- Gabriel García Márquez

sábado, 2 de octubre de 2010

Mirar al cielo y perderse mil minutos

Su rostro marcado por más de 75 años de existencia, de aspecto más bien cansado aunque de espíritu activo, se encuentra la abuelita amada mirando al cielo en el atardecer de temperatura perfecta, pelando habas conmigo, y mis ojos la miran cada tanto, en un continuo vaivén de cuidar que no callesen las legumbres al piso y de tratar de percibir e interpretar ese extraño fulgor que despedía su ser, sé que ella no lo notaba pues estaba ensimismada mirando al cielo oscurecer. "Se fué un día más de vida" recita de pronto, no para decirmelo a mí, sino como una reflexión así misma. Una de esas verdades, tu sabes, que son implacables. Entonces dejé mi empresa y la miré sin disimulo, y no supe ciertamente como responder a eso, pues no había como responderlo. Abrí la boca como para decir cualquier cosa, pero termine inhalando una bocanada de aire fresco y la cerré.

Ella se dió vuelta a mi y yo rapidamente la dejé de mirar y seguimos pelando habas, no me atreví a romper el silencio tranquilo que se estableció en el patio porque sabía que ella se encontraba enfrascada en algún pensamiento lejano al que yo era ajena, ¿Y quién soy yo para sacarla de aquel?. Pasaron algunos minutos y volvió a la tierra para hablar de cualquier cosa con su nieta.

Y sigo preguntándome que significó esa frase en su interior

No hay comentarios:

Publicar un comentario