Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y entonces no hay en la vida nada mejor que escribir..
- Gabriel García Márquez
jueves, 23 de agosto de 2012
Dictado por tu risa
Si por casualidad te he de olvidar
Solo me queda por decir, que todo aquello que escribí
Será de ti, será lo nuestro..
miércoles, 22 de agosto de 2012
Vegetando
Cosas que se tergiversan, yo que dejé de llorar hace poco
Un 'tu y yo' que a fin de cuentas no existe y que por minutos fue capaz de derrumbarme..
Mejor sigo con Radiohead fuerte en los audífonos y alimentando los peces del blog, con las manos temblando de rabia quieta.
Catalina
(Catalina, Catalina, Catalina ¡Insensata!)
domingo, 19 de agosto de 2012
Santiago cómplice.
Por esos entonces Santiago solía abrirse magnificente a nuestro paso, y nosotros dos jugábamos a ser libres como un niño que se columpia en una plazoleta y cree que en cualquier momento se abrirá a volar cual golondrina. Libres, eramos libres.
Yo no sé que fue lo que nos pasó, pero el tiempo nos volvió monótonos y nos volvimos esclavos de nuestra libertad, el amor se hizo tan parejo que voluntariamente nos hicimos esclavos de él también ¡Masoquistas los dos! Por los entonces posteriores ya Santiago no se me antojó magnánimo ni multicolor, ya ni siquiera el cielo era como mil cristales sempiternos. Lo que pasamos a ser tu y yo por ese tiempo, se volvió gris y mi ciudad de mil rincones cambiantes, aburrida.
Por eso, como el niño que juega en el columpio de la plazoleta, nos soltamos y echamos a volar como un par de pájaros asustados. Nos volvimos aves nocturnas, y aunque por momentos asustadas, volvimos a tener regustos familiares a emancipación en nuestros labios. Mi ciudad se volvió cómplice de nuestra historia como de miles más, y fue cambiando al ritmo en que yo misma fui cambiando. Se volvió frenética y me dejó sobrevolarla.
Hoy eres un buen recuerdo. A veces te me vienes a la cabeza, y te vivo en mi mente con el alma apretada de esa tristeza que solo tu me conocías. Hoy seguimos, después de todo, sobre el mismo suelo.
Narcisa.
sábado, 18 de agosto de 2012
Cita 4
"_ Tú facilitas a una el camino. Quizá, amigo, pudiera yo decirte también qué es lo que en tu casa te espera y de lo cual tienes tanto miedo. Pero tú lo sabes también, no tenemos necesidad de hablar de ello. ¿no es eso? ¡Pamplinas! O uno se ahorca, bueno, entonces se ahorca uno desde luego, será porque tenga motivo. O vive uno, y entonces no tiene que ocuparse más que de la vida. No hay nada más sencillo._ ¡Oh! - exclamé -. Si eso fuera tan sencillo... Yo me he ocupado bastante de la vida, Dios lo sabe, y no ha servido de nada. Ahorcarse es tal vez difícil, no lo sé. Pero vivir es mucho, muchísimo más difícil. ¡Dios sabe lo difícil que es!
_ Ya verás como es sumamente fácil. Por algo se empieza. Te has limpiado las gafas, has comido, has bebido. Ahora vamos y limpiamos tus pantalones y tus zapatos, lo necesitan. Y luego vas a bailar un shimmy conmigo.
_ ¿Ve usted - dije animado - cómo yo tenía razón? Nada me molesta más que no poder ejecutar una orden de usted. Pero ésta no puedo cumplirla. No puedo bailar un shimmy, ni un vals ni una polca y como se llamen todas esas cosas, nunca en mi vida he aprendido a bailar. ¿Ve usted cómo no todo es tan sencillo como usted se figura?
La hermosa muchacha sonrió con sus labios rojos como la sangre y movió la cabeza atusada y peinada a lo garcçon. Al mirarla, se me antojó que se parecía a Rosa Kreisler, la primera muchacha de la que yo me había enamorado siendo un mozalbete, pero aquélla era morena y con el pero oscuro. No, realmente no sabía yo a quién me recordaba esta extraña muchacha; sólo sabía que era algo de la lejana juventud, de la época de niño
_ Despacio - gritó ella -, vamos por partes- ¿De modo que no sabes bailar? ¿Ni siquiera un onestep? Y al propio tiempo aseguras que la vida te ha costado sabe Dios cuánto trabajo. Eso es una trola, amigo, y a tu edad ya no están bien. Sí, ¿cómo puedes decir que te ha costado tanto trabajo la vida, si ni siquiera sabes bailar?
_ Si es que no sé. Ni he aprendido nunca.
Ella se echó a reír.
_ Pero a leer y a escribir sí has aprendido, vamos, y cuentas, y probablemente también latín y francés y toda esa clase de cosas de esta naturaleza. Apuesto a que has estado diez o doce años en el colegio y además has estudiado en alguna otra parte y hasta tienes el título de doctor y sabes chino o español. ¿O no? ¡Ah!. ¿Ves? Pero no has podido dispones del poquito de tiempo y de dinero para unas cuantas clases de baile. ¿No es eso?
_ Fueron mis padres - me justifiqué -. Ellos me hicieron aprender latín y griego y todas esas cosas. Pero no me hicieron aprender a bailar, no era moda entre nosotros; mis padres mismos no bailaron nunca.
Me miró fría y despreciativa, y de nuevo vi en su cara algo que me hizo recordar la época de mi primera juventud.
_ ¡Ah, vamos, van a tener la culpa tus padres! ¿Les has preguntado también si esta noche podías venir al <<Águila Negra>>? ¿Lo has hecho? ¿Que se han muerto hace mucho tiempo, dices? ¡Ah, vamos! Si tú por obediencia tan sólo no has querido aprender a bailar en tu juventud, está bien. Aunque no creo que entonces fueras un muchacho modelo. Pero después... ¿qué has estado haciendo luego de tantos años?
_ ¡Ah - confesé -, ya no lo sé yo mismo! He estudiado, hecho música, he leído libros, he escrito libros, he viajado...
_ ¡Vaya ideas raras que tienes de la vida! De modo que has hecho siempre cosas difíciles y complicadas y las más sencillas ni las has aprendido. ¿No has tenido tiempo! ¿No has tenido ganas? Bueno, por mí... Gracias a Dios no soy tu madre. Pero hacer como si hubieses gustado la vida por completo sin encontrar nada en ella, no, a eso no hay derecho.
_ No me riña usted - supliqué -. Ya sé que estoy loco.
_ Anda ya; no me vengas con historias. ¡Qué vas a estar loco, señor profesor! Lo que me resultas es demasiado cuerdo. Se me antoja que eres prudente de un modo estúpido, justamente como un profesor. Ven, cómete ahora otro panecillo. Después sigues hablando."
El lobo estepario
Hermann Hesse
domingo, 5 de agosto de 2012
Contemporáneo
Este fin de semana fui y no me arreglé tanto, ni me armé de expectativas ni me esperé nada de lo que si esperé la vez pasada. Tu tampoco, tu tampoco esperaste arreglado ni luego de ducharte te pusiste ese perfume que me quedó desde el verano agarrado a la nariz, me esperaste con el pelo enredado y con una camisa rota, pero nos sentamos a conversar (no como la vez pasada) y comenzaste a enseñarme parte de tu mundo, nos reímos y de tanto en tanto se me quedaban atrapados los ojos oscuros en tu mirada de gato sorprendido.Sentí que había tenido pegada con la distancia una imagen tuya idealizada, una bañada en deseo y de ímpetus erróneos, sentí que las cosas que me han pasado el último tiempo ya no me hacían desearte ni a ti (ni a nadie) por rechazo a mi misma, y luego, en la noche a las 5 de la mañana cuando nos lavábamos juntos los dientes en el baño para irnos a dormir, me entraron unas ganas tremendas de besarte una vez más, pero no lo hice porque tampoco quería besarte una vez más. Me regalaste un abrazo y una cama bien abrigada para que no pasase frío en la noche.
Hoy anduviste desaliñado, y yo tampoco me digné ni a peinarme.Así nos pasamos juntos todo el día, hoy volviste a abrazarme y a darme un beso en la mejilla para despedirte y yo, yo hoy ya no te deseo. Yo siento ya que te quiero. (Aunque no sepa que diantres pasa por tu cabeza)
Catalina
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)