- Gabriel García Márquez

sábado, 6 de noviembre de 2010

Fragmento

_ ¿Esto era? ¿Querías que nos vieran cámaras de seguridad?

Miré al techo y a los rincones del recinto, no tardé en reconocer un par de cámaras de seguridad y me encontré pensando en la locura que sería un encuentro sexual en un lugar así. Me le acerqué con una sonrisa a media boca en el rostro, negando sutilmente y noté que se había envuelto los brazos alrededor de su torso a penas cubierto. Le ofrecí mi abrigo, que aceptó a regañadientes y luego le ofrecí mi brazo, apreté el botón con el candado del pequeño control de la alarma del auto y comencé a caminar, con ella siempre tan erguida y divina, prendida de mi brazo.

_ ¿Cuál es el lugar de tu misteriosa aventura? – Dejó clara la impaciencia en su tono de voz
_ Qué imagen tan asquerosa tendrás de mi
_ No eres tu – Aspiró del cigarro que llevaba y expiró unos segundos más tarde – Son los hombres en general
_ Ah – Me olía al mismo feminismo con el que Amanda tendía a bombardearme por broma
_ Son todos iguales
_ Quizás

Caminamos en silencio por unos dos minutos y nos asomamos al fin a un barrio Bellas Artes bohemio y nocturno alumbrado por las vistosas lámparas de cafés y clubs, lleno de olores y colores propios de la noche que son imposibles de apreciar durante cualquier momento que no sea ésta. Por un lado era el tan delicioso olor a café que entraba por montones a la nariz y por otro, el olor inconfundible de una noche entre artistas, incienso, palo santo, el toque preciso de olor a tabaco y los perfumes propios de las personas que caminaban a aquellas horas, que siempre tendían a ser más envolventes que durante el día, en donde la gente escoge olores frescos. En total, era una mezcla inolvidable y adictiva que te transportaba a otro lugar, lejano de lo que podía ser el mismo barrio durante el día.

_ Todas las mujeres dicen lo mismo – Cerré los ojos y aspiré mientras caminaba, me dejé llevar totalmente por las fragancias y de pronto me encontré en una dimensión totalmente desconocida que se esfumó a penas escuché su voz monocorde y tranquila tararear la misma canción que había sonado en el auto unos momentos atrás.

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