Podrían haber sido un millar las cosas que muerta de rabia le hubiese gritado al desierto con respecto a él, con respecto al puñado de cenizas en que quedó la amistad y con respecto a como se mancillaron mis manos y mi piel. Pero solo lo miré en su poderosa y sempiterna existencia y me libré de todo aquello, de las lágrimas y la rabia, y del rencor.
Una amistad es una amistad, por sobre cualquier cosa, ese lazo no se vulnera de ninguna forma, no puede ser así.
Me dejé ir entre los cerros y los pueblos coloridos, en el viento tempestuoso y el mar azul como ninguno (o como el cielo)
Catalina
(Con tanto que decir que me fallan las palabras)
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