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| Las cruces |
Tengo demasiados recuerdos de infancia asociados a la casa en la playa de las cruces. Vi esta foto que ni siquiera tomé yo y no pude evitar robarla, me trajo todo lo que ando trayendo y que nunca había hablado con nadie, que quizás nunca llegue a hablar con nadie. Por esas escaleras yo caminé a mis 4 años, en esa playa me bañé y mil veces tragué y se me entró por la nariz el agua de esas olas. Esa casa de techo rojo de al fondo siempre la miré y me pregunté que tenía adentro, ahora vengo a enterarme de que es un mirador. Muchas veces anduve por ahí con mi bisabuelo, mi tatai.
De él guardo solo los recuerdos más dulces, de él que me regalaba dulces y que a pesar de que odiaba la coca cola porque era un invento de los gringos, me compraba a mi cuando yo se lo pedía. Mi tatai, que le gustaba nadar de espalda en el mar y salir a dar una vuelta por las tardes porque era muy bueno para caminar, que decía 'weas noches' antes de irse a dormir, que le gustaba pintar su casa de madera de las cruces cada cierto tiempo, que cada vez que veía un carabinero lo saludaba con la mayor admiración y respeto porque él mismo lo fue durante su vida, que le gustaba levantarse al alba todos los días a hacer sus ejercicios con marchas alemanas, el himno de los carabineros y qué se yo cuanto más. A mi me encantaba ir, porque allá era tranquilo y vivía mi tatai, y siempre había pan amasado con chicharrones por las tardes porque a mi y a mi tatai nos encantaba y había una plaza llena de rayitos de sol y con unos juegos de madera que él había construido y que el mantenía. Mi eterno tatai que partió cuando tenía como 7 años, porque partió donde la mamita linda, porque llevaba mucho tiempo viudo y se fue a verla y allá se quedó.
De la mamita linda no me acuerdo mucho, ella se fue cuando yo tenía como 2 años, solo guardo un recuerdo de ella en realidad, y aunque siempre lo cuento esta será la primera vez que lo escriba:
No sé bien que día era en realidad, estaba ya oscureciendo y mi mamá había partido con sus bolsos y conmigo colgando para ir a las cruces, porque cada vez que podía iba para ver a sus viejos, porque ellos la criaron, y se los retribuyó hasta los últimos días en que estuvieron en la tierra. Llovía y hacía frío, y cuando llegamos a la casa de las cruces recuerdo que mi mamá abrió la puerta de la calle (Esa que el tatai siempre decía que había que cerrar para que no entrara el frío), cruzamos el patio y entramos a la casa, estaba calentita e iluminada, con olor a pan amasado con chicharrones, y la mamita linda estaba al final del comedor con un chaleco azul de lana y una falda gris, con un delantal blanco como su pelito corto y su carita sonriente y dulce, buena como nadie, y ella a penas me vio se iluminó y se agachó y me abrió los brazos, yo recuerdo haber corrido a abrazarla y que ella me levantó.
A mi me gustaba ir a la casa de las cruces, todas esas cosas me marcaron mucho, y lo último que quisiera hacer es olvidar, a pesar de que después de que hubiesen fallecido los viejitos hayan vendido la casa con todo lo que tenía adentro. A mi me gustaba ir, y lo último que quisiera hacer es olvidar.
Catalina

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