
El poncho de lana protegiéndome el esqueleto del viento, los lentes de sol, una piedra donde apoyar la espalda y una chela en la mano. ¿Qué más se puede pedir de la vida?
Quizás es el color del agua que cautiva como nada, o los cerros que me hacen sentir tan pequeña y eterna.
Catalina
(Medio quemada por el sol y el viento de alta cordillera que curte la piel sin descanso)
¡vida!
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