- Gabriel García Márquez

jueves, 9 de septiembre de 2010

c:

Me miro en el espejo. Me encuentro de pronto maquillándome, viendo como me voy a peinar o buscando ropas que combinen, y así, disfrazada y todo, le sonrío al par de ojos oscuros que me miran sin perder su amor y gustito propio por la vida, ¿que vá? aunque siga calzando mi interior en ésta piel que por momentos me queda apretada, lo que yo amo y quien soy sigue intacto en lo más profundo, y a la larga, es lo que importa, ¿No?

Al mono ustedes, sociedad.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Cayendo una y mil veces

"Si quieres yo le puedo pedir que te ayude"

Y me lo imagino tan nítidamente que se me eriza la piel. Él, pidiendome atención e intentando ayudarme, yo, cayendo una y mil veces en el Azul infinito de sus ojos, cuales canteras de aguas cristalinas, y reencontrando el alma que alguna vez perdí en la inmensidad del par de astros azulinos de su cara, esos que dicen sin hablar.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Orgullo

Lo miro, ahí está, sobre el velador.. tan Azul.. prostituyendo el color que tanta fascinación me provoca. Pero mis vagas cabilaciones no tienen demasiado tiempo para vivir, pues vuelve a mi el sentimiento de rechazo, no por lo que es.. sino por de quien viene. ¿Y por qué no decirlo? también me causa bastante rechazo por lo que es, me fastidia pensar tanta corrupción y muerte por éste, tantos engaños y mentiras solo por tener más y más de éstos ¡Si hasta tiene un pecado capital!. Y hay uno sobre mi velador. Y me fastidia. No le despego la vista aunque éste no tenga vida alguna como para arrancar, arrugado por la mitad espera a que mis manos ansiosas lo truequen por cualquier cosa ¡Cuantas cosas! Un par de vestidos, quizás, maquillaje o una invitación para tomar helado, pasaje en la micro para ir a ver a algún amigo ¡Un pasaje en tren!.. Pero con el simple hecho de pensar en ésto se me revuelven las tripas, pues claro, lo correcto sería ocuparlo en algo. Pero mi orgullo no me permite hacerlo.

Me pongo de pie, cegada por una mezcla vomitiva de rechazo y convicción. Lo tomo y lo parto en dos, sonrío y me regocijo en la acción que acabo de cometer. Lo aviento a la basura aunque feliz le habría gritado que no necesitaba su lástima mientras le tirara el papelito por la cara.

Despierto de mis cabilaciones una vez más. Ahí está, sigue en el velador llamando a mis manos para que lo gasten en cualquier mierda.