- Gabriel García Márquez

domingo, 16 de junio de 2013

Recuerdo de infancia

Margarita está linda la mar, 
y el viento, 
lleva esencia sutil de azahar; 
yo siento 
en el alma una alondra cantar; 
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:

Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.

Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».

Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».

Y ella dice: «No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».

Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».

Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.



------------------------------------o----------------------------------

No tengo ganas de explicar nada

domingo, 9 de junio de 2013

Sin más que decir


Por lo pronto tengo que reconocer que me traje desde allá lejos un fantasma que llevo pegado a mi sombra, que este blog lo dejé botado porque la vida se me ha ido rápido estos meses entre mis obligaciones y mi soledad, los cigarros y la música de mi mp3, que hace poco vacié de todos los recuerdos que me dejaste hace tanto tiempo. Es como un avance, quizás, me obligo a olvidarte.

Me obligo a levantarme por la mañana y a arreglarme, aunque ya no me dan ni ganas, ni de combinar la ropa, ni de pintarme rojos los labios, ni de que los aros le hagan juego a lo que sea.

No sé ya como llamarle a este estado, de a poco me voy convenciendo de que la gente no vale la pena, no vale nada, y aún así la quiero y no puedo dejar de confiar en ella. Así como te confié mi alma y salí con ella partida en tantos trocitos que aún no puedo rearmarla. No sé, yo no quiero sonar a una melancólica de mierda, por eso deje de subirle las 5 entradas mensuales a este blog que el año pasado me había impuesto como un dogma central de mi estadía en internet, pero es que en realidad tampoco quiero que las entradas reflejen mi decadencia humana. Soy una decadente.

Me quedan 9 días para cumplir 18. A ese hecho le había puesto una gran carga de expectativas, y ahora me encuentro con ninguna sensación al respecto.

No quiero que el tiempo pase ni que deje de pasar.

No quiero seguir respirando ni dejar de respirar.

No seguir recordándote, pero tampoco te quiero olvidar.

Y por lo pronto... por lo pronto tengo que reconocer que soy una estúpida y voy a morir.

Adiós.