vida.

Me quedaré esperando que esta vez Nicanor Parra haya vomitado solo verdad.

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