Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y entonces no hay en la vida nada mejor que escribir..
- Gabriel García Márquez
domingo, 19 de agosto de 2012
Santiago cómplice.
Por esos entonces Santiago solía abrirse magnificente a nuestro paso, y nosotros dos jugábamos a ser libres como un niño que se columpia en una plazoleta y cree que en cualquier momento se abrirá a volar cual golondrina. Libres, eramos libres.
Yo no sé que fue lo que nos pasó, pero el tiempo nos volvió monótonos y nos volvimos esclavos de nuestra libertad, el amor se hizo tan parejo que voluntariamente nos hicimos esclavos de él también ¡Masoquistas los dos! Por los entonces posteriores ya Santiago no se me antojó magnánimo ni multicolor, ya ni siquiera el cielo era como mil cristales sempiternos. Lo que pasamos a ser tu y yo por ese tiempo, se volvió gris y mi ciudad de mil rincones cambiantes, aburrida.
Por eso, como el niño que juega en el columpio de la plazoleta, nos soltamos y echamos a volar como un par de pájaros asustados. Nos volvimos aves nocturnas, y aunque por momentos asustadas, volvimos a tener regustos familiares a emancipación en nuestros labios. Mi ciudad se volvió cómplice de nuestra historia como de miles más, y fue cambiando al ritmo en que yo misma fui cambiando. Se volvió frenética y me dejó sobrevolarla.
Hoy eres un buen recuerdo. A veces te me vienes a la cabeza, y te vivo en mi mente con el alma apretada de esa tristeza que solo tu me conocías. Hoy seguimos, después de todo, sobre el mismo suelo.
Narcisa.
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