- Gabriel García Márquez

lunes, 9 de enero de 2012

Defensa del desierto chileno x la noche

El primer argumento que usaré a favor del desierto chileno por la noche es su único punto en contra: La monotonía de su existencia. Pero, si el paisaje transcurriera frente a tus ojos solo por una media hora ¿Sería alguien capaz de empaparse de su esencia sempiterna?

Por la noche en un bus observas la arena extenderse por kilómetros fugaces y de entre cuernos de cabra solitarios surgen hombres sobre caballos negros que se disuelven entre más paisaje, todo oscuro, todo intenso, las estrellas se extienden informes y alborotadas, la luna (Llena) alumbra hasta el interior de la propia existencia.

Viajar por el desierto chileno por la noche purifica.

De entre la nada surgen ciudadelas dormidas, iluminadas por faroles solitarios y anónimos, llenos de historias y suspiros que se ha ido llevando el viento. Y así como llegan, se van dando paso a uno que otro campamento gitano que inunda las ventanillas del bus con colores alegres dormidos y telas que se pierden entre la intensidad propia de las arenas eternas del desierto chileno x la noche.

El desierto, éste desierto descontrolado que por las noches se me entra por la ventana y se vuelve distinto en cada pestañeo, sabe que en el fondo no es monótono ni caluroso, sino que cada noche se vuelve frío como un planeta abandonado, frío como una eternidad que nadie observa ni quiere recorrer, o como un suspiro que se pierde solo en un universo de gestos desconocidos.

Pues tampoco es retratable, ni cabe en un cuadro, ni hay color que lo pueda definir, y mucho menos hay ser que pueda enmarcar alguno de sus granos de arena en algún lienzo pseudónimamente eterno, porque el desierto chileno x la noche no tiene comparación y jamás logrará tenerla. Te llena violentamente, busca alojarse en el fondo de tus suspiros y de ahí no se larga más.

Escribo entonces, esta humilde defensa del desierto chileno x la noche porque su recuerdo ya no me deja dormir, porque no hay realidad que se le compare ni sueño que se le acerque.

Narcisa Colours.
(Desde el fondo de su corazón poseído por las arenas oscuras del desierto chileno x la noche)

miércoles, 4 de enero de 2012

Solo tu y yo

Nadie nos concertó a ninguna hora ni lugar, sólo estábamos ahí por deber, porque así tenía que ser desde las 8:00 hasta las 4:00, pero aquel día nació con matices distintos, y cuando nos encontramos afuera de los baños bastó solo una mirada, una ¿Puedes creerlo?,entonces entré primero y tu me seguiste buscándome las mejillas, los labios, el cuello... Cerraste la puerta y me sonreíste ¡Mierda, esa sonrisa que me mata!

Me empapo de ti en algo así como dos segundos, porque te quiero recordar con esa sonrisa juguetona medio esbozada de tus labios delgados, con la camisa a cuadros roja con negro que llevabas aquel día, los jeans negros que se medio ciñen a tus piernas largas y delgadas, las Vans negras y tu cuerpo alto, de espalda ancha y de tu rostro anguloso, pálido, deseado como nada en esta tierra.

Entonces, ansiosa, suelto uno a uno los botones de tu camisa, extasiada, y voy descubriendo rincones tuyos que no conocía, tu pecho hirviendo, con olor a animal de selva, en el que noto cada uno de los movimientos de tu respiración frenética.. Aaah ¡Si hasta escucho tu corazón desbocado! Tu ombligo tímido y bajo él, un camino de vellos oscuros que se pierde en los jeans. Beso tu cuello, lo saboreo y tu ríes en silencio mientras que con tus manos esos dedos largos que me fascinan guías las mías hacia tu cinturón, pero ¡Mierda que nerviosa estoy! Se me enredan los dedos y tu te ríes sin dejar de guiar mis manos ansiosas, desabrochas hebillas, yo botón y cierre y de pronto, mirándome a los ojos mientras te muerdes los labios, tomas una de mis manos y yo siento entonces tu sexo a través de la última capa de ropa, erecto, esperando como si fuese a ebullir. Tu cierras los ojos mientras yo lo siento con mis dedos traviesos, lo toco, lo acaricio mientras que con mi otra mano acerco tu cara a la mía y te beso, tu boca baja a mi cuello y entonces eres tu quien con prisa terminas de despojarnos (a los dos) de lo necesario.

Y me sostienes, te siento dentro de mi como nunca y se me arranca un gemido, me estremesco entre tu cuerpo y la pared mientras que las venas de tu cuello se marcan, miras el techo con los ojos cerrados, yo el espejo que hay enfrente y nos veo reflejados. Tus piernas largas, pálidas y delgadas con los jeans negros abajo y la camisa a cuadros roja que aún llevas puesta. Me fascinas, ambos gemimos, tu abres la boca y tus labios delgados y tus dientes cuadrados forman una sonrisa que te quito de un mordisco que respondes con un beso húmedo y largo. No sé cuanto tiempo llevamos, alterno mi mirada al espejo, nuestros movimientos, mis manos enlazadas en tu cuello, el grifo que gotea al frente y a tu rostro tan tan cerca del mio, a veces tus ojos se clavan en los míos, o de tu boca se arranca un gemido que termina en la mía, o pegas tu frente a la mía y yo me empapo de tu sudor animal y de tu olor indómito. De pronto me muerdes el labio y me duele pero río, y comienzas a penetrarme más rápido, casi frenéticamente, ambos nos retorcemos reventando de placer.

Afuera se oyen ruidos.

Tu gimes mordiéndote los labios.

El grifo de enfrente gotea constantemente.

A mi me recorre un escalofrío que se me queda en el cuerpo.

Cerraste bien la puerta cuando entramos extasiados uno del otro.

Tu aliento termina en mi boca y el mío en la tuya,


Desperté apretando la almohada medio exasperada, sin aliento y con el destello oscuro de tus ojos desconocidos adentro de la cabeza, con tu rostro pálido de expresión picaresca y ese cuerpo deseado que se me apareció tan certeramente detrás de los párpados, con tu olor a animal de selva aferrado a mi nariz y el tacto de tus labios delgados aún en mi cuello, sin querer irse, ya nunca más..


Narcisa Colours

martes, 3 de enero de 2012

El Angustiao'

30 Grados centígrados en la capital y adentro de las poblaciones la sensación era de unos 34 por lo menos, el cemento impenetrable de la calle, las veredas y las casas no son de gran ayuda para aquellos que deben soportar los calores sempiternos de Enero. Eso, de todas formas, no le interesa al angustiao', que sigue con la casaca celeste inmunda encima. No se la saca nunca, sino tendría que llevarla en el brazo y le incomodaría en caso de tener que arrancar de los pacos, o de llevarla amarrada alrededor se le caería y no tenía más ropa.

No le molestaba de todas formas, es que cuando estaba con la angustia carcomiéndole los sesos no se acordaba de nada más. No existía el hambre, el calor ni el amor.

Dobló por el almacen donde atendía la mamá del caeza e sopaipa y caminó dos cuadras hasta llegar a la casa de la reja negra y llamó. ¡Doña Renata! Escucharon por décima vez en el día los vecinos del lugar.

El angustiao' esperó. La calle estaba vacía, pero el no lo notó. Tampoco notó que se encontraba en el mismo lugar que lo vió crecer entre pichangas y riñas callejeras con sus amigos, ahora reos del sistema carcelario o víctimas de venganzas entre pandillas.

Doña Renata salió con su conocido gesto huraño y el delantal verde piñiñento que siempre llevaba día a día.

_ ¿Cuántos querí Maikel? - le gruñó con desgano
_ 3 - le respondió él alargandole tres billetes de mil pesos que quien sabe donde los consiguió
_ Los subí gamba - Masculló Doña Renata sin paciencia ya

Él la miró sin entender mucho.

_ No te los voy a bajartelo' - le aventuró rapidamente Doña Renata - Te da pa' dos

El angustiao' se revisó los bolsillos de la parca. En uno encontró $200, se buscó desesperadamente en los otros hasta que, para su alivio, encontró otros $100 en uno de los bolsillos de los jeans, tendría que desistir de los 2 cigarritos sueltos que se iba a comprar en el almacén de la esquina. Le alargó la plata a Doña Renata. Ella la recibió y se devolvió a la casa, no pasaron más de 2 minutos y apareció nuevamente con la pasta que el angustiao' necesitaba tan imperiosamente, se devolvió a su casa y cerró la puerta secamente.

Revisó el banano negro que siempre llevaba en busca de la pipa de cañería de oro que se había robado de la casa de sus abuelos la última vez que los visitó, hacían ya unos 6 años. Con alivio sintió el tacto metálico del objeto que tanto buscaba.

Se dió media vuelta, y nadie supo a donde se fue a perder el Angustiao'. Ya todos saben, él viene a aparecer cuando el cuerpo le pide más pasta, más mierda.