- Gabriel García Márquez

martes, 26 de enero de 2016

Nos acabamos

Llegaste a mi pieza a decirme lo mismo que yo quería decirte a ti. Que ya no podemos más, que no servimos para esto.
Nos miramos un rato, tienes una mirada cargada de emociones, de belleza. Partiste hablando de Janis Joplin, que es lo que sonaba en mi computador. Terminaste solo el tema porque yo te miraba esperando que me dijeras lo inevitable.

Tienes demasiada culpa, no puedes seguir. Te gusto, crees que soy buena, la pasas muy bien conmigo porque soy interesante. Pero tienes demasiada culpa por lo que estás haciendo.

Lo comprendo, te juro que lo comprendo, porque yo soy igual.

Sé que te gusto, y tu también me gustas mucho - te dije - pero no quiero seguir con esto. Yo sirvo solo para entregarme completa e intensamente a las relaciones en las que me envuelvo, sean amigos, familiares, o lo que ambos alcanzamos a ser.

Solo fue una semana por dios, solo una semana. 
Tampoco quería seguir porque sentía su culpa, sus ganas de no seguir. Yo no sirvo para medias tintas ni para migajas. No sirvo para eso, no puedo ser la otra porque no es mi forma de ser.

Tu lo entiendes, te gusta que sea así, te gusto por muchas cosas. Pero no tiene sentido que sigamos en este juego. Me lo dijiste desde un principio. Así es, me lo dijiste.

Gracias por la dulzura y la sensibilidad. Te diste cuenta que no soy una mujer que se entregue tan fácilmente a cualquiera, que lo nuestro era especial, y por ello no quieres que nos hagamos daño.
Está bien, lo agradezco. Gracias por querer hablar de esto y no dejarlo así no más.
Gracias huachito, porque hace tiempo que no sentía que me gustaba alguien de forma tan intensa como me has estado empezando a gustar tu, Alonso.

Fue un placer, un gran gusto - te dije. 
Hablas como si fuera para siempre - me dijiste. 

Me diste un abrazo tibio, te fuiste de mi pieza y se me cayeron las lágrimas, no había vuelto a llorar por un hombre desde la última vez que me había enamorado.

Que suerte, y que triste, que lo nuestro haya durado solo una semana. Adiós.

lunes, 25 de enero de 2016

Exilio

A Raúl Gustavo Aguirre

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar una sombre.
La sombra no muere.
Y mi amor sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.

Alejandra Pizarnik

sábado, 23 de enero de 2016

Sigo siendo palabras adornadas de realidad

Hace unos meses escribí sobre las facetas de una Perséfone diversa e intensa. Hoy miro lo que ha sido este último tiempo y me doy cuenta que hacía una proyección de como iba a desenvolverme yo, sola.
La soledad de estos meses en un principio fue un trago amargo, a veces insípido, que me volvió frígida.
Llegó el verano y las vacaciones, y esta casa centenaria me llenó con guiños de colores. Entonces esta Perséfone se sumergió en las tinieblas, donde encontró a un Hades de varias facetas.
Hoy miro a esta Perséfone, volvió Narcisa, volví yo. Llena de risas y disfrutando como nunca de las personas, de las caricias que vengan de manos bien intencionadas, llenándome de planes y deseos para mi vida.
Hoy volví a leer poesía luego de mucho tiempo, he leído de esa poesía de los que están enamorados del amor y del socialismo, la poesía siempre es un buen indicador de intensidad. De que las pasiones que me mueven se despertaron y guían mis pasos.
También me he lanzado a escribir desde hace un tiempo, y siento como fluyen de mis dedos palabras que me gustan. Yo sé que de a poco, poquito, la poesía comenzará a brotar otra vez, quizás algún buen cuento.
Por mientras, seguiré en esta buena terapia de amor y vida. Mucha vida.

miércoles, 20 de enero de 2016

AAG

Entre los vaivenes de una noche de juerga en Prat fui a caer en los brazos de un hombre, apenas 3 años mayor que yo, pero muy grande de adentro. De aquellos de los que te enamoras perdidamnete, de los que te casas si te piden matrimonio, aún teniendo 20 años juro por dios que le diría que si, si él me lo pidiera.
Pero él ya tiene con quien compartir los días de su vida.
Por eso, quizás él no sea tan tan grande de adentro, o quizás si, y hace las mismas cosas que yo, contradecirse con los principios que jurabas inquebrantables.
¡Jamás me metería en una relación ajena!

¿Irías a ser ciego que Dios te dio esas manos?

Así me descubrió, con ganas de un polvo cualquiera, uno más de los tantos de esta casa, de un carrete. Descubrimos que gozábamos de lo mismo, y lo hice disfrutar de placer como él a mi, tanto que no recordaba la última vez que lo había pasado así. Y si tan solo hubiese sido eso ni si quiera habría llegado a este punto, porque luego del polvo vino una noche durmiendo abrazados, con su cuerpo tibio y su pierna sobre las mías, con su respiración tranquila, los vellos de su pecho rozando mis pechos. Y si tan solo hubiese sido eso ni si quiera habría llegado a este punto, porque vino una mañana de sonrisas y una noche más compartiendonos, conversandonos, descubriendo lo parecidos que somos, la química entre los dos. Vinieron más encuentros, más risas.

Pero se va. Se va a Brasil a estudiar por muchos meses, a Brasil donde su novia guapa y negra, brasilera, con quien ahora se mantiene a distancia. Y yo soy la otra, alguien que siempre dije que no sería.

Te pregunto otra vez
¿Irías a ser mudo que Dios te dio esos ojos?

Esta noche llegó de golpe, me dejaste con ganas de ti y te fuiste a dormir. Yo me sentí mal sin derecho a sentirlo. Con el derecho inexistente de una amante cualquiera. Que empezó a enamorarse y debe cortar todo lo antes ANTES posible.

Si tan solo hubiesen sido caricias sin cariño habría sido todo distinto. Pero ellas traían besos en la frente de un magallánico, jugador de rugby, ampliamente experimentado. Traían noches abrazada a un hombre dulce, que disfruta conversar tanto como yo, que le gusta bailar como a mi.
De un hombre comprometido, con culpas, que me advirtió que alguno de los dos se iba a enamorar del otro, por lo bien que nos llevamos. Que desde el principio dijo que se iría lejos.

A pasado todo tan rápido. Vivir intensamente siempre es un arma de doble filo.

viernes, 15 de enero de 2016

2016

Entre nuevos sentires y experiencias partí este año envuelta en una vorágine. Cosas que no creí que llegaría a experimentar a esta edad, en este momento de mi vida.
Estoy en el mejor momento que he vivido.
Probé las caricias de un joven y musculoso extranjero, de un hombre 15 años mayor que yo, de uno con ascendencia turca que trata de impresionar a todos (sin mucho material), casi a otro con que conversamos mucho.
Partí mi año en el techo de una casa centenaria mirando fuegos artificiales por donde volaran en Santiago, me envolví en el frenesí de la cocaína, entre las caricias de la marihuana cada día de este nuevo año Rodeada de gente que me hace reír y hago reír, disfrutando como nunca.
He vivido intensa, intensamente.
Y bien. En mi mejor momento.

Catalina.

sábado, 2 de enero de 2016

La despedida

https://www.youtube.com/watch?v=UOvk_4i_8hM

Llegué el 31 de diciembre a casa a pasarla con mis vecinos. Me duché, perfumé, y me embutí en el vestidito negro corto que mejor me hace ver las piernas. Fue a propósito. Porque en esta casa me estoy perdiendo entre caricias descariñadas pero intensas. Estaba ordenando la pieza, él apareció en el pasillo y me quedó mirando. Sonaba el disco Clandestino de Manu Chao.
No lo quiero en lo absoluto, solo caemos de vez en cuando en juegos de seducción, miradas y roces entre los pasillos. A veces me invita a su pieza a querernos sin amor. Esta vez estaba parado en la puerta de la mía mirándome descaradamente las piernas con una media sonrisa dibujada en los labios. Yo por mi parte, lo estaba disfrutando.

Ya estoy curado, anestesiado, ya me he olvidado de ti
Hoy me despido de tu ausencia, ya estoy en paz
Ya no te espero, ya no te llamo, ya no me engaño
Hoy te he borrado de mi paciencia, hoy fui capaz.

Ven. Fui. Me tocó los muslos y subió las manos de a poco, mi trasero, mis caderas. Nos besamos. Sentí como me iba mojando de apoco.

¿Una cortita? 

Psicopedagogo. Tiene 35 años y el pelo verde. Vende marihuana y jala cocaína (como todos aquí). Tomamos cerveza y fumamos cigarrillos casi todos los días con los demás vecinos. Hace unos días me invitó a tirarnos un ácido en el Parque O'higgins, probablemente vayamos este mes. Se ríe siempre con una risa estruendosa y sabe cocinar bien. Tiene tantos tatuajes en la piel como mujeres en el cuerpo. Se mimetiza con la bohemia de esta casa, al igual como yo me voy mimetizando de apoco.

Desde aquel día en que te fuiste yo no sabía que hacer de ti 
Ya están domados mis sentimientos, mejor así.

Le tomé la mano y lo metí a mi pieza. Cerró la puerta tras de si. Entre besos y risas fuimos hasta mi cama. Con unos besos en el cuello me sacó la ropa interior y sus pantalones. Me quedé abajo. Tiene los brazos fuertes. Esta fue la tercera vez que lo hicimos, en una sola semana.

Hoy me he burlado de la tristeza
Hoy me he librado de tu recuerdo
Ya no te extraño, ya me he arrancado
Ya estoy en paz.

Me penetró a buen ritmo. A veces me apretaba el cuello y me hacía retorcerme de placer. A veces me apretaba los pechos. Siempre mirándome a los ojos, de principio a fin. Al terminar nos reímos, nos vestimos y volvimos a hacer como si no pasara nada más que sana camaradería entre los dos.

El año 2015 comenzó a acabarse entre vaivenes confusos, extraños, mareadores. Siempre placenteros.