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| Y el desierto, por la noche, es lo único que me pide el cuerpo. |
La oscuridad de esa habitación por la noche se me viene de nuevo a la cabeza, el tintineo de tu cinturón desabrochándose. La mayor mancilla que llevo en la piel.
Mi inocencia que, guiada por tus manos frías, se fue perdiendo de a poco a medida que pasaban los segundos.
Vuelvo a abrir los ojos y me encuentro con el día. Es mi conciencia, que a penas me deja respirar.
Catalina.

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