- Gabriel García Márquez

miércoles, 3 de abril de 2013

R: (Carta a la soledad)

Estas noches son las más jodidas de todas, supongo que lo imaginas, las del desvelo, las de la soledad, las cuando esta todo oscuro y lo único que retumba por toda la casa son los segundos que pasan uno a uno en cada reloj.

Uno en la cocina.

Uno en el living comedor.

Uno (naranjo de números blancos) en mi pieza.

Y suena el repiqueteo melancólico de las teclas mientras garabateo estas palabras cargadas de tristeza.

Supongo que entiendes a lo que voy, a los segundos, al tiempo. A la vida que se va minuto a minuto. Ha pasado un buen tiempo desde que cortamos todos los afluentes por los que se deslizaban nuestras conversaciones (casi siempre nocturnas). El teléfono, el internet, lo que sea. Dejamos de hablar y esa es la idea central que resume estas líneas. Que dejamos de hablar hace 3 semanas y algo mi bien estimado, y aún no nace el día en que no te recuerde. Y que en estas noches en particular (puto desvelo) a mi puta cabeza le encanta traer de vuelta imágenes nocturnas enaltecidas de luz de luna de ti jugando a quitarme la ropa, jugando a tocarme, jugando a quererme. Imágenes de los dos jugando a llenarnos un poco el uno con el otro.

A veces siento que el pecho se me aprieta y dejo de respirar. Entonces me alegro un poco de sentirme más viva con el dolor, y siento el anhelo más ferviente de morir de una vez, de algo rápido, de algo violento.

Ponme una pistola en la cabeza y pinta la pared con mi cerebro.

Noches así me da por recordar tus besos por todas partes, tus manos que siempre te dije que me fascinaban por tus dedos largos, me da por recordar estas noches las marcas que dejaste en mi cuello. El animal rígido entre tus piernas y la decisión de cada uno de tus movimientos, tu piel blanca y tibia. Y claro, estas noches de desvelo que solía gastarme hablando contigo, me da por recordarnos a nosotros dos jugando a hacer el amor con todo el tiempo del mundo.

La verdad es que yo ahora dejo que la vida se me vaya entre estudiar y fumarme el tiempo que me queda sola, para no pensar tanto, para escapar un rato de tus ojos pardo verdosos y de tu risa explosiva. Si estuvieras cerca me retarías, ya lo sé, porque no crees sano fumar tres cigarros seguidos, ni siquiera dos, menos si son Marlboro, pero a mi ya me da igual si no lo crees sano, porque no estas cerca y vives en otra ciudad, y sobre todo porque dejaste que me fuera.

Yo ya sé mi bien apreciado que nunca más volveré a empaparme de tu cuerpo ebúrneo, yo lo sé, porque yo no volveré a viajar más para verte, nunca más. Pero solo quiero que sepas que sigues y seguirás siendo tú y solo tú, el único capaz de retumbar en mi cabeza cuando me abandono a pensar en lo que más deseo. Te quiero y te extraño. Tu lo sabes, lo sabes bien.

Tuya...

C.