
¡Fuego! Gritaron todos, y corrieron por las veredas interminables hacia la casa de la que se levantaba la negra humareda ¡Fuego, fuego!
Yo también fui.. quería saber que sucedía.
¡Entren, hay que ver que no haya gente adentro! Corrieron los vecinos, muchas caras que jamás había visto y que probablemente nunca se habían visto entre si, derribaron la puerta y el humo salió enojado a la calle. Ellos entraron y comenzaron a sacar los muebles a la calle, colchones, cómodas.
¿Llamaron a los bomberos? Pero las sirenas ya se escuchaban llegar.
La gente ayudaba, se movían rápido, como organizados. Yo era una más del montón, no miraba con las manos en la boca hacia la casa quemándose ni tapándome la nariz por el humo negro, miraba a la gente como ayudaba sin interés alguno, vi el camión de bomberos llegar y los vecinos ayudándoles todo lo que podían. Esos, los vecinos que nunca había visto en las calles, ahora estaban todos reunidos.
Al final de todo no había nadie en la casa, pero ésta se consumió casi entera, el fuego no se expandió a más casas y los bomberos pudieron apagarlo sin mayores novedades.
La gente se fue de a poco, más tranquilos, con una historia más que contar.
Como ésta.
Catalina
(Con una historia más que contar)