La noche endiablada nos caía encima, yo frenética como nunca, el viento chocaba conmigo y me apegaba más a su cuerpo tibio, hundía más las manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero y de tanto en tanto lo escuchaba decirme algo y reir.Los vehículos se iban quedando atrás a nuestro paso, yo llevaba mil sensaciones encima y me agarraba más aún a su espalda, lo sentía respirando y dentro de mi nerviosismo por la primera vez que me abandonaba a esa aventura me sentía segura.
Nos escabullimos entre auto y auto con la moto, las luces se hacían una y la noche se hacía cómplice de mi frenesí. Concha y Toro se mostró amplía y vacía a nuestro paso como estrella fugaz.
Narcisa
No hay comentarios:
Publicar un comentario