Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y entonces no hay en la vida nada mejor que escribir..
- Gabriel García Márquez
viernes, 18 de octubre de 2013
Hago perfumes
Botellas transparentes de vidrio, alineadas en cuadrícula y con tapones de distintos tamaños para que no escapara la magia de adentro.¿Adentro? líquidos como pociones desconocidas, la mayoría transparentes, algunos amarillos como té descolorido, otros verde claro.
El día estaba nublado y con un vientito suave de esos que traen ganas de sentir. Le pregunté a aquel alquimista de todas las fragancias si tenía un olor dulce, entonces abrió una botellita y sentí como llegó a mi el olor, atractivo y desconocido, de un perfume caro.
Aunque a mi me saldría 5 mil.
Sacó una tira de papel que mojó en la poción y me la pasó por el dorso de la mano, olí y sentí la fragancia subir por mi nariz. Luego me mostró otra y otra, y los olores se mezclaron en mi nariz sin permitirme poder distinguirlos claramente. Yo disfrutaba los olores con ojos cerrados y pensaba cuál sería el perfume que podría escoger por primera vez en mi vida.
Si no me equivoco nunca había reparado en esa tiendita de sucedáneos de perfumes, pero descubrirla fue una sensación única e irrepetible, o tal vez sí, cuando se me acabe el Midnight Fantasy de 5 mil y decida ir esta vez por un Carolina Herrera o un 212.
Catalina
(Sintiendo)
domingo, 13 de octubre de 2013
Anoche se cumplió un año
No es que contase los días, es que de pronto reparé en ello.
Si tuviera, R., que contarte sobre lo que ha sido de mi vida hasta hoy en que se cumple un año desde que te escribiste en mi piel como una brasa caliente, y que se cumplen como 7 meses desde que te aparté de mi vida así de intransigente como suelo ser cuando pierdo la cabeza y necesito encontrarla, te diría que ha sido un sube y baja por momentos, y por momentos una llanura sin relieve alguno, de actividades que me eché encima con tal de no pensar tanto tanto en ti. Aunque aún no ha nacido el día en que no piense en ti desde que te conocí hace unos años ¡Qué tontera esta memoria! ¿Podrías creerlo? me imagino lo normal que debe seguir el curso de tu vida, a excepción de los problemas que supe que ha tenido tu familia desde hace como un mes, pero bueno, esto no se trata de escribirte, se trata de escribir... me.
Los primeros meses sin ti fue como una rehabilitación de una droga de esas que te toman la cabeza y no la sueltan y no la sueltan. Caí en una pena de amor poética y melancólica, le escribí mucho a mi soledad de ti ¿Sabes? y de pronto vientitos de lágrimas me acariciaban las mejillas y te amaba y te odiaba cada vez más. Decidí por esos entonces de marzo sacarte de adentro a fuerza de cargarme responsabilidades y tareas innecesarias - considerando la presión de tener que dar la PSU, para lo que queda ¿Cuánto? ¿Menos de dos meses? - y postulé una lista con mis amigos para ser del Centro de alumnos de mi colegio... Si, esa victoria lleva tu nombre tatuado en el anverso de mi frente. Entré a debate, aunque esta vez no me fue tan bien como el año pasado y terminé por salirme, en parte quizás, porque así en ese estado no fui muy capaz de tolerar las frustraciones. Y tenía el preuniversitario, que me hizo (y sigue haciendo) perderme horas escuchando batallas del pasado y datos sobre la aritmética tan desconocida para mi. Así se me ha ido el año, con un fantasma de tu nombre pegado a la espalda y entre los viajes en metro y la F12. De pronto me encontraba pensando en ti y extrañándote como los mil diablos, y de pronto me encontraba queriendo volver a echar vuelo. Pero de algo estuve siempre convencida, y es que no te volvería a buscar ni permitiría que tu lo hicieras. Así me obligué a quitarme la pena de amor.
Me sirvió mucho la compañía de mis más cercanos amigos, aunque ellos ni sabían las batallas que se libraban en mi interior, y la compañía de una compañera de vida que mi padre se encontró en el camino. Así fue como fui encontrándole de a poquito el gusto a volver a salir, a volver a vivir.
Tengo para contarte, y quizás sea la mayor tragedia que ha pasado por mis 18 años de historia, que 2 meses atrás más o menos, a mi Jacinta le encontraron una enfermedad ingrata en el corazón, y que la muerte de a poco me la fue quitando. Y a pesar de que hice, créeme, todo y absolutamente todo lo que estuvo a mi alcance para perdurar su compañía sin que sufriera, me la quitó esa putaza que es la muerte hace seis días. El 7 de octubre. Y con ella se me fue una parte grande de mi historia a las profundidades de la tierra. Tuve que ser yo quién decidió que le inyectaran la sobredosis de anestesia y me dejó mal de la cabeza toda la situación. Tengo para contarte, R., que ahora si que me quedé sola y eso me hizo recordarte tan de pronto. Sé dentro de todo, y quizás tu me dirías lo mismo si llegases a leer esto alguna vez, que así ya no sufre, sé que se fue a buscar nuevos cielos desde los que enviarme brisas de poesía y que realmente su intención nunca fue dejar mi corazón hecho trocitos irreconciliables. Es que a veces el cuerpo es tan contrario al alma, y por ese motivo es que el lado debajo de mi brazo, que era desde donde la Jacinta me iba a acompañar a irme a vivir al sur y a vivir el resto de nuestras vidas juntas, quedo vacío y ya imposible de volver a llenarse. Es que así es el amor, es irreemplazable.
Me temo que el resto, R., no ha tenido un auge muy significativo. Nadie me ha vuelto a gustar después de ti, nadie me ha vuelto a enamorar, aunque créeme lo he intentado, dejaste una huella imborrable en la historia de mis historias de amor sin amor. Por otra parte, te podría contar quizás que fuiste mi primero, pero no el último ni mucho menos el único... Creo que eso te lo debo agradecer, pues gracias a esa noche tibia de luna llena me hiciste conocer una faceta de nosotros los humanos que no siempre se descubre con la persona correcta. Podría contarte locuras, como que me tiré a tu primo hace unas semanas, y descubrí en su cuerpo más taurino y maduro un placer que no pensé podría experimentar, que días después conocí a un chiquillo que algo me llama la atención y que hemos estado en conversaciones, que no me considera mona, pero que tampoco sé que tan buenas expectativas podría generarme - me quedé, debo confesarte, con harto miedo de volver a sufrir después de ti - y que anoche fui a escuchar poesía a un bar cerca del Parque Bustamante, y conocí a una poetisa colombiana bellísima, como pájaro, que me quedó dando vueltas en la cabeza.
Ese ha sido quizás, un buen resumen de lo que ha sido mi vida sin ti. No sé si digno, no sé si entretenido, pero es como me las he arreglado desde que te hice partir y no opusiste resistencia. Te dejaría un beso como despedida, pero lo último que quisiera es volver a enamorarme de ti ahora que recién encuentro la luz al final del camino. Así que no te dejo un beso de despedida, ni tampoco un abrazo que eso es de amigos y creo que la amistad que teníamos los dos quedó relegada al lecho marino hace 7 meses más menos.
No sé que te dejo en realidad, lo mejor que te puedo dejar son estas palabras.
C.
viernes, 11 de octubre de 2013
Jacinta
Yo tenía una compañera de esas como personas entrañables.
Respondía al nombre de Jacinta. Con ella salía a caminar tardes enteras por las
calles cerca de mi casa y nos conversábamos la vida tranquilamente año tras año
de su vida y la mía, a veces la invitaba a dormir a mi pieza y eran sus ojitos
tiernos lo primero que veía por la mañana. Entonces me sentía muy feliz, sentía
que tenía a alguien y me di cuenta de cómo ella fue capaz de domesticarme.
La Jacinta partió en busca de nuevos cielos desde los que
mandarme poesía en gotitas de lágrimas desde las nubes, eso hace unos días, y a
mí no me cabe duda de que los animales si sienten y aman y confían y presienten
la proximidad de la muerte cuando llega en forma de catrina inmaculada.
Ahora – de las pocas veces que salgo al patio desde que
perdí los motivos para hacerlo – siento una puñalada en el pecho cuando veo que
ya no está en su casita y que el platito de comida ya no está lleno, pues
simplemente ya no está. No está ya tampoco mi Jacinta con su alegría ni sus
ganas de salir a pasear, ni sus ojos luminosos ni su colita que nunca dejaba de
moverse en cuanto me divisaba a la distancia. Ahora, aquí recluida como me
quedé en la tierra hostil como se volvió sin ella, espero que el universo en su
conjunto sea mucho más acogedor de lo que fue la enfermedad ingrata que la
aquejó los últimos meses. Y espero con mi alma, que me recuerde donde sea que
ande moviendo la colita, porque yo a mi perrita no la puedo olvidar. Y la amo
más allá (mucho más allá) de la muerte.
Catalina
(Me obligo a resignarme)
martes, 8 de octubre de 2013
Poema 15 (En la voz de Víctor Jara)
Me gustas cuando callas porque estás como ausente
y me oyes desde lejos y mi voz no te toca,
parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Me gustas cuando callas y estas como distante
y estas como quejándote, mariposa en arrullo,
y me oyes desde lejos y mi voz no te alcanza
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo,
te pareces a la noche callada y constelada
tu silencio, otra estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
distante y dolorosa como si hubieras muerto,
una palabra entonces una sonrisa bastan
y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
y me oyes desde lejos y mi voz no te toca,
parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Me gustas cuando callas y estas como distante
y estas como quejándote, mariposa en arrullo,
y me oyes desde lejos y mi voz no te alcanza
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo,
te pareces a la noche callada y constelada
tu silencio, otra estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
distante y dolorosa como si hubieras muerto,
una palabra entonces una sonrisa bastan
y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Pablo Neruda
lunes, 7 de octubre de 2013
Jacinta (Lunes 7 de octubre de 2013)
Te escurres entre un charco de brujos eclipsados
Se reducirá sin ti mi corazón a trocitos irreconciliables
Será un sinsentido discutirle la vida a la muerte irrevocable
Partirás una mañana en la que todas mis esperanzas callen.
Yo iba a gritarle a la vida su debilidad
Y a la muerte, que llega inaugurando de miseria caminos
Que conmigo no iba a cumplirse cualquier inexorable destino
Que mi alma y tus ojos nacieron libres pajarillos.
Llegará el día innecesario que nunca debía
Llegará entre soles y finales sobrantes
Se llevará entonces lo que más yo amo en este mundo, Jacinta
Se llevará tu alegría, autoritaria, en breves instantes.
Llegó la muerte como catrina inmaculada, Jacinta
A sentar en mi pecho un dolor sin precedentes
Hizo de mi calma una ilusión de antes
Y de mis ojos una triste agonía sangrante.
Vino en forma de sobredosis de amargura
A helar tu cuerpo, y junto a él la espesura
De nuestras tardes de conversaciones y caminos,
De juegos, de ruido.
Puedo decir que de ti aprendí más que en años de adiestramiento
Aprendí del cariño sin interés, de la alegría por la existencia
Y gradezco la lealtad y la compañía
Tu amor, tu confianza y la sincera alegría.
Mi niña, cuando se apagaron tus ojos te deseé buenas noches
Que tuvieses un buen viaje, te acurrucara la luna
Te peinaran las estrellas y te entibiara el cuerpo el sol
Yo me quedé aquí porque aún no aprendo a volar.
Me gustaría saber que el universo y su conjunto
Es mejor y más amable que esa enfermedad ingrata
Yo te amo más allá de la muerte
Y sabiendo que por ti hice
cuanto estuvo al alcance de mi accionar.
Pero es un sinsentido discutirle tu vida, Jacinta, a la muerte
irrevocable.
Catalina
(hecha bolsa)
martes, 1 de octubre de 2013
Entrevista a Marcos Camacho
O Globo: ¿Usted es del PRIMER COMANDO DE LA
CAPITAL (PCC)?
Marcola: Más que
eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca
me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la
miseria. El diagnóstico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas
villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía… ¿Qué
hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para
nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las
montañas o en la música romántica sobre “la belleza de esas montañas al amanecer”,
esas cosas…
Ahora estamos ricos
con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo.
Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social.
O Globo: Pero la
solución sería…
Marcola: ¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de “solución” ya es un error.
¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una “tiranía esclarecida” que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. Y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal de país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta “conference calls” entre presidiarios…)
Y todo eso costaría
billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la
estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución.
O Globo: ¿Usted no
tiene miedo de morir?
Marcola: Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva “especie”, ya somos otros bichos, diferentes a ustedes.
La muerte para ustedes es
un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para
nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común.
¿Ustedes intelectuales no
hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces ¡llegamos
nosotros! ¡Ja, ja, ja…! Yo leo mucho; leí 3.000 libros y leo a Dante, pero mis
soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país.
No hay más proletarios, o
infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada
en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las
cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya
surgió un nuevo lenguaje. Es eso. Es otra lengua.
Está delante de una
especie de post miseria.
La post miseria genera
una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares,
Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes.
O Globo: ¿Qué cambió
en las periferias?
Marcola: Mangos. Nosotros ahora tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio… Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, ¿entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y “colocado en el microondas”.
Ustedes son el estado
quebrado, dominado por incompetentes.
Nosotros tenemos métodos
ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en
terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte.
Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre
38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la
manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron
en “super stars” del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros
somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor.
Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y
productos vienen de afuera, somos “globales”. Nosotros no nos olvidamos de
ustedes, son nuestros “clientes”. Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de
la violencia que provocamos
O Globo: ¿Pero, qué
debemos hacer?
Marcola: Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí. ¡Agarren a “los barones del polvo” (cocaína)! Hay diputados, senadores, empresarios, hay ex presidentes en el medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata?
No tienen dinero ni para
comida de los reclutas Estoy leyendo “Sobre la guerra”, de Klausewitz. No hay
perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los
rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque. Si embroman, van a salir unos
Stinger. Para acabar con nosotros… solamente con una bomba atómica en las
villas miseria. ¿Ya pensó? ¿Ipanema radiactiva?
O Globo: Pero… ¿No
habrá una solución?
Marcola: Ustedes
sólo pueden llegar a algún suceso si desisten de defender la “normalidad”. No
hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia
incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el
centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen
salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame,
hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la
extensión del problema.
Como escribió el divino
Dante:
“Pierdan todas las
esperanzas. Estamos todos en el infierno”.
De O Globo
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