"Si quieres yo le puedo pedir que te ayude"
Y me lo imagino tan nítidamente que se me eriza la piel. Él, pidiendome atención e intentando ayudarme, yo, cayendo una y mil veces en el Azul infinito de sus ojos, cuales canteras de aguas cristalinas, y reencontrando el alma que alguna vez perdí en la inmensidad del par de astros azulinos de su cara, esos que dicen sin hablar.
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