
De pequeña ella jugaba a atrapar pensamientos suicidas con una red de mariposas y en una cajita pequeña esconderlos en el fondo del mar de donde no podrían salir jamás.
De pequeña siempre supo que si alguien le hacía un puntapié caería y llegaría al fondo del mar de donde tampoco podría salir, por lo que cuando no jugaba sobre la mar azul volaba hacia el sol y entre su calor se cobijaba para dormir. Cada noche la luna le hacía un cuento distinto o le cantaba alguna canción multicolor y los astros se apagaban entonces para dejarla descansar, las estrellas fugaces por la mañana le vestían de esplendor y sus alas peinaban para que la pequeña fuera reluciente, y es que no había nadie en el firmamento que no adorase a la pequeña Espuma.
Pero eran las criaturas marinas quienes aborrecían las actitudes de la pequeña Espuma, pues cada pensamiento que enjaulaba y dejaba en el fondo del mar solía huir de la pequeña cajita, mas no de las profundidades del azul, llevando la oscuridad y la maldad al océano. Cada día las sirenas se lo reprochaban al sol y éste les decía que era mejor que esto ocurriese en el fondo del mar a que ocurriese en la tierra y éstas debían solo adaptarse a vivir escondidos de la misma muerte que habitaba cada rincón de la mar.
Hasta que un día, por venganza pura, mientras la pequeña Espuma jugaba con su red de mariposas, fue Azulina, una sirena, quién tomó sus piernas mientras flotaba sobre el mar y la hundió llevándola hasta la parte más profunda del océano al lado de todas las cajitas que la niña había tirado alguna vez. La pequeña Espuma gritaba, mas sus gritos se convertían en burbujas que se perdían como se pierde una piedra que se arroja a un lago, y sus pulmones comenzaron a llenarse de agua salada que quemó su interior por completo. Con una cadena hecha de algas, Azulina amarró uno de los pies de la niña a una roca y se marchó para no volver jamás, no sin antes hacerla tragar unas algas que harían que le creciesen branquias para que la pequeña no muriera y se quedase para siempre en aquel abismo.
La pequeña desesperada imploró al Sol por ayuda pero sus gritos de infante se quedaron atrapados entre el agua que la rodeaba y en las algas se perdieron sin volver a dar señal. Y cada pensamiento comenzó a salir de sus escondites para aterrorizar a la pequeña Espuma.
El Sol y la Luna terminaron por separarse en su espera eterna por la pequeña, aún así éste cada día sale y observa el océano, por siempre esperando que la pequeña vuelva a cobijarse en su calor. En su furia asesinó a la sirena que le había quitado a la niña y sus restos los arrojó de vuelta al agua, condenó a las sirenas volviendo sus pieles pálidas y sus ojos intolerantes a la luz. Y por eso es que éstas no volvieron a mostrar sus rostros. Cada crepúsculo, el sol se esconde por el lado del mar para ver si es que puede encontrar a su pequeña Espuma y rescatarla de la oscuridad.
La luna triste cada noche asoma su rostro al firmamento esperando poder volver a cantarle una canción a Espuma, y por cada noche que asoma su rostro sin ver rastros de la pequeña hace una estrella diferente.
En la tierra los pensamientos suicidas y las penurias se extendieron felices causando destrozos en cada lugar que quedó al alcance de sus garras.
Cada noche, antes de dormir, la niña canta triste las canciones que recuerda haber escuchado alguna vez, y sus cantos atraviesan cualquier barrera material existente en el universo, son los cantos tristes del azul. Y cada pensamiento que queda en el mar atormenta a la pequeña Espuma, rompen sus alas furiosos y éstas llegan a la orilla de las playas junto con las olas quedando tendidas sobre la arena, formando una barrera que el mar no puede traspasar. Ésta brilla con los destellos que el Sol le proyecta y por la noche la Luna la hace resplandecer
Hermoso...
ResponderEliminarGENIAL!!!!! es demasiado bueno demasiado!
ResponderEliminarTe quiero mujer!
Te adoro, pequeña.
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