- Gabriel García Márquez

martes, 28 de febrero de 2012

Sin palabras


Así me quedé, después de todo el día de ayer, sin palabras.

Es increíble como un día Lunes común y corriente se puede distorsionar de manera tal que hasta (probablemente) terminará reformulando el lugar en donde actualmente vivo. Como sea, entre tantas cosas decidí que dejaré de fumar porque me está trayendo más problemas de los que me ayuda a evadir y supongo que iré decidiendo muchas cosas más que aún no descubro.

No quiero pensar más en el ayer de todas formas, porque se me llena la boca de gusto amargo.

Hoy, eso si (o más bien ayer tarde en la noche), puedo decirles que comencé a creer. Comencé a creer en un Dios al que le recé por la noche poniendo mi corazón desgarrado en cada una de las palabras que se me salían de la boca, Dios que calmó las aguas desesperadas de mi existencia y que secó mis lágrimas, que me alumbró el camino cuando humildemente se lo pedí y al que le pedí perdón por haberlo negado (aunque nunca con convencimiento pleno) durante tanto tiempo.

No puedo decir nada más de él, sólo que dentro de todo ya no me siento tan sola y que espero que no se olvide nunca de que le debo un favorsísimo gigante por lo conciliador que fue conmigo ayer por la noche.

Catalina
(Desde el fondo de su existencia)

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