Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y entonces no hay en la vida nada mejor que escribir..
- Gabriel García Márquez
martes, 18 de abril de 2017
Auto explicación
A quienes sentimos necesidad de escribir nos pasa que nos ahogamos. La Pizarnik era una de esas. Estas noches me siento acompañada por su angustia y su desesperación. Esa desesperación que hace envolverse en los propios brazos, bajo la oscuridad de la noche, dentro del encierro de la habitación.
Las noches de insomnio siento que la humanidad se me cae a pedazos. Se me desarma, se me escurre y me rebelo contra las palabras - que son las únicas que rondan mi cabeza en las noches solitarias de mi desesperación-. Me rebelo repasándolas en mi cabeza hasta que pierden sentido, hasta que ya no entiendo qué significan ni por qué me gustan: creo que lo hago para terminar de apartarme de ellas, lo poco que me hace sentido, para abrazar la tristeza que pocos me conocen, las lágrimas que casi nadie. El orgullo rabioso, la dignidad intransable, la soledad en consecuencia de.
Así es ese vacío que siempre cargo encima. Con su propio peso, su propia densidad, con la expresión de orgullo que me llena la cara cuando creo que no debo reconocer algo. Una tristeza y vacío que parecen venir de las adicciones ingenuamente controladas, de sentirme grande -injustamente- tan pequeña, de creerme tan pequeña y vulnerable, cuando a la fuerza me volví grande.
Tengo distintas nostalgias en las que cobijarme, dependiendo de la noche. Muchas son por el pasado, por las cosas que dejo de hacer, la mayoría por las cosas que de una u otra forma me espero. Otras son angustias, esperanzas (casi lo mismo, dos caras de una misma moneda) de todo lo que quiero cambiar, arreglar; el mundo entero.
Por eso también milito, la vida también - no sé si desde antes o después que las tristezas - me da mucha rabia. Rabia porque nunca me ha hecho sentido todo el sufrimiento que viven las mujeres y los hombres por ser subordinados a otros, realidad de la que mi propia familia nunca fue ajena y que a mi me afectó llenándome de traumas y rabias por frustraciones de las que no (o quizás si, pero sin querer) soy culpable. Militar es algo necesario si no te quieres morir en esa rabia, si las instituciones no te convencieron de que puedes ignorar esa rabia (más bien, transformarla en conformidad), o si no tienes tanta plata para eludir sus causas. Nunca te deja de dar rabia (la sociología, la izquierda, el feminismo) pero te hacen entender sus motivos. Por eso me muevo.
Pero la tristeza me detiene, me vuelve una humanidad (demasiado grande y pequeña a la vez) que se resquebraja sobre la cama, sufriendo de insomnio, viendo las horas pasar. La poesía es un buen indicador de intensidad, repasar un poema como el de Benedetti o Huidobro puede llevar a compartir la más profunda alegría del romance y el socialismo (cosas inmensamente necesarias en la vida), y comprender a Pizarnik o Violeta Parra te hacen entender, como decía la Viola, que la vida no es una fiesta. La tristeza es difícil de explicar, y cuando un poema se aventura en ese solidario propósito, no soy capaz de digerir más de 2 o 3 de corrido. Se siente y va doliendo, pero va ayudando a entender la propia existencia enmarañada, los dibujos de los brazos (siempre con distintos orígenes), la autodestrucción -consciente y constante- a la que me abandono. A nosotras nos piden el doble, y por el doble de exigencias recibimos la mitad, decepcionamos el triple. Por eso creo que la tristeza que una lleva es más profunda que cualquier otra, más difícil de desentrañar para entender.
Escribir es dejarlo todo fluir. Comprender, acceder. Escribir es podar el árbol de fantasmas para que no tapen el sol. Es lanzar un salvavidas necesario para no ahogarse en el océano con que se inunda una cada cierto tiempo. Escribir es auto explicarse las tristezas ancestrales que una carga. Para hacerlo se necesita buena memoria; yo tengo una de esas que permite guardar recuerdos de cuando ni si quiera sabía hablar, donde seguramente hubo palabras que no entendía y emociones que se me transmitieron por los gestos y proximidades, por los colores con que recuerdo aquellas escenas. La memoria es un artificio invaluable a la vez que trágico. Me permite mecerme en estas nostalgias que me quitan el hambre, que no termino de entender. La memoria está a la base de la pena y de la rabia, y por la misma es que miles no olvidamos ni perdonamos tantas cosas. Todo se relaciona.
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