Al chico pelvis lo conocí por medio de mi vecina mexicana, que se vino desde su país siguiéndolo. Tenían un buen amor, al menos eso se veía. Carlos se llamaba, vivía en la Pintana, era un importante de la garra blanca del Colo, de los amks del Bosque. Rondaba los cuarenta y tanto años.
También era narco, y cada vez que llegaba a Prat (en distintos autos que iba cambiando periódicamente) organizaba un asado. Los porros, la cerveza y el jale corrían por su cuenta. Y vaya que corrían.
Conversamos una sola vez. Cuando supo que estudio sociología sentí que me tuvo cariño. "La socióloga" me dijo el resto de la tertulia. Me contó que su familia venía de la toma de la Victoria. La toma más grande, más respetada. Sin duda desde ahí heredó ese pensamiento, que no alcancé a conocer tanto, pero que después de los hechos supe que tenía. El chico pelvis creía en la revolución, en la solidaridad y la autoconciencia como una alternativa a la represión y el terrorismo de Estado.
Creía en la hermandad, era humilde y generoso, y eso se notó cuando a su velorio llegaron, el primer día, más de 500 personas. El segundo día, hoy, habían por lo menos otras 200.
Hubieron varias versiones. La noche de sábado del 24 de septiembre, el chico pelvis andaba con su barra brava y dicen que se armó una pelea. Dicen que él fue a separar, dicen que andaba metido, no se sabe. Lo que se sabe es que entre la locura había alguien que había salido hace poco de la cana y quería ajustar cuentas con el chico pelvis. Bastaron dos balas para que el llamado sombrío de sábado por la noche le cambiara la vida a mi vecina y tuviera que partir a la morgue con la familia de Carlos a reconocer su cuerpo.
El velorio se hizo en su casa de la Pintana. Con mis vecinos lo fuimos a despedir para acompañar a nuestra vecina, y porque el chico pelvis lo merecía. Allá le tenían cerrado un pasaje entero donde estaban todos sus compañeros de la garra blanca, que también aprovecharon de decorar con banderas y lienzos del Colo, hacer una parrillada, y convertir la calle en carnaval con sus cantos y memoria.
La casa era humilde, y estaba repleta de gente que traía recuerdos, flores y ofrendas al ataúd donde descansaba el chico pelvis. Con una cara sonriente que nunca le había visto a un difunto, quizás por las ofrendas que acompañaban su ataúd (de las que recuerdo: botellas de cerveza, dulces, cigarros y casquillos de bala), quizás porque combinaba la muerte con una polera del Colo. Habían algunas fotos de su juventud en las que se parecía mucho a Elvis Presley, a quien imitaba cuando chico. Así me enteré de la razón de su apodo. Ahí también supe que en su vida había bailado breakdance, participado en bandas de punk rock y entre tanto jaleo, se hizo amigo del cantante de los Fiskales Ad hoc, que llegaron a tocar a su velorio, por la memoria y el cariño.
La calle era locura, cada tanto nos envolvía una neblina blanca de extintores reventados. Cada tanto de entre la multitud salían fuegos artificiales y bengalas.
Cada tanto, alguno de sus leales apuntaba un arma al cielo y disparaba hasta vaciarla. Escopetas y pistolas que prometían vengar la vida arrebatada del Chico pelvis, que sellaban la promesa con tiros al vacío y se acompañaban de cantos que prometían además no olvidar al garrero que había caído.
Así nos quedamos, observando, hasta que salieron algunas bandas de punk. Muy queridos del chico pelvis que venían a despedirlo. Ahí, el que era uno de sus mejores amigos aprovechó para recordarlo como un libertario convencido de que la policía no era necesaria si tenemos solidaridad.
Y entre el jolgorio de la despedida se veía cada tanto la viuda, cuyo llanto de dolor otrora nos despertó a todos en la casa, hoy tenía una sonrisa de agradecimiento, de compañía.
Cosas impagables, indescriptibles. La muerte y su talento para hacer converger la venganza y el carnaval, en una despedida masiva, de barra, libertaria a su manera, inolvidable. De un Chile marginal y escondido que con armas de fuego y un rastro grueso de sangre soluciona sus problemas cuando se rompe algún código de honor, cuando se llevan a uno de los tuyos.
Descansa chico pelvis, me alegra que tu despedida haya sido un carnaval, me dijeron que tu vida entera lo fue.