
"(...) Quizás los detenga la carencia amarga que nos dejan las ausencias irreversibles. Y es que comenzamos a envejecer cuando el primer amigo se nos muere. Somos, a partir de entonces, una sucesión de muertes, hasta que nosotros mismos pasamos a ser el inicio del envejecimiento de alguien."
"El sueño recurrente"
Margarita Sánchez-Gallinal
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