Como estrellas fugaces caen por el acaudalado camino que se les dispone, cortan sus pensamientos voladores con sus ruidos estruendosos y colores maravillosos. Piensa que le dan terror aquellos astros que disfrutan de desafiar la velocidad y se aterra con la simple idea de tener que nadar indefensa a través de aquel caudal despiadado. La luz se había cortado en el caserío y la noche caía solemne, tenaz y despiadada sobre cada figura que recorría la acera.
Pone un paso en la calle haciendo un acto heroico de valentía, y es que las estrellas caían con furia en ese preciso momento, la hora de los demonios.
Una bocina descontrolada vuelve a romper su cadena de pensamientos infinitos.
Sube el pie nuevamente a la acera y con recelo mira al dueño del terrible sonido, siente terror de volver a pisar la calle y tener que atravesar el mar de estrellas fugaces.
Saca un papelillo del bolsillo del chaquetón que andaba trayendo encima y se lo jala de una sola, da media vuelta y se pierde en la oscuridad como el resto de fantasmas que recorrían la acera a esa hora.
Y es que se la ganó la endemoniada calle
La oscuridad y las aceras son difíciles de entender, más si parece que todo te lleva a contradicciones.
ResponderEliminarHey, bienvenida. Te quiero.
AG.