Dijo que no la iba a firmar porque no es un petitorio y no es su estilo de trabajo.
Sentí un grito en la garganta que me tragué como pude. De pie, como estaba, me acerqué a la primera mesa y apoyé las manos hechas puño sobre la tabla, sentía como mi boca por tendencia natural se transformaba en una morisqueta animal en la que quería mostrar los dientes. Los ojos me ardían de furia y mi cuerpo estaba totalmente tenso, sentía mis hombros adiquirir volumen y unas cuantas miradas clavadas en mi, otras tantas clavadas en el papel sin las firma y otras tantas dirigidas al suelo con resignación.
Resignación se me antojó una palabra asquerosa en aquel momento.
Comencé a caminar en un vaivén furioso, por momentos paraba y me hacía parte de la salagarda de argumentos que mis compañeros exponían y por momentos me cruzaba de brazos con una expresión que habría caracterizado como lobuna.
Me senté entonces junto con el grupo que más estuvo en la organización y ejecución de todo el trabajo que habíamos hecho, y sin casi nada que decir, guardé silencio llena de furia.
Ahh no la va a firmar? ya po.. entonces métasela por la raja.
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