A veces, muchas veces, pasa que la vida tiene un ritmo acelerado y vacilante, a veces bueno, a veces malo.
Siempre intenso.
Estos últimos años mi vida se ha vuelto una vorágine de caras y pensamientos. La verdad, no ha parado de serlo desde que dejé un amor tranquilo que tuve más chica, y comencé a irme de una casa a otra. Hoy vivo sola, con mi gato, y tengo un buen amor (a diferencia del ritmo acelerado de la vida) casi siempre bueno, a veces malo. Siempre intenso.
Soy una persona que ha florecido, aunque a veces soy taciturna y solitaria, la mayor parte del tiempo prefiero reír y me encanta observar a las personas conversar. A veces llevo el ritmo de las conversaciones, y me gusta que la gente se ría cuando hay razones para hacerlo. Detesto las impresiones previas que derivan en juicios innecesarios. Todos somos un valle con miles de hierbas, algunos con flores y animalitos que corretean, otros con ríos. A veces, la gente deja que su alma se seca, lo que (la mayor parte de las veces) deriva en un incendio que te obliga a reinventarte.
Me gusta conocer lugares nuevos, añoro irme al sur, estoy estudiando una carrera interesante que me llena de nuevos cristales desde los que espiar a la realidad. Mi existencia sigue estando compuesta de realidad.
Hace casi dos años se fue mi Jacinta. Siempre pensé que en cuanto ella se fuera, la poesía también se iría lejos de mi, pues la acompañaría en su viaje astral a aquellos buenos lugares que mi perra se merecía. Quizás ha sido un poco así, aún pienso mucho en ella y la extraño, veo sus ojos reflejados en cada animal mimado y cariñoso que conozco. Y dejé de escribir, o al menos, reduje mi ritmo de escritura notoriamente ¿Por qué? a veces el corazón se apaga y el mundo sigue girando sin parar.
Me alejé de las letras, como se alejan a veces los grandes hombres y las grandes mujeres de sus pasiones. Pero las letras siempre están y se quedan. Como un mar tranquilo o tormentoso que de pronto amenaza con levantarse e inundar toda la existencia.
Un mar que guarda en su lecho peces multicolores y estrellas de un naranjo brillante. Con anémonas tranquilas y ballenas azules. Un mar en el que se han ahogado los pensamientos tristes y por el que navegan mis sueños y anhelos. Sobre el mar de las letras, brilla el sol intenso de mi existencia.
Eso pasa a veces, nos alejamos de lo que más amamos, porque las imágenes y los paisajes que muestra el mundo parecen ser más interesantes, también porque a veces se atraviesan problemas y tristezas más grandes de lo que la creatividad puede abarcar.
Pero a veces, como en mi caso, las letras aguardan silenciosas su momento de aparecer y pedirte un poco de atención. En mis letras sigue viviendo la Jacinta y aquella niña que soñaba con llevarla a viajar por el mundo. Las letras hoy viajan conmigo a donde me vaya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario