- Gabriel García Márquez

miércoles, 4 de enero de 2012

Solo tu y yo

Nadie nos concertó a ninguna hora ni lugar, sólo estábamos ahí por deber, porque así tenía que ser desde las 8:00 hasta las 4:00, pero aquel día nació con matices distintos, y cuando nos encontramos afuera de los baños bastó solo una mirada, una ¿Puedes creerlo?,entonces entré primero y tu me seguiste buscándome las mejillas, los labios, el cuello... Cerraste la puerta y me sonreíste ¡Mierda, esa sonrisa que me mata!

Me empapo de ti en algo así como dos segundos, porque te quiero recordar con esa sonrisa juguetona medio esbozada de tus labios delgados, con la camisa a cuadros roja con negro que llevabas aquel día, los jeans negros que se medio ciñen a tus piernas largas y delgadas, las Vans negras y tu cuerpo alto, de espalda ancha y de tu rostro anguloso, pálido, deseado como nada en esta tierra.

Entonces, ansiosa, suelto uno a uno los botones de tu camisa, extasiada, y voy descubriendo rincones tuyos que no conocía, tu pecho hirviendo, con olor a animal de selva, en el que noto cada uno de los movimientos de tu respiración frenética.. Aaah ¡Si hasta escucho tu corazón desbocado! Tu ombligo tímido y bajo él, un camino de vellos oscuros que se pierde en los jeans. Beso tu cuello, lo saboreo y tu ríes en silencio mientras que con tus manos esos dedos largos que me fascinan guías las mías hacia tu cinturón, pero ¡Mierda que nerviosa estoy! Se me enredan los dedos y tu te ríes sin dejar de guiar mis manos ansiosas, desabrochas hebillas, yo botón y cierre y de pronto, mirándome a los ojos mientras te muerdes los labios, tomas una de mis manos y yo siento entonces tu sexo a través de la última capa de ropa, erecto, esperando como si fuese a ebullir. Tu cierras los ojos mientras yo lo siento con mis dedos traviesos, lo toco, lo acaricio mientras que con mi otra mano acerco tu cara a la mía y te beso, tu boca baja a mi cuello y entonces eres tu quien con prisa terminas de despojarnos (a los dos) de lo necesario.

Y me sostienes, te siento dentro de mi como nunca y se me arranca un gemido, me estremesco entre tu cuerpo y la pared mientras que las venas de tu cuello se marcan, miras el techo con los ojos cerrados, yo el espejo que hay enfrente y nos veo reflejados. Tus piernas largas, pálidas y delgadas con los jeans negros abajo y la camisa a cuadros roja que aún llevas puesta. Me fascinas, ambos gemimos, tu abres la boca y tus labios delgados y tus dientes cuadrados forman una sonrisa que te quito de un mordisco que respondes con un beso húmedo y largo. No sé cuanto tiempo llevamos, alterno mi mirada al espejo, nuestros movimientos, mis manos enlazadas en tu cuello, el grifo que gotea al frente y a tu rostro tan tan cerca del mio, a veces tus ojos se clavan en los míos, o de tu boca se arranca un gemido que termina en la mía, o pegas tu frente a la mía y yo me empapo de tu sudor animal y de tu olor indómito. De pronto me muerdes el labio y me duele pero río, y comienzas a penetrarme más rápido, casi frenéticamente, ambos nos retorcemos reventando de placer.

Afuera se oyen ruidos.

Tu gimes mordiéndote los labios.

El grifo de enfrente gotea constantemente.

A mi me recorre un escalofrío que se me queda en el cuerpo.

Cerraste bien la puerta cuando entramos extasiados uno del otro.

Tu aliento termina en mi boca y el mío en la tuya,


Desperté apretando la almohada medio exasperada, sin aliento y con el destello oscuro de tus ojos desconocidos adentro de la cabeza, con tu rostro pálido de expresión picaresca y ese cuerpo deseado que se me apareció tan certeramente detrás de los párpados, con tu olor a animal de selva aferrado a mi nariz y el tacto de tus labios delgados aún en mi cuello, sin querer irse, ya nunca más..


Narcisa Colours

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