- Gabriel García Márquez

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Apología a la imaginación

Sin entender bien cómo, ni el pretexto, por la ventana de mi habitación se entra el sonido del mar. Cuando tengo puesta  música  se hace más evidente; suena detrás de todo, aún detrás de la música de fondo.  Siempre llega por las noches.

A veces pasan camiones y carros por la calle, y entonces pareciera que al salir habrá una costanera transitada de lugareños y turistas que le tiran fotos a cada ola, cada pájaro, cada embarcación que transita por el mar. A veces pienso en mirar por la ventana para verlos cada uno en su terreno, quienes reptamos por el cemento y las ciudades, la infinidad de los que transitan por el mar, la perfección de quienes pueden transitar los 3. Pienso en mirar con los ojos cerrados y sentir el viento salino que te seca los labios y la piel, la humedad que se impregna a la ropa. Pero mi ventana es muy pequeña y está muy alta para poder sentarme a mirar.

Quizás por eso se entra el sonido del mar todas las noches para hacerme compañía.

A veces es tan convincente que puedo imaginar las olas rompiendo contra los pedregales al llegar a la orilla. Imagino las ráfagas de viento que se cortan al rozar mis ventanas, e incluso imagino los noctámbulos como yo que han de transitar entre arena y pedregal, mares y viento.

En una ciudad mediterránea no se encuentra el mar. En una ciudad atestada no se escucha el viento. Donde todo es cemento y máquinas (que de noche suenan como el mar) no vuelan pájaros nadadores. Pero la memoria es la base firme que erige nuestra -imaginativa- resistencia.

martes, 18 de abril de 2017

Auto explicación


A quienes sentimos necesidad de escribir nos pasa que nos ahogamos. La Pizarnik era una de esas. Estas noches me siento acompañada por su angustia y su desesperación. Esa desesperación que hace envolverse en los propios brazos, bajo la oscuridad de la noche, dentro del encierro de la habitación.
Las noches de insomnio siento que la humanidad se me cae a pedazos. Se me desarma, se me escurre y me rebelo contra las palabras - que son las únicas que rondan mi cabeza en las noches solitarias de mi desesperación-. Me rebelo repasándolas en mi cabeza hasta que pierden sentido, hasta que ya no entiendo qué significan ni por qué me gustan: creo que lo hago para terminar de apartarme de ellas, lo poco que me hace sentido, para abrazar la tristeza que pocos me conocen, las lágrimas que casi nadie. El orgullo rabioso, la dignidad intransable, la soledad en consecuencia de.
Así es ese vacío que siempre cargo encima. Con su propio peso, su propia densidad, con la expresión de orgullo que me llena la cara cuando creo que no debo reconocer algo. Una tristeza y vacío que parecen venir de las adicciones ingenuamente controladas, de sentirme grande -injustamente- tan pequeña, de creerme tan pequeña y vulnerable, cuando a la fuerza me volví grande.
Tengo distintas nostalgias en las que cobijarme, dependiendo de la noche. Muchas son por el pasado, por las cosas que dejo de hacer, la mayoría por las cosas que de una u otra forma me espero. Otras son angustias, esperanzas (casi lo mismo, dos caras de una misma moneda) de todo lo que quiero cambiar, arreglar; el mundo entero.
Por eso también milito, la vida también - no sé si desde antes o después que las tristezas - me da mucha rabia. Rabia porque nunca me ha hecho sentido todo el sufrimiento que viven las mujeres y los hombres por ser subordinados a otros, realidad de la que mi propia familia nunca fue ajena y que a mi me afectó llenándome de traumas y rabias por frustraciones de las que no (o quizás si, pero sin querer) soy culpable. Militar es algo necesario si no te quieres morir en esa rabia, si las instituciones no te convencieron de que puedes ignorar esa rabia (más bien, transformarla en conformidad), o si no tienes tanta plata para eludir sus causas. Nunca te deja de dar rabia (la sociología, la izquierda, el feminismo) pero te hacen entender sus motivos. Por eso me muevo.
Pero la tristeza me detiene, me vuelve una humanidad (demasiado grande y pequeña a la vez) que se resquebraja sobre la cama, sufriendo de insomnio, viendo las horas pasar. La poesía es un buen indicador de intensidad, repasar un poema como el de Benedetti o Huidobro puede llevar a compartir la más profunda alegría del romance y el socialismo (cosas inmensamente necesarias en la vida), y comprender a Pizarnik o Violeta Parra te hacen entender, como decía la Viola, que la vida no es una fiesta. La tristeza es difícil de explicar, y cuando un poema se aventura en ese solidario propósito, no soy capaz de digerir más de 2 o 3 de corrido. Se siente y va doliendo, pero va ayudando a entender la propia existencia enmarañada, los dibujos de los brazos (siempre con distintos orígenes), la autodestrucción -consciente y constante- a la que me abandono. A nosotras nos piden el doble, y por el doble de exigencias recibimos la mitad, decepcionamos el triple. Por eso creo que la tristeza que una lleva es más profunda que cualquier otra, más difícil de desentrañar para entender.
Escribir es dejarlo todo fluir. Comprender, acceder. Escribir es podar el árbol de fantasmas para que no tapen el sol. Es lanzar un salvavidas necesario para no ahogarse en el océano con que se inunda una cada cierto tiempo. Escribir es auto explicarse las tristezas ancestrales que una carga. Para hacerlo se necesita buena memoria; yo tengo una de esas que permite guardar recuerdos de cuando ni si quiera sabía hablar, donde seguramente hubo palabras que no entendía y emociones que se me transmitieron por los gestos y proximidades, por los colores con que recuerdo aquellas escenas. La memoria es un artificio invaluable a la vez que trágico. Me permite mecerme en estas nostalgias que me quitan el hambre, que no termino de entender. La memoria está a la base de la pena y de la rabia, y por la misma es que miles no olvidamos ni perdonamos tantas cosas. Todo se relaciona.

Pizarnik

“Necesitas límites mentales. Necesitas no esperar. Necesitas no esperar nada de los demás. Necesitas no traficar con tu dolor. Necesitas orgullo y soledad. Necesitas orden. Necesitas poesía.”

“hay que llorar hasta romperse (…)
gritar tanto para cubrir los agujeros de la ausencia (…)”

“A veces también se me acaban las sonrisas para ti, a veces también se me acaban las ganas de escribirte. Pero te quiero, ojalá lo entiendas, siempre te quiero, pero a veces mis abrazos no tienen calor y mi boca no sabe que decir… Pero te quiero, siempre te quiero, cuando no te convengo, cuando no me soportas, cuando te odio, te quiero.”

"Haz que no muera sin volver a verte."

“Y yo me cubro, yo me envuelvo, me mezo en mi nostalgia preferida, me abrazo a la almohada y lloro, me avergüenzo de mi edad y no comprendo por qué, tan de repente, ya no soy una niña.”

“Sonríe, pero está muerto, y cuando alguien está muerto,
muerto está por más que sonría.”

“Palabras, palabras… El amor es otra cosa. Y no me importa que maltraten el mío ni que lo castiguen con la indiferencia más extrema. Yo sé que es real, yo sé que existe y me duele más que mi vida (…)”

“Y yo pensé que tal vez la poesía sirve para esto, para que en una noche lluviosa y helada alguien vea escrito en unas líneas su confusión inenarrable y su dolor.”

“Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al malo. Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos ¨

“Si leo, si compro libros y los devoro, no es por un placer intelectual (yo no tengo placeres, sólo tengo hambre y sed) ni por un deseo de conocimientos, sino por una astucia inconsciente que recién ahora descubro: coleccionar palabras, prenderlas en mí como si fueran harapos y yo un clavo, dejarlas en mi inconsciente, como quién no quiere la cosa, y despertar en la mañana espantosa, para encontrar a mi lado un poema ya hecho.”

“Haceme un lugarcito en vos, no te molestaré.”

“Escríbame, dijo, escríbame de usted. Escríbele hasta que te enredes en los hilos del lenguaje y caigas herida de muerte.”

"Estuve pensando que nadie me piensa. Que estoy absolutamente sola. Que nadie, nadie siente mi rostro dentro de sí ni mi nombre correr por su sangre. Nadie actúa invocándome, nadie construye su vida incluyéndome. He pensado tanto en estas cosas. He pensado que puedo morir en cualquier instante y nadie amenazará a la muerte, nadie la injuriará por haberme arrastrado, nadie velará por mi nombre. He pensado en mi soledad absoluta, en mí destierro de toda conciencia que no sea la mía. He pensado que estoy sola y que me sustento sólo en mí para sobrellevar mi vida y mi muerte. Pensar que ningún ser me necesita, que ninguno me requiere para completar su vida.”

“A nuestra edad sabemos que nada es para siempre. Nos enamoramos pero sabemos que no será pasa siempre. Por eso nos arriesgamos, por eso nos entregamos hasta quedarnos vacíos.”
“Qué fácil callar, ser serena y objetiva con los seres que no me interesan verdaderamente, a cuyo amor o amistad no aspiro. Soy entonces calma, cautelosa, perfecta dueña de mí misma. Pero con los poquísimos seres que me interesan… Allí está la cuestión absurda: soy una convulsión.”

“No te llamo, no te pido. Me doy, te soy. Tú no me tomas, no me necesitas, no hay ganas de mí en tu mirada. Te veo, te creo, te recreo, mi solo amor, mi idiotez, mi desamparo. ¿Qué me hiciste para que yo me enrostre este amor estúpido? Piedad por ti. Cuando te vea lloraré, recordando lo que tuviste que padecer en mi memoria.”

"Abandono de todo plan literario. Las palabras son más terribles de lo que me sospechaba. Mi necesidad de ternura es una larga caravana, sé que escribo bien y esto es todo. Pero no me sirve para que me quieran"

“Aunque te esperaba no te esperé. Era como si me esperara a mí. Pero yo no llegué. Ni tú tampoco.”

“Quiero estudiar, quiero aprender, quiero escribir. Tengo veintidós años. No sé nada. Nada fundamental. No sé lo que debería haber aprendido hace muchos años. Nadie me enseñó nada. Sé, en cambio, lo que debería saber mucho después. De allí que me sienta anciana y niña al mismo tiempo.”

“La verdad: trabajar para vivir es más idiota que vivir. Me pregunto quién inventó la expresión “ganarse la vida” como sinónimo de “trabajar”. En dónde está ese idiota.”

“Había que escribir sin para qué, sin para quién”

“Soy tu silencio, tu tragedia, tu veladora. Puesto que sólo soy noche, puesto que toda noche de mi vida es tuya.”

“Escribo como siempre, por lo de siempre: me estoy ahogando.”

"Buscar: no es un verbo sino un vértigo."

“Mi esperanza más antigua es ésta (infantil, increíble): un encuentro con alguien que me haga sentir que vive, que somos dos, sin que tengamos que recurrir a la mediación del lenguaje oral.”

“Simplemente no soy de este mundo… Yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en cosas concretas; no me interesan. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie… ¿Qué haré cuando me sumerja en mis fantásticos sueños y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un “saber volver”. No lo querré acaso.”

“Escribes poemas
porque necesitas
un lugar
en donde sea lo que no es”

“Nada más idiota que la experiencia del tiempo a través de los relojes y no obstante aquí estoy: temiendo que se me haga tarde.”

“Si pudiera tomar nota de mí misma todos los días sería una manera de no perderme, de enlazarme, Porque es indudable que me huyo, no me escucho, me odio y si pudiera divorciarme de mí no lo dudaría y me iría.”

“Ya es bastante que viva, que no robe ni mate ni ejerza la prostitución. En vez de ello leo poemas y estoy angustiada.”

“Todo mi ser aspira a una sola cosa: encontrar a quien yo sé, no en el sueño sino en el lugar de los cuerpos tangibles.”

“Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto.”

“Cierra las puertas de tu rostro para que no digan luego que aquella mujer enamorada fuiste tú…”

“La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos.”

“Tengo que dejar el psicoanálisis. Tengo que reconocer, de una vez por todas, que en mí no hay qué curar. Y que mi angustia, y mi delirio, no tienen relación con esta terapéutica, sino con algo más profundo y más universal. Mi terror a la soledad.”

“Necesitas límites mentales. Necesitas no esperar. Necesitas no esperar nada de los demás. Necesitas no traficar con tu dolor. Necesitas orgullo y soledad. Necesitas orden. Necesitas poesía.”

“Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.”

“Mi sangre, mi sexo, mi sagrada manía de creerme yo, mi porvenir inmutable, mi pasado que viene, mi atrio donde muero cada noche. Oh ven, nada ni nadie lo sabrá nunca. Aun cuando yo no lo quiera ven. Aun cuando yo te odio y te abandone, ven y tómame a la fuerza.”

“Sólo tú haces de mi memoria
una viajera fascinada,
un fuego incesante.”

“Algo que no puedo nunca hacer es leer de una sola vez un libro de poemas. Un solo poema o dos y ya siento que no puedo más de tanta verdad dolorosa.”

“Imposible la plena comunicación humana. Los otros, siempre nos aceptan mutilados, jamás con la totalidad de nuestros vicios y virtudes…”

“Odio. Odio. Yo odio y quisiera que todos muriesen, salvo la vieja repugnante mendiga de ayer que dormía en el metro abrazada a una gran muñeca. (Así voy a terminar yo pero será la muñeca la que dormirá conmigo en sus brazos.)
Y no obstante, qué maravilla terrible y horrible es el ser humano; qué hay de móvil y fluyente en el espíritu, que no deja que un estado se detenga, que no deja que un estado onírico se eternice o persista. Por eso, tal vez la atracción de los personajes literarios, seres absolutos, es decir, que llevan el amor o el odio detenidos en ellos. (Así fui yo cuatro años, así me viví cuatro años.) Cuatro años en los que me imaginé y me soñé, en que me vivía como otra. Una sola cosa: La Enamorada.”

“Cúrame del vacío —dije.”

“¿Por qué cuento las horas si son todas iguales, todas hechas de tu rostro increíble a pesar de saber que no hay nadie en mi habitación? Las horas de mi silencio, las horas de mi espera. ¿Cuánto falta para verte unos minutos? ¿Cuántos centenares de horas para hablarte unos minutos? Y ni siquiera esos minutos me aseguran nada. A veces, estás con otra gente, a veces mi enorme emoción no me deja mirarte y es como si no hubiera ido a verte”

“Y he sufrido con las palabras de hierro, con las palabras de madera, con las palabras de una materia excepcionalmente dura e imposible. Con mis ojos lúbricos he pulsado las distancias para que mi boca y las palabras se unieran furiosamente.”

“Cuando me miras
mis ojos son llaves,
el muro tiene secretos,
mi temor palabras, poemas.
Sólo tú haces de mi memoria
una viajera fascinada,
un fuego incesante.”

“Y cuando es de noche, siempre, una tribu de palabras mutiladas busca asilo en mi garganta, para que no canten ellos, los funestos, los dueños del silencio.”

“Tú eliges el lugar de la herida en donde hablamos nuestro silencio. Tú haces de mi vida
esta ceremonia demasiado pura.”

“Me duele funestamente el corazón. Tanta soledad tanto deseo. Y la familia rondándome, pesándome con su horrible carga de problemas cotidianos. Pero no los veo. Es como si no existieran. Siento, cuando se me acercan, una aproximación de sombras fastidiosas. En verdad, casi todos los seres me fastidian. Quiero llorar. Lo hago. Lloro porque no hay seres mágicos. Mi ser no tiembla ante ningún nombre ni ninguna mirada. Todo es posible y sin sentido.”

“De esto moriré, de espera oxidada, de polvo aguardador. Y cuando lleve un gran tiempo muerta, sé que mis huesos aún estarán erguidos, esperando.”

“Es como si tuviera un desierto detrás de mi pecho, es como si me hubiera tragado una loca incendiada que corre por mi sangre dando alaridos, es como si fuera una fuga. Yo no quiero ser una fuga, yo no quiero que me pongan agujas en la sangre. Quiero vivir y ser yo. (¿No estaré luchando con la locura?)”

“Entonces… ¿qué? Entonces… estar y esperar. ¡Esperar a que todo venga espontáneamente! ¡No! Lo único que ha de venir espontáneamente es la muerte. ¡Al diablo!”

“Llega un día en que la poesía se hace sin lenguaje, día en que se convocan los grandes y pequeños deseos diseminados en los versos, reunidos de súbito en dos ojos, los mismos que tanto alababa en la frenética ausencia de la página en blanco.”