Te fuiste.
Esta vez sin llantos, sin rodeos, sin promesas. Te fuiste. Me devolviste las llaves de mi pieza, de mi corazón.
De mi cuerpo.
Y me quedé sangrando, como una herida que parte desde el centro de mi pecho y baja hasta el vientre. Parece una herida mortal. Pero también es una pena como una piedra fría en la garganta y en el estómago, que no me deja hablar de lo sucedido. Siento pena, Siento. Siento.
Siento intensamente, como siempre fuimos los dos. Momentos buenos, momentos malos, siempre intensos. Siempre.
Contigo se fueron las risas tiernas, nuestras formas de hablar como niños pequeños, como yankis al peo. Como árabes en guerra. Se fueron los ataques de cosquillas, las conversaciones profundas sobre nuestras raíces. Se fue la paz del alma y la intensidad de mis pasiones. Y como toda tristeza profunda que inunda a mi existencia, llegan las palabras para desangrarme.
Eres un mar que se recogió ante la inminencia de la catástrofe. Quizás para mejor, si, para mejor. Te fuiste silencioso, no me dejaste acompañarte hasta la puerta. Menos teatro para poder desprenderte de mi.
Yo estuve a punto de salir corriendo tras de ti, como una niña pequeña que corre detrás de quien ama. Pero me reprimí, no sé si por vergüenza, por hastío o por madurez. Por hacerme cargo de todo lo que estaba sintiendo, También siento que te amo y te extraño, que me dueles profundamente. Me duele el tiempo que compartimos nuestra vida y las ilusiones de proyectarla, de irnos lejos, al sur. De salir de vacaciones, de irnos a acampar. Me duele por lo vivido, por la desnudez de nuestras almas, por la profundidad de la vida que compartimos.
Me duele haber imaginado el ocaso de mi vida junto a ti y ahora dejar que eso se vaya por un cauce lento y constante. Y esto recién está empezando. Te amo, te amo, M. Te amo.
11 de septiembre. Un ataque en contra de la centralidad de mi persona de este último tiempo. Un año y 7 meses de nuestras vidas compartidos en una unión honda como las profundidades del mar, entrelazadas, cauces de peces multicolores que ahora se alejan. Estoy en la superficie de un océano, nadando, sola, encontrándome. Con riesgo de ahogarme.
Te amo con la profundidad de mi alma, por los años de amistad compartidos y la ternura de tu alma. Por la lealtad y el compromiso, por tu apertura de aceptarme y ayudarme a aceptarme a mi misma. Gracias por todo, gracias por ayudarme tanto cuando te necesité, gracias por trabajar en cambiar lo que nos hacía daño y te hacía daño a ti, pero espero que ahora puedas seguir por ti mismo. Quizás te ayude a avanzar más rápido, a despertar. Te deseo lo mejor, aunque nunca llegues a leer esto.
Eres un valioso, validero porque luchas por ti, a tus tiempos, con calma, pero no te rindes, por tu sensibilidad y tu razonamiento, porque aprecias lo simple y te gustan las montañas. Montañas entre las que nos perdimos, montañas de deseo y sentimientos gigantes.
Soy un huracán de sentimientos en este momento, y en lo venidero.
Estoy rota. Estoy sangrando, fluyo. Te amo.
Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y entonces no hay en la vida nada mejor que escribir..
- Gabriel García Márquez
viernes, 11 de septiembre de 2015
domingo, 23 de agosto de 2015
Persefone
Persefone tiene más dimensiones de las que cualquier humano corriente podría imaginar.
Ella es libre, de una libertad que resabe a frutillas y al olor del viento de lluvia. Aquel que es tibio y mueve a los árboles haciéndolos parecer bailarines de una danza que solo ellos entienden. Los humanos, simples, solo creen que los árboles los saludan cuando el viento hace flamear sus ramas. Solo los árboles entienden las verdades que esconden sus bailes tranquilos.
Persefone entiende esto y mucho más. Ella es la causante de que exista la primavera del mundo con sus brotes de pájaros y flores, así como provoca que el mundo se vista de invierno con tempestades y chimeneas.
Ella tiene sueños. Sueña, si, muchas veces, con un Hades que la toca y con sus manos la lleva a lugares recónditos de los sentidos. Juguetea en sus cabellos y le susurra poesía a los oídos. Vuelve la realidad escurridiza pues no importa nada más.Son el juego de la luz y las tinieblas. Primavera y oscuridad. Y tiene tantas facetas, que junto a Hades es reina de todo aquello que es oscuro. Y sin él, surgen ríos cristalinos y el canto de las garzas adquiere muchos colores.
Ella es libre, de una libertad que resabe a frutillas y al olor del viento de lluvia. Aquel que es tibio y mueve a los árboles haciéndolos parecer bailarines de una danza que solo ellos entienden. Los humanos, simples, solo creen que los árboles los saludan cuando el viento hace flamear sus ramas. Solo los árboles entienden las verdades que esconden sus bailes tranquilos.Persefone entiende esto y mucho más. Ella es la causante de que exista la primavera del mundo con sus brotes de pájaros y flores, así como provoca que el mundo se vista de invierno con tempestades y chimeneas.
Ella tiene sueños. Sueña, si, muchas veces, con un Hades que la toca y con sus manos la lleva a lugares recónditos de los sentidos. Juguetea en sus cabellos y le susurra poesía a los oídos. Vuelve la realidad escurridiza pues no importa nada más.Son el juego de la luz y las tinieblas. Primavera y oscuridad. Y tiene tantas facetas, que junto a Hades es reina de todo aquello que es oscuro. Y sin él, surgen ríos cristalinos y el canto de las garzas adquiere muchos colores.
sábado, 22 de agosto de 2015
La mar-cha en el puerto
El día estaba nublado y de tanto en tanto se dejaba caer la lluvia. El puerto se veía gris, el mar lo estaba, lo estaba el cielo y las calles, los cerros, lo estaban los uniformados.
Los lienzos llenan el ambiente, por sus consignas, llenan de vida, de gente, y la Plaza de la Victoria está henchida de un aire de voluntad y compromiso, de lucha. Y corre viento helado, y todos están abrigados tanto como pueden, pero la atmósfera es cálida, todos tenemos un objetivo común, tanto estudiantes como trabajadores, como pobladores y profesionales. La lucha de todos es la misma. Y reivindicarla nos convoca. Entonces tampoco está tan helado, cuando se comienza a caminar y los cantos salen de la garganta entra un calorcito agradable por los poros, el cielo se ve un poco más azul y a las casas de los cerritos les vuelven los colores.
Avanzan bloques unidos cantando lemas de libertad y de unión.
La marcha avanza así como un río que fluye lento, los cantos son peces que saltan y se hacen ver. Es imposible sentirse solo cuando se está mar-chando. Se ven las risas, se huelen las convicciones, se escuchan sonrisas y se sienten las banderas rojas, moradas y negro, verdes y blanco. Todas representando mensajes, izadas por quienes creen en ellos. Se grita por libertad, una distinta a los que propugnan aquellos peces gordos que ocultan el sol.
La idea es llegar al congreso, pero antes, como siempre, esperan los uniformados con sus armas de represión y "contención" hechas para amedrentar. Pero hay algo que no entienden: a ellos y a quienes defienden los mueve el dinero, a los que marchan los mueve algo mucho más profundo e inquebrantable: la convicción, la esperanza, la razón.
Las casitas de colores se ven un poco tristes cuando el escenario está ambientado por los chorros de la maquinería de represión, cuando los gases hacen llorar forzadamente a quienes gritan exigiendo lo que es justo. Y por eso la atmósfera se debate entre la frialdad del uniforme y el calor del manifestante.
Finalmente ocurre lo de siempre: ganan los uniformados, cuales tiburones que desgarran la unidad física de los mar-chantes. Pero eso es una batalla de muchas otras.
Y es que al final, cuando la mayoría se levante como una marea inquebrantable capaz de sacudir cualquier estructura hasta sus cimientos, cuando eso pase, habremos conquistado la libertad tan largamente exigida.
Las letras siempre se quedan
A veces, muchas veces, pasa que la vida tiene un ritmo acelerado y vacilante, a veces bueno, a veces malo.
Siempre intenso.
Estos últimos años mi vida se ha vuelto una vorágine de caras y pensamientos. La verdad, no ha parado de serlo desde que dejé un amor tranquilo que tuve más chica, y comencé a irme de una casa a otra. Hoy vivo sola, con mi gato, y tengo un buen amor (a diferencia del ritmo acelerado de la vida) casi siempre bueno, a veces malo. Siempre intenso.
Soy una persona que ha florecido, aunque a veces soy taciturna y solitaria, la mayor parte del tiempo prefiero reír y me encanta observar a las personas conversar. A veces llevo el ritmo de las conversaciones, y me gusta que la gente se ría cuando hay razones para hacerlo. Detesto las impresiones previas que derivan en juicios innecesarios. Todos somos un valle con miles de hierbas, algunos con flores y animalitos que corretean, otros con ríos. A veces, la gente deja que su alma se seca, lo que (la mayor parte de las veces) deriva en un incendio que te obliga a reinventarte.
Me gusta conocer lugares nuevos, añoro irme al sur, estoy estudiando una carrera interesante que me llena de nuevos cristales desde los que espiar a la realidad. Mi existencia sigue estando compuesta de realidad.
Hace casi dos años se fue mi Jacinta. Siempre pensé que en cuanto ella se fuera, la poesía también se iría lejos de mi, pues la acompañaría en su viaje astral a aquellos buenos lugares que mi perra se merecía. Quizás ha sido un poco así, aún pienso mucho en ella y la extraño, veo sus ojos reflejados en cada animal mimado y cariñoso que conozco. Y dejé de escribir, o al menos, reduje mi ritmo de escritura notoriamente ¿Por qué? a veces el corazón se apaga y el mundo sigue girando sin parar.
Me alejé de las letras, como se alejan a veces los grandes hombres y las grandes mujeres de sus pasiones. Pero las letras siempre están y se quedan. Como un mar tranquilo o tormentoso que de pronto amenaza con levantarse e inundar toda la existencia.
Un mar que guarda en su lecho peces multicolores y estrellas de un naranjo brillante. Con anémonas tranquilas y ballenas azules. Un mar en el que se han ahogado los pensamientos tristes y por el que navegan mis sueños y anhelos. Sobre el mar de las letras, brilla el sol intenso de mi existencia.
Eso pasa a veces, nos alejamos de lo que más amamos, porque las imágenes y los paisajes que muestra el mundo parecen ser más interesantes, también porque a veces se atraviesan problemas y tristezas más grandes de lo que la creatividad puede abarcar.
Pero a veces, como en mi caso, las letras aguardan silenciosas su momento de aparecer y pedirte un poco de atención. En mis letras sigue viviendo la Jacinta y aquella niña que soñaba con llevarla a viajar por el mundo. Las letras hoy viajan conmigo a donde me vaya.
Siempre intenso.
Estos últimos años mi vida se ha vuelto una vorágine de caras y pensamientos. La verdad, no ha parado de serlo desde que dejé un amor tranquilo que tuve más chica, y comencé a irme de una casa a otra. Hoy vivo sola, con mi gato, y tengo un buen amor (a diferencia del ritmo acelerado de la vida) casi siempre bueno, a veces malo. Siempre intenso.
Soy una persona que ha florecido, aunque a veces soy taciturna y solitaria, la mayor parte del tiempo prefiero reír y me encanta observar a las personas conversar. A veces llevo el ritmo de las conversaciones, y me gusta que la gente se ría cuando hay razones para hacerlo. Detesto las impresiones previas que derivan en juicios innecesarios. Todos somos un valle con miles de hierbas, algunos con flores y animalitos que corretean, otros con ríos. A veces, la gente deja que su alma se seca, lo que (la mayor parte de las veces) deriva en un incendio que te obliga a reinventarte.
Me gusta conocer lugares nuevos, añoro irme al sur, estoy estudiando una carrera interesante que me llena de nuevos cristales desde los que espiar a la realidad. Mi existencia sigue estando compuesta de realidad.
Hace casi dos años se fue mi Jacinta. Siempre pensé que en cuanto ella se fuera, la poesía también se iría lejos de mi, pues la acompañaría en su viaje astral a aquellos buenos lugares que mi perra se merecía. Quizás ha sido un poco así, aún pienso mucho en ella y la extraño, veo sus ojos reflejados en cada animal mimado y cariñoso que conozco. Y dejé de escribir, o al menos, reduje mi ritmo de escritura notoriamente ¿Por qué? a veces el corazón se apaga y el mundo sigue girando sin parar.
Me alejé de las letras, como se alejan a veces los grandes hombres y las grandes mujeres de sus pasiones. Pero las letras siempre están y se quedan. Como un mar tranquilo o tormentoso que de pronto amenaza con levantarse e inundar toda la existencia.
Un mar que guarda en su lecho peces multicolores y estrellas de un naranjo brillante. Con anémonas tranquilas y ballenas azules. Un mar en el que se han ahogado los pensamientos tristes y por el que navegan mis sueños y anhelos. Sobre el mar de las letras, brilla el sol intenso de mi existencia.
Eso pasa a veces, nos alejamos de lo que más amamos, porque las imágenes y los paisajes que muestra el mundo parecen ser más interesantes, también porque a veces se atraviesan problemas y tristezas más grandes de lo que la creatividad puede abarcar.
Pero a veces, como en mi caso, las letras aguardan silenciosas su momento de aparecer y pedirte un poco de atención. En mis letras sigue viviendo la Jacinta y aquella niña que soñaba con llevarla a viajar por el mundo. Las letras hoy viajan conmigo a donde me vaya.
sábado, 21 de marzo de 2015
Familia de cuervos
Se mezclaron sin quererse,
el producto fue una pelea, fui yo.
La vida la convirtieron en lo mismo
tira y afloja, nada con sentido,
amarguras
a veces risas
frustraciones
siempre por separado.
Uno dejó el nido lleno de amargura
la otra, desde lejos, cree que las cosas andan bien
yo les saco los ojos a todos, todos estamos ciegos.
Yo ahora estoy sola, ahora solo estoy yo
rodeada de una nube negra de calumnias
blasfemias, profanaron mi cariño.
En estos días, lo único que pienso
es que mi oscuridad se pierda
en la oscuridad de la noche.
Días llenos de sinsabores. A ratos la vida me cansa más de lo recomendable.
Mi familia llena de conventilleos en torno a mi, cada vez me inventan peor. Pareciera que nunca basta con acusarme de una cosa tras la otra. A todo el mundo le gusta quedarse con una versión. La mayoría ni si quiera me conoce, pero se siente capacitado para hablar de mí. Creo que (necesito) desplegar estas alas heridas, atrofiadas, que tengo en la espalda e irme lejos, no verlos más. Estoy cansada, a ratos los detesto, a veces siento pena por ellos, en realidad no sé bien qué es real. Todo el tiempo quiero desaparecer.
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